Sobre la filosofía (I)

No sé hasta qué periodo contemplan la mayoría de los temarios académicos de filosofía para Bachillerato, pero no conozco a ningún estudiante desde los los ochenta que se haya examinado de algo más allá de Nietzsche. Diría más: si no te matriculas ex profeso en la carrera, difícilmente podrás dar ese “salto cultural” hacia el siglo XX y mucho menos el XXI.

El Superhombre de Nietzsche.
El Superhombre de Friedrich Nietzsche.

Podría afirmarse que esto se debe a que las últimas décadas de historia de cada materia, todavía restan por escribir. La gran Historia, como decía Georges Perec, es aquella que sobrepasa a los individuos, y nadie puede ser consciente de pertenecer a la misma en el momento presente, puesto que es el tiempo quien decide lo que queda grabado en la memoria de los hombres y lo que se desvanece. Sin embargo, aquí, el problema parece nacer del concepto nihilista del filósofo alemán Friedrich Nietzsche: la muerte de Dios, que, por otro lado, suele ser el punto y final de la asignatura para el examen de selectividad.

Nietzsche, como uno de los últimos exponentes que ataca la figura judeo-cristiana de Dios, afirma que la divinidad no es más que una figura atribuible a lo inexplicable, que los mismos actos de la humanidad han devaluado y arrojado de su sagrado pedestal y que todo el cristianismo no es más que platonismo barato, es decir, la búsqueda de un sentido metafísico para nuestro mundo físico. Sin entrar en detalles, todos aquellos que han estudiado a Nietzsche serán conscientes de la imposición de la figura del Übermensch (o Superhombre), la necesidad de dar el consiguiente paso y el concepto de voluntad de poder.

En otras palabras, Nietzsche termina de inutilizar el concepto de metafísica en filosofía. Así, teología y ciencia en un sentido amplio tienen sentido en el ámbito metafísico, pues mediante la especulación, la fe y el método científico pueden postularse, probar o negar, mientras que la filosofía debe cerrar totalmente esta ventana, ya que el amor por la sabiduría inherente en la materia debe tener una base práctica y demostrable.

¿Qué le queda a la Filosofía?

El varapalo que supone deshacerse de la metafísica debe plantearse en relación al número de autores que dedicaron su vida y gran parte de su obra al tema. Si hacemos una lectura muy superficial podríamos colocar la filosofía medieval europea hermanada a la Iglesia y a figuras religiosas que aglutinó la misma (beguinas y místicas, por ejemplo), siendo conscientes de que hasta bien entrada la Edad Media (siglo XIII) no empezaron a filtrarse documentos platonistas, por ejemplo, los textos de Aristóteles. Recordamos a figuras religiosas como Agustín de Hiponia, Juan Escoto Erígena, Anselmo de Canterbury, Ramón Llull, Tomás de Aquino o Guillermo de Ockham. Aquí, poco se podía rascar fuera del ámbito de la fe razonada, siendo temas principales el mal, la omnisciencia divina y el libre albedrío.

El cartesianismo centró los ojos en la realidad y en el individuo, con planteamientos existencialistas, y la filosofía kantiana y hegeliana no se desvió excesivamente de este rumbo hasta los hegelianos de izquierdas como Karl Marx, que intentó otorgar una base práctica y útil a un sistema filosófico, social y económico, por ese orden, pues debemos recordar que, en última instancia, la meta era la utópica dictadura del proletariado.

En el siglo XX, la muerte de la metafísica inicia el llamado “giro lingüístico”, que se apoya en la influencia primera de Russell y Wittgenstein, conscientes de la importancia que tiene el lenguaje en la forma en la que comprendemos e interaccionamos con el mundo. Junto a la lingüística, otras ramas que se mantienen en los temarios con la misma importancia son la ética o moral, la lógica y, en algunos casos, la filosofía de la religión. Pese a ello, la filosofía vital que desde la Antigüedad se planteó como una forma de comprender y vivir pierde gran parte de su fuerza a través de análisis teóricos (sin utilidad práctica).

Podríamos destacar los siguientes enunciados clásicos:

  1. ¿Cómo