Abogar por una España plural

Las primeras canas confieren a su portador una presencia salomónica, propia de un brahmán hindú, un chamán amerindio o un juez entogado. Esto siempre ha sido así, pues los seres humanos nos dejamos llevar dócilmente junto a aquellas voces melosas o altisonantes pese a que ambas planean, normalmente, una conclusión dolorosa o, como mínimo, poco agradable para nuestra persona.

El encanecimiento paulatino es un proceso menos sufrido que la calvicie gracias a figuras como Richard Gere o George Clooney, que demuestran, a través de sus rostros, una madurez bien llevada y difuminan la estupidez del resto de este, nuestro, club del cabello cano o semicano. Este pobre intento de captatio benevolentia tiene como único fin dar un golpe más comedido en la mesa —después de todo, no vamos a astillar el mobiliario en tiempos de crisis— y lanzar un homónimo grito al del hemiciclo del Congreso años ha con un:

¡Se siente, coño!

Es vergonzosa la conducta del español en democracia. No somos un país de pandereta porque suba al poder la “izquierda” o el “centro”-derecha. Como comentaba en una publicación anterior, aquello que realmente está dañando a este país es su corruptela intrínseca en toda la casta política y las pocas herramientas que utiliza el ciudadano per se. No obstante, entre el jolgorio de los populares a través del cual llegamos, mediante un efecto rebote, hasta la mayoría absoluta —evidenciando una maleabilidad pronunciada de gran porcentaje del voto— llama la atención la actitud de sus opuestos. Una participación de un 73% y una mayoría denotan una intencionalidad de gran parte de la sociedad por entregar las riendas al PP. Desmerecer, insultar, vilipendiar… parecían verbos y actitudes propias de un radicalismo fascista; combatamos en base a nuestros principios, pero recordemos que se puede ser totalitario en más de un extremo.

Personalmente, si tuviera que establecer una síntesis del proceso me decantaría por la falta de perspicacia para cerciorarse de la continuidad de un sistema canovista que a nadie parece molestar más allá del primer desayuno de esta nueva legislatura.

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