Eurocopa 2012, Jebediah Springfield y la culpa sistémica

No he visto ni un partido de la Eurocopa. Intuí el resultado por los “petardazos” que se sucedían cada pocos minutos y las celebraciones que se escuchaban, calle arriba, calle abajo, hasta altas horas de la madrugada.

Eurocopa 2012

Al día siguiente, me alegré por los acérrimos futboleros; tampoco vale la pena ir como una vieja de luto porque Europa esté, económicamente, hecha un asco. Las pequeñas alegrías deben gozarse, aunque la crítica habitual se centra en la facilidad de olvidar que te tratan de gilipollas redomado con la excusa de llevarte al circo una vez al año: y los 364 días restantes qué pasa, se preguntan.

La televisión tampoco la veo apenas, así que me enteré por el diario. No recuerdo cuál, aunque me sorprendió que todo político y figura pública tenga palabras para los eventos deportivos, pero no para su propio trabajo. Tras unas cuantas páginas vi un titular sorprendente: “Decapitan la estatua de la fuente de la Puerta de Jérez”; releí, dos veces, y reprimí un par de carcajadas. Parece ser que, en el transcurso de la celebración de la Eurocopa, unos cabestros habían descolgado la cabeza a causa del peso que la pobre dama tuvo que soportar en su figura. El original ‘guillotinazo’ ha dejado titulares como: “Hasta la estatua de la fuente de Jerez perdió la cabeza con la victoria”, y similares.

El chico que encontró la cabeza no despertó más dudas que el resto, sino todo lo contrario. Su valía, como paladín de esa mujer que descansa entre hojas de loto, le exculpa del acto; sus acciones le honran. No obstante, no puedo evitar imaginarme a un chico joven, de unos diez años, rubio, con el pelo de punta, que tras una apuesta infantil serró e intentó huir con la cabeza de la emblemática estatua de la región. Este país, en el cual, a menudo, se olvida la gravedad de un incendio en Valencia por los corazones que se incendian en Kiev; este país que olvida el maltrato animal de los salvajes ucranianos por un par de puntapiés mejor o peor dados a un balón; este país me parece suficientemente ingenuo como para que lo que aparece en un capítulo de Los Simpson, sea repetido por una horda de gilipollas.

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