Cylons, replicantes y el concepto del androide moderno

«Una vez me ocurrió: me fundí y alguien acababa de adquirir un animal. Y otro día –sus rasgos se oscurecieron por un instante; el placer se había disipado-, sentí a una persona cuyo animal había muerto. Otros tenían alegrías que compartir… Yo no tenía ninguna, como sabes; pero eso reanimó a esa persona. Uno puede llegar hasta un suicida en potencia; lo que uno tiene, lo que uno siente, puede… —Ellos recibirán nuestra alegría —replicó Rick—, pero nosotros cambiaremos lo que sentimos por lo que ellos sienten y la perderemos. […] —No perderemos realmente lo que sentimos, si lo tenemos claramente en el espíritu. Nunca has sentido del todo la fusión, ¿verdad, Rick?».

Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Por definición, un androide es un robot antropomorfo que imita la apariencia y la conducta humana. Los primeros exponentes conocidos que me vienen a la mente podemos encontrarlos en la obra de Asimov, donde destacaría R. Daneel Olivaw como personaje unificador de la saga. Por su parte, los miedos atávicos  frente al extraño —incluso antitecnológicos— podemos rastrearlos desde las tres leyes de la robótica:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley

La ciencia ficción se ha nutrido en televisión y largometrajes de gran cantidad de personajes, más o menos conocidos por todos. Astroboy, Arale Norimaki (Dr. Slump) o Bender (Futurama); los T-1000 de la saga Terminator, Data de Star Trek o Roy Batty de Blade Runner.

Evolución de los cylon

Androides en la cultura popular

Pese a que se ha demostrado que, tecnológicamente, diseñar robots con forma humana puede no ser la solución más eficiente, nuestro ego y, quizá, el legado de lo fantástico han afectado tanto a la creación real de los androides como a la continua producción de material para ciencia ficción. 

Si omitimos los conceptos más técnicos, los cuales desconozco en su mayoría, y aceptamos que en un futuro cercano podríamos crear androides que no solo imiten la forma humana, sino también emular una psique, estaríamos un paso más cerca de películas como Blade Runner (1982) o Eva (2011), e incluso de series de televisión como Battlestar Galactica (2003).

Para aquellos que no han tenido el gusto de verlas, primero, que lo hagan; segundo,  en todas ellas, aparecen robots con apariencia humana que poseen software suficiente como para emular la conducta cognitivo-conductual de los seres humanos.

NdA: Este artículo puede desvelar parte de la trama o las películas que comenta; no suelto grandes spoilers pero sí es posible que, si no habéis visto estas series o películas, os llevéis alguna sorpresa menos después.

Robótica y poshumanidad

Los cylon son una raza robótica creada por la humanidad de las doce colonias de Kobol (Battlestar Galactica, 2003). Sin explicación previa, la raza ha evolucionado de emociones más primarias y apariencia metalizada a androides de carne y hueso con una psique compleja. Posteriormente, tras rebelarse contra sus creadores, intentarán destruirlos.

La principal diferencia entre los cylon y los replicantes es su concepción temporal, moral e incluso filosófica. Mientras que los cylon no pueden morir, los replicantes tienen un tiempo finito de vida que no puede superar los cinco años. Este hándicap los acerca a los humanos, y aunque nada indica que pueden tener sentimientos más allá de la supervivencia de su especie, sí parecen tener miedo a lo desconocido e incluso comprender conceptos complejos como la libertad o el amor.

La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo.

Blade Runner

Por el contrario, la raza cylon sí parece tener posibilidad de sentir como un ser humano, todo tipo de emociones, incluso amor, celos o envidia. Además, sus capacidades les permiten proyectarse, afectando el entorno a través de su propia visión de las cosas. Los cylon son la evolución consecuente del androide en la ciencia ficción: otro tipo de posthumanismo o  relevo generacional. La superación del mismísimo creador.

Es curioso por tanto que los propios cylon sean monoteístas, creyendo en un dios único, mientras que las doce colonias que habitaron Kobol en el pasado siguen un dogma clásico; similar, sino idéntico, al panteón romano. No estaríamos hablando de un paso del mito y la religión a la ciencia y la razón —del mito al logos—, más bien de un primer escalón reduccionista que acoge antes el androide que el ser humano en este universo. No obstante, si entramos aquí con profundidad, comprobamos que el mito tiene una función útil, incluso superior a la creencia racional en algunos momentos de la trama.

Desde mi punto de vista, Battlestar Galactica 2003 plantea unas cuantas preguntas muy interesantes que ya se podían intuir en Blade Runner y otros títulos similares: Yo, Robot, e incluso en Star Wars con C3PO o R2D2. ¿En qué se diferencian un androide autoconsciente y un ser humano? Si el exterior es idéntico y el interior se encuentra completamente emulado, ¿son seres humanos? Si son idénticos a nosotros, y no son seres humanos, ¿qué significa ser humano?

La religión puede responder a este mediante la fe. ¿Pero qué puede hacer la ciencia en este caso? Con gran acierto, Battlestar Galactica consigue aplicar el concepto de genocidio no solo a la humanidad, sino también a una posible destrucción de la raza cylon, poniendo en tela de juicio la naturaleza real de máquinas y humanos. Igual que ocurría en la ciencia ficción o el terror con la figura del monstruo, la figura del androide no es más que un estudio introspectivo de la humanidad que se refleja en los ojos del otro. Así como el vampiro o el zombi representan el concepto de muerte, o el hombre lobo el salvajismo y la animalidad, el androide refleja ese análisis del mismo concepto de lo humano.

La pérdida del alma, la muerte de dios o la fe en la ciencia empujan hacia una nueva creencia a través del auge tecnológico. No tenemos que irnos hasta los implantes y las modificaciones corporales y/o cognitivas que propone la saga de videojuegos Deus Ex; la cirugía estética, los implantes metálicos o los soportes de realidad aumentada son un primer paso. Supongo que tan extraños a nuestros ojos como lo fueron el coser una herida con hilo, entablillar una pierna o desplazarse a 800 km por hora a lo largo del cielo.

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