Cuando fuimos los… virales

Conoces esa canción, ¿verdad? Esa que dice en una de sus estrofas: “Cuando fuimos los mejores, los bares no se cerraban, se podía comprar todo, incluso nuestras almas.” Todos nos sentimos así alguna vez; anhelamos algo que tuvimos, creemos (constantemente) que, nuestra época dorada, pasó; deseamos haber hecho más, haberlo hecho mejor, o antes.

Hoy, tras  veinticinco años del nacimiento del Internet comercial, todos podemos ser famosos por un día. Se llama ser viral, convertirse en una estrella por unas horas, porque tu mensaje impacta, recuerda o vive en muchos otros. Un fenómeno que ha ocurrido también antes, en escritores, actores, dramaturgos, y más; seres con estrella que han visto cómo la espuma subía y luego volvía a caer por su propio peso.

Hemingway & Fidel Castro

No es extraño, pero ha llevado a la ruina a gente tan dispar como Javier Mariscal, Mike Tyson o Lola Flores; no es raro estar arriba, y caer. Mucha gente se ha perdido buscando otro viral, otra oportunidad; aquel sentimiento de convertir un instante irrepetible en tu modo de vida.

¿Cuánto puede decirse de Bukowski o de Hemingway? Nunca algo así. ¿Qué apelativo iba delante?, ¿borracho o poeta? No importa, ya que, en esa espiral de literatura y resacas, nadie puede negar que, antes que famosos, antes que borrachos, ambos fueron escritores por derecho propio.

Otros no han tenido esa suerte. Otros se han perdido. Sin comprender esa dicotomía del instante frente a la vida; sin entender que ser viral solo depende de ti en una parte muy, muy pequeña, y que, a menudo, supone decir las cosas a medias, decir lo que todo el mundo quiere oír.

Escribo esto porque yo fui un tío viral. Bueno, quizá lo fue Caos; desde luego, su historia lo fue, y, de un modo u otro, yo formé parte de todo aquello. Pero la historia se diluyó, gota a gota, permaneciendo en un pequeño rincón de la red; como un mensaje en una botella, cada vez más alejado de la costa, más pequeño, hasta convertirse en un recuerdo más.

Bukowski y protagonistas de Barfly

Nada perdura por siempre, y esa es una lección más que debemos tragar. Mi perro significó para mí, y lo hizo para el resto en la medida en que sus perros significaron, para todos ellos, un sentimiento similar. Eso es bueno, porque nos demuestra que somos humanos, y también que ninguno desaparecemos de repente, solo nos diluimos con el paso del tiempo; poco a poco,… sin prisa; ofreciéndonos el consuelo suficiente para decir adiós.

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say, stay in there, I’m not going
to let anybody see
you.
there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he’s
in there.

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?
there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody’s asleep.
I say, I know that you’re there,
so don’t be
sad.
then I put him back,
but he’s singing a little
in there, I haven’t quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it’s nice enough to
make a man
weep, but I don’t
weep, do
you?

Bluebird (Charles Bukowski)

Pero hay otra. Una más importante si cabe. Una que todos debemos recordar, y no son gilipolleces como que la fama es efímera, o que debes aprovechar el día a día; bueno, también. Trata sobre la importancia de las cosas: lo que hacemos, lo que somos, lo que queremos; porque todo ello solo importa en la medida en que significa para uno mismo.

Por eso es tan importante esa entrada donde despedía a mi perro y muchas otras; no porque fuese viral, ni porque volviese gente interesada en ver qué más diría aquí; no por tener más lectores ni oportunidades de trabajo, aunque también, sino porque me permite recordar quién fui, y quiénes fuimos juntos —yo, mi perro, nosotros—, y llorar por él si quiero hacerlo, igual que por mi padre, o mis abuelos. Me permite ser yo, y puedes estar seguro de que nada hay más importante que eso.


Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que está ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
montarme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

Pájaro azul (Charles Bukowski)

Un pezón de cerdo

Disonancia cognitiva:

Tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes.

Un pezón. Un pezón de cerdo en tu beicon. Algo tan nimio, tan estúpido, ha despertado todas las alarmas y un sinfín de opiniones.

No se puede criticar a alguien que te mira a los ojos después de matar a un animal y te dice: “Yo elijo mi alimentación.” Alguien que visita un matadero con su familia y decide seguir consumiendo productos animales construidos (o destruidos) en cadena.

Beicón (pezón)Puede no ser natural; incluso se ha demostrado que otros animales pueden sentir ese dolor, esa inquietud, que emana de aquellos encerrados en un matadero y destinados al consumo; como un perro que nunca ha pisado una perrera y, rápidamente, se contagia de la intranquilidad y el nerviosismo que impera siempre en ellas. Pero multiplicado. Por cien. Por mil. Quién sabe.

No lo comparto. No comparto la caza, ni la pesca, ni la cría industrial, ni una alimentación basada en la carne y el pescado. No lo hago. Pero respeto a todo aquel que sabe lo que consume, que no le importa, que piensa diferente. Respeto el pensamiento tradicional, pero no la invisibilización del proceso.

Ese pezón es solo una bofetada a todo aquello que se esconde detrás de grandes paredes de hormigón.

No es beicon, ni filete, ni criadillas. Son trozos de un cerdo, de una vaca, de cualquier animal, mamífero o no; y cuando se convierten en beicon, en filetes, en criadillas, estamos un paso más cerca de no saber lo que consumimos, y de seguir insensibles al drama que representa criar y matar miles de millones de animales cada año.

Ese pezón es solo una bofetada a todo aquello que se esconde detrás de grandes paredes de hormigón que no consiguen silenciar los gritos. De los matarifes que terminan su jornada alcoholizados, o drogados, o insensibilizados a cualquier tipo de dolor; no todos, claro que no, pero nadie puede matar a decenas de seres diariamente y seguir igual.

Ese pezón está llamando imbécil a varias generaciones que se han creído que nuestro modo de vida es normal y natural; que lo sano y lo sensato es comer carne, y pescado, y productos de origen animal cada día, en cada comida, a todas horas, cuando nunca antes se hizo.

Un pezón que también nos demuestra lo flojos que somos. El miedo que nos da ser consecuentes con nuestras propias ideas y con nuestro modo de vida. El pavor que nos supone coger un cuchillo y cortar el cuello a un pollo o abrir en canal a un cerdo, una vaca o un ternero. ¿O quizá es que no son nuestras ideas? Quizá son ideas impuestas, pero cómodas. Una forma sencilla de no preguntarse por cómo funcionan las cosas, sino de dejarse llevar.

Pero ese pezón no es un trozo de beicon. Es el cuerpo de un animal; un animal que vivió, como tú, o yo, o tu perro, o tu gato; y lo que todavía es peor; ese pezón te está diciendo que eres un hipócrita, que no quieres ver lo que hay detrás de los kilos y kilos de productos cárnicos que colapsan todos los supermercados, todas las ciudades y la mayoría de los países; el pezón de un animal al que alguien mató, y un error que no volverá a cometerse en un buen tiempo, porque todavía no somos suficientes los que queremos que pienses en todo esto; porque la mayoría se contentará con tener tiras de panceta libres de pezones.

Cuando el Joker fue la mujer de la relación

Este mes que vamos (un poco) menos justo de pasta, nos hemos dado un par de caprichos: un Jeep Grand Cherokee de segunda mano y varias visitas a la gran pantalla. Lo primero es un medio de transporte que va genial para mover a los perros de arriba para abajo y escaparse a la montaña, pero no viene a cuento ahora; lo segundo es algo que valoro mucho, porque durante un buen tiempo no pude hacerlo tanto como hubiera querido.

Así que, como no estoy dispuesto a seguir escribiendo cosas serias este agosto, pero tengo mono de retomar el blog como se merece, os voy a explicar mis últimas tres visitas por el lado más cinematrográfico de mi vida. Después, ya me decís que me deje de tonterías y vuelva a lo de siempre.

Warcraft, el Origen

Warcraft, el Origen

La primera película que vi en estos meses de calor, y que aún sigue en cartelera, aunque poco le quedará. Un buen inicio para una compañía que sabe rodearse de quién debe para ganar. Salí del cine y me fui de fiesta con unos amigos y amigas, así que quizá la situación puede arrojar algo más de épica de la que allí hubo entre Anduin Lothar, Orgrim Doomhammer, Llane Wrynn o Garona.

Anduin Lothar, en Warcraft, el Origen
Anduin Lothar, héroe de la primera y la segunda guerra contra los orcos, en Warcraft, el Origen.

Sin embargo, la historia sigue una línea bastante similar a la que vimos en el primer juego (con notables matices: Medivh, Khadgar…), y sirve para recordarnos que ese movimiento tan consolidado de convertir videojuegos de éxito en películas muy rentables continuará. Como film no aporta nada nuevo al género, pero es un buen producto de fanservice, que, visto lo visto, no es decir poco.

Mascotas

Para Mascotas no me hizo falta recordar el día de su estreno, porque la mitad de amigos, amigas, conocidos e incluso algún lector y lectora de este blog no pudo evitar repetirme varias veces cuándo se estrenaba (y yo que lo agradezco). Supongo que me lo he ganado, tanto hablar de animalismo y de perros, así que el 8 o el 9 de julio, ahí estaba yo.

The Secret Life of Pets (Mascotas)
¡Equipo de rescate! Con Cloe, Mel, Buddy, Gidget, Norman y Alitas.

La historia de Max, uno de los perros protagonistas, se explica a través de una línea argumental que engloba varias lecturas: el qué harán tus mascotas cuando no estás, cómo se desarrolla la vida en casa con un miembro más; el abandono animal, acción, humor, y una pizca de romance a lo Dama y el Vagabundo que genera esa relación que mueve la trama entre Max y Gidget.

Pero más allá de cómo Bola de Nieve demuestra que incluso el mayor villano puede volver al redil, también podemos leer, directa o indirectamente, otras cuestiones básicas en el día a día con nuestras mascotas: todo lo que representan para cada uno de nosotros, y nosotros para ellos, lo que supone una adopción, o estar muchísimas horas fuera de casa y, por supuesto, ser abandonados.

Mascotas: Duke, Bola de Nieve y Max
Ese conejo tan mono… está como una puta cabra.

Lo bueno de Mascotas es que te deja con buen sabor de boca tras un viaje que se ha movido por momentos graciosos, y otros más trágicos. Algo que conmigo ha conseguido mucho Píxar, pero pocas veces la Universal. Bueno, quizá con Gru, ¿o no? Y visto así, quizá no es mala idea dedicar una entrada a todos esos retazos que, como ocurre con las buenas historias, siempre puede encontrarse una lectura más; eso sí, por ahora, solo diré que la única iniciativa que no comparto (ni compartí) fue aquella de ir con tu mascota al cine, me pareció absurda, egoísta y poco conocedora de las necesidades, incluso viniendo de uno de los pilares en cuidado animal de este país: la Fundación Affinity. Aunque en el cine hablen, un perro es un perro y una persona es una persona, y de ahí surgen muchos de los problemas de conducta de nuestros colegas de cuatro patas, nunca al revés.

Escuadrón Suicida

Escuadrón Suicida no funciona. No marca; no deja huella, nada. Como la mayoría de películas que han dado el taquillazo, tengo mis reservas antes de ir a verlas, y después culpo a mi chica por haberme dejado hacer, de nuevo, una estupidez recurrente de entre veinte y cuarenta euros.

Harley Queen
Harley Queen, un personaje poco aprovechado en Escuadrón Suicida (como la mayoría, en realidad), aunque brillante si lo comparamos con el Joker que le han legado a Jared Leto.

Del mismo modo, no son pocos los críticos que acusan de machismo a la película —como la tontería que he soltado yo por aquí arriba—, pero, en realidad, Escuadrón Suicida no necesita ser tildada de machista para obviarse. Artículos como El Escuadrón Machista no terminan de entender el universo DC y sacan algo de puntilla a frases que, si bien son pronunciadas en el film (¿conducir tú? ni de coña, le dice Deadshot a Harley Queen), también son terriblemente sacadas de contexto. Harley Queen es una puta loca. Por eso Harley Queen no debe conducir, no por ser mujer. Como esa, otras tantas; si bien, en honor a la verdad, hay otras escenas donde sí flota cierto tufo a machismo rancio, pero no es ni en la vestimenta ni en ideas tan simples como la anterior.

En Escuadrón Suicida te encuentras con villanos que no son villanos, pero tampoco héroes; y con un alegato demasiado agrio de cómo el fin justifica los medios, pero también de cómo los medios no siempre consiguen salvar a una mala idea.

Como prueba, ahí tienes a Jared Leto interpretando a un Joker de cartón pluma carente de su verdadera alma; un bufón que se contenta con ser la mujer de la relación de cualquier película de Hollywood: aquella que apoya al personaje principal, pero que, o bien resulta jodidamente brillante, o demasiado innecesaria.

También aquí las fuerzas de los protagonistas son excesivamente desiguales (¡hola, tío del bumerán!; ¡adiós, extra sin cabeza que no sé para qué has venido!), y se juega con un arma de doble filo que no solo alcanza a la Encantadora, sino también a su origen, su ejército mágico y la ausencia total de medios e intenciones de la misma como para convertirse en una verdadera villana de DC; sin obviar, por supuesto, la falta de interés en tratar las tramas de los protagonistas más allá de un leitmotiv que solo permite que la trama avance a empujones.

Escuadrón Suicida (completo)
¡Somos malos, y lo sabemos!

Salí creyendo que había sido entretenida (y lo mantengo), pero que, con el planteamiento, tanto narrativo como visual, podían haber hecho algo verdaderamente digno de recordar como un paseo por el lado más salvaje de la vida. Pero para eso, David Ayer debía recordar que los malos tienen carisma, y no solo deben quedar bien en un póster promocional.

Las historias de (rol de) Ab3

Nota del autor: esta no es la típica entrada que suele aparecer en este blog (supongo que por eso la publico mientras estoy “de vacaciones”); y tampoco tengo intención de ampliar temáticas. Simplemente, se me ocurrió que podría estar bien recuperar unas historias que, en su momento, me parecieron muy divertidas.
En septiembre, vuelvo con lo de siempre: animalismo, literatura, cine y artículos de opinión demasiado críticos para después de las vacaciones. Palabra.

P.D.: Perdón por el spam de entradas a los suscriptores/as del blog. (¡No volverá a pasar!)

Verano de 2016. Tras revisitar La guía del autoestopista galáctico (con una toalla cerca en todo momento), devorar las películas clásicas de los Monty Python, y también de Terry Gilliam, y releer algunos capítulos de El señor de los anillos —aunque siempre preferí El Hobbit—, caen, de una de las cajas de mi última mudanza, unos viejos manuales de Dragones y Mazmorras; ese mismo día, empiezo a devorar una serie de estreno con aires ochenteros: Stranger Things, donde los cuatro niños protagonistas, los tres que conocerán a Eleven y aquel al que tratarán de rescatar, juegan a D&D y se enfrentan al Demogorgon, un príncipe demoníaco que ya aparecía en la primera edición del juego.

Stranger Things (cartel promocional)
Cartel promocional de la serie Stranger Things en Netflix. Serie 100 % recomendable.

Lo relacioné de inmediato con las historias de Ab3 (en inglés), que un tal Reverendo tradujo con mucha gracia hace más de una década (para hacernos una idea, el hilo revivido por un usuario de Meristation data de 2004-2005, y la web debió aparecer poco más allá de principios de siglo). Tras todo lo anterior, tuve cierto impulso de ponerme en la piel de esos niños tan freaks que salvaban el mundo frente a un tablero, unas cuantas notas en papel y un buen puñado de dados.

Por desgracia, no hay tiempo para todo, por lo que mientras nos toca la lotería o una gran multinacional compra por cientos de millones una de mis revolucionarias ideas de negocio (¡ja!), me conformo con recuperar en un formato adecuado todas aquellas historias de rol con las que uno no podía parar de reír.

Las tradujo este señor, cuya página web se perdía con el paso de los años en otro plano de existencia, o quedaba recluido en las Dimensiones Mazmorra, en R’lyeh o a través de todo el Multiverso… Quién sabe. De cualquier modo, y al margen de la legalidad de coger estos textos y darles un formato adecuado (he conseguido hablar con el autor original, y cortar el árbol más alto del bosque con… ¡un arenque!, para obtener su permiso; pero no he encontrado al traductor, que emigró a tierra de Canguros, según se cuenta).

Paul Kidby - Rincewind (en las Dimensiones Mazmorra)
Y aquí tenemos a un asustado Rincewind en las Dimensiones Mazmorra…

Entonces, se me ocurrieron tres ideas relacionadas entre sí: a) hay fragmentos mal organizados por multitud de foros de habla hispana y por todo Internet, así que mejor organizarlos y referenciarlos en algún sitio (¿por qué no aquí?); b) por lo majo que parecía el tal Reverendo (Jorge Prieto), seguro que también me daría permiso para transcribir y corregir los textos originales en español; y c) porque si alguna de las afirmaciones anteriores no es correcta, lo más probable es que exista un universo alternativo en el que, o él está de acuerdo, o yo jamás me decido a hacer algo así, y me marche a comprar un falafel (o nos esclavicen seres insectoides provenientes de Gor).

Si ni tan siquiera la gastronomía turca y libanesa puede zanjar este tema, un e-mail será suficiente para retirar esta versión renacida de sus cenizas gracias a una pluma de fénix, un simple hechizo de resurrección o un tipo avispado que, rápidamente, se percató de que todas estas historias solo habían fingido su propia muerte.

Pégale un clic a este otro enlace para leer (o releer) las historias de rol de Ab3 en español.

Cthulhu (H.P. Lovecraft)
Cthulhu asomando el morro… o lo que sea.

Quedaron nueve en la recámara que (que yo sepa) nadie se atrevió a traducir, pero como (creo que) tengo los medios —aunque sea de un modo… indirecto— quizá también aparecen por aquí…

Además, que esto se llama Doblando tentáculos; antes o después tenía que asomar el morro Cthulhu, o lo que sea eso que le cuelga de la cara…

Las 16 historias de Ab3 traducidas al español:

  1. El equipo que no sabía disparar a derechas (21 de marzo de 2002)
  2. El día en que maté a todo el grupo antes del primer combate (9 de agosto de 2002)
  3. Una noche en la posada, un día con los racistas (22 de agosto de 2002)
  4. El viaje divino (30 de agosto de 2002)
  5. Mitos rotos y doloridos (7 de septiembre de 2002)
  6. Las aventuras de los Monty Python en el abismo más profundo del infierno casero (18 de septiembre de 2002)
  7. Kobayashi Maru con violencia indiscriminada y supermodelos (26 de septiembre de 2002)
  8. ¿Cómo que han perdido el riñón de mi mujer? (4 de octubre de 2002)
  9. Nunca dejes atrás tus pelotas (12 de octubre de 2002)
  10. Muerte por pulgares (19 de octubre de 2002)
  11. La noche de los supercadáveres (26 de octubre de 2002)
  12. Caníbales, paletos y astronautas transexuales (30 de noviembre de 2002)
  13. Atrapado en la academia Jedi (24 de diciembre de 2002)
  14. Reservoir Torgs (28 de diciembre de 2002)
  15. La habitación equivocada de R’yleh (13 de septiembre de 2003)
  16. El gran desfile de la muerte de Gamma World (9 de marzo de 2004)

Oxigenarse

Hace un par de años —quizá tres—, el blog tenía unas 200 visitas al mes. Nunca me importó: esa es parte de la gracia; este proyecto empezó por y para mí, y, como ya he explicado en alguna ocasión, me gustaría que siguiera siendo así. En julio, en cambio, solo tuve 6.000 visitas, porque el verano no es una buena época para estos espacios: hay menos ropa, hay fiestas, hay alcohol, piscinas, y más tiempo libre, por lo que solemos intentar desintoxicarnos un poco de tecnología (e intoxicarnos con otras cosas).

Ya lo sé. No hace falta que me lo digas. No es que sean grandes cifras tampoco, aunque me parecen asombrosamente elevadas para lo que suelo explicar por aquí; sin embargo, lo que me parece más curioso del párrafo anterior es ese adverbio de cosecha propia que hasta hace no mucho debía tildarse por obligación.

Por eso, voy a reservarme agosto. Un agosto anómalo, donde entrar y salir de Barcelona por las rondas sigue significando atascos y largas filas de coches, y no una ciudad desierta hasta la llegada de otro temible septiembre. Al conducir por aquí, parece como si nadie tuviera vacaciones, pero, todos, sobre todo tras estos años, las necesitamos más que nunca, por lo que no me dejaré engañar.

Y a razón de las vacaciones… Léete “¿Por qué estoy agotado si tengo solo 30 años?” A ver si es que te pasa lo que a mí, y tienes que obligarte a descansar.

A finales de verano, habrá cambios; en el blog, y fuera de este. De una u otra forma, os anunciaré la presentación de un libro y os seguiré mostrando algunas instantáneas de cosas que tengo en mente.

Además, me permitirá oxigenarme, distanciarme (por unos días), hacerme un poco más consciente de lo que significa que haya periodos en los que a esas primeras cifras de 2013-2014 se le hayan sumado dos ceros detrás, y por las que, de algún modo, me veo en la obligación de agradecer con hechos y con palabras.

Boda con máscaras antigas

Pero no. No significa eso que estás pensando; no significa que no vaya a publicar nada más hasta dentro de un mes (bueno, tres semanas ya, y contando), sino que no tengo ni la más remota idea de si voy a publicar cada día o ni una vez más hasta que nos alcance “la vuelta al cole”, eso que ya no significa nada para nosotros como adultos, pero que, tanto cuando fuimos niños repelentes como adolescentes sobrehormonados, esperábamos con entusiasmo.

Cargo batería y vuelvo en lo que os echáis unas cañas y os pegáis un chapuzón. Y pensándolo bien, a lo mejor yo hago lo mismo…

Quedaste en el pasado

Como algunos malos vicios y ciertas actitudes que no llevaban a nada, hay muchas personas que quedaron en mi pasado. Hoy, desayunando en la terraza, empieza a chispear; ¡justo el día en el que me decido a zamparme cuatro galletas y un café fuera!, y de eso va esta historia: de cómo extiendo la sombrilla, me vuelvo a sentar en una silla y sigo tecleando, hacia delante, sin dejar que el mundo me toque los cojones más de la cuenta.

Bueno, no bien, bien. En realidad, la mejor definición que se me ocurre es no dejar que aquello que murió en el pasado, vuelva a tu presente sin una buena razón, que esas personas que decidieron, motu proprio, desaparecer de tu vida —a veces, y sin necesidad de entrecruzar palabras, de mutuo acuerdo— no aparezcan diez o quince años más tarde; no decidan que su sitio no solo es Facebook, que a algunos ya nos parece demasiado y, de vez en cuando, no nos tiembla la mano al empezar a eliminar contactos antiguos, sino también la vida real, tu día a día, en pos de una cruzada por recuperar un contacto que a saber cuándo perdisteis y que el tiempo siempre idealiza más de lo necesario.

Javier Ruiz (joven) con Laura

A menudo, ni tan siquiera es cosa de ellos o de ellas, sino de amigos o antiguos compañeros y compañeras que no tienen nada mejor que hacer que preparar un reencuentro de esos que no tarda en convertirse en poco más que una competición de egos; tampoco tus amigos (o amigas) te hacen ningún favor, redescubriéndote una ex novia o un amigo que ya no reconocerás en la persona que tienes delante; incluso puede darse el caso de que sea ese mismo ser quien decida tratar de redescubrir aquello que fuisteis y quiere recuperarlo por unos instantes. A menudo, por no decir muy pocas vecesni tan siquiera tendrá que ver contigo, sino con un instante concreto de su propia vida: los últimos años en el instituto, esa primera época de locura universitaria, o cuando su mayor preocupación era en qué bar caer el fin de semana.

A todos nos cuesta demasiado dejar pasar las cosas que ya no forman parte de nuestra vida, como si no pudiésemos soportar no conocer todos los detalles de la vida de aquellos que se cruzaron en nuestro camino; nos cuesta mucho vivir el presente, concentrarnos en lo bueno que tenemos ahora, en no aspirar siempre a todo, en dejar el pasado en el pasado.

Pues ahí va mi propio dogma: que aquellos que se convirtieron en verdaderos desconocidos tengan un hijo, no es tan importante; que terminaseis la carrera hace diez años y os reunáis no es tan importante, que no te sigas viendo con tus amigos del colegio (en todo esto, me considero una persona realmente afortunada y tengo que decíroslo) no es tan importante; así que hazlo. Si te invitan y te apetece, hazlo, ese es mi consejo; pero deja el pasado en el pasado, que por algo siempre ha estado allí.

De coleta morada a coleta cansada

Ayer, leía una noticia en La Vanguardia que retrataba a un Pablo Iglesias muy distinto al que hemos conocido estos últimos años: pesimista, desganado, acusando el cansancio electoral que se ha extendido más de ocho meses entre elecciones, reuniones en busca de una (dudosa) investidura y otros tantos en campaña en campaña.

El redactor buscaba el contraste entre este y otros miembros de la coalición (Unidos Podemos), que no solo rehuyeron en un primer momento ese idealismo propio del socialista, sino que, además, mostraban mejor cara al mal tiempo.

Yo voté por primera vez a Unidos Podemos en junio, y antes, en diciembre, a Podemos en solitario: sin coalición ninguna, a pelo, como se presentaron. Anteriormente, no encontré alternativa mejor, y tanto para el Congreso como para el Senado, me decidí siempre por PACMA. Lo digo por si eres uno de esos lectores o lectoras que necesita saberlo, que debe leer un párrafo que se adecue con su ideología; esto no solo va para el resto, también para otros simpatizantes y votantes como yo; porque Iglesias ha pecado de un exceso de liderazgo, de cierta egolatría y, si bien tenía presente la importancia de los medios (llevar el diálogo hasta la televisión desde mucho antes que el resto quisiera debates allí fue un enorme acierto), de olvidar lo importante que era caer bien en España, de ofrecer una imagen afable: como el tonto bonachón en la presidencia y los dos adversarios arquetípicos de Mattel; en definitiva, que hubiera sido interesante hacer antes los deberes.

Separarse de ellos comprendiendo el contexto que se le presentaba, recordando los movimientos tradicionales de la izquierda y la derecha en el país, y si bien yo no hablaré de ocho millones de subnormales, sí sería bueno tener presente que España no solo son las grandes ciudades, también los pueblos; y los nichos de población de baja calificación, escasos estudios y ruralismo ideológico.

Pablo Iglesias haciendo el indio ;-)

Ahora toca apostar por las nuevas reglas. Para seguir viviendo en España, y a la vista de los resultados, toca apostar por las nuevas reglas, porque perdimos; por segunda vez. O largarse, pero si seguimos aquí, es que nos hemos resistido suficiente, así que algo nos atará a estas fronteras seguro.

Toca apostar por las que imponen los grandes partidos, aquellas del pez grande que se come al chico; donde uno está arriba y diez, once, doce, quince… abajo, pisoteados, y a medida que hablamos, aún aumenta esta segunda cifra. Pero si tanta gente sigue aclamando a Amancio Ortega, tendremos que deducir que, o bien hay mucho idiota, o parte de verdad en lo que se dice.

Quizá el cambio no estaba en Podemos, ni en Izquierda Unida, ni en las izquierdas siquiera, pero la votación unánime al Partido Popular demuestra que todo está bien en la derecha, y con la derecha. Está bien crear empleo eventual con condiciones de mierda, es real aquello de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y que no ocurre nada porque no se haya montado un gobierno desde diciembre de 2015, porque España, por sí misma, ya es un desgobierno de tomo y lomo.

Presidencia y ya tal
La segunda ya tal.

Acostumbrémonos a las universidades públicas con precios de élite, a los trabajos en formato prácticas low-cost, a vivir bajo el umbral de la pobreza, a tragar, a no poder luchar por nuestro futuro y, sobre todo, a seguir hipotecando nuestro presente.

Existían en este país todos los ingredientes para convertir una revolución del pensamiento en una revolución de las urnas; pero quedamos cortos. Todavía gana el miedo, el qué pasará y el temor a que, con cualquier otro, estemos peor. Es tan grande el sentimiento que ni tan siquiera conseguimos darle el tradicional pucherazo entre la izquierda de mentira y el centro-derecha de mentira.

Pedro Sánchez (Ken+Barbie)
Barbie, a la derecha, con Ken, a la… Oh, wait.

Mientras tanto, nos obcecamos en el “caso Echenique” y no en los miles de ejemplos de corruptelas normalizadas por el Partido Popular y el PSOE. ¿Que está mal? Por supuesto, y no seré yo quien lo defienda, pero sería conveniente tratar de ver que solo es un reflejo fiel de este país, donde, en la práctica, para presidir una gran empresa con miles de empleados puedes pagar la misma cuota de autónomos que aquel que trabaja a media jornada limpiando la mierda del resto, o imparte cuatro clases de inglés, o se rompe los cuernos en algún micronegocio donde solo encuentra trabas y trabas.

Parece ser que se nos mide a todos por el mismo rasero, hasta que interesa; cuando no lo hacen, el circo mediático se pone en marcha, no vaya a ser que alguien sume dos más dos y vea un pelín rocambolesco que se compare a una persona con una minusvalía grave que no avisó a la Agencia Tributaria de que su asistente no pagaba la cuota de autónomos con grandes capitales que defraudan a diario miles de millones.

Y eso es todo. Ahora desfalcad a pequeña y gran escala, preparaos para que los nacionalismos crezcan también al oeste del Ebro, y quizá más cerca aún de los Pirineos, y quién sabe. Empecemos por contratar con cláusulas abusivas para poder amasar una fortuna antes de que la clase media termine por desaparecer y, por encima de todo, posicionémonos en el lado vencedor, que es aquel al que han dado alas.

A España le falta un hervor o dos, en todos lo sentidos, y quizá nosotros no lo vemos, así que  lo mejor será intentar asegurarnos una jubilación digna, pero de la única forma que sabemos aquí: tragando, y poniendo la mano, o directamente robando.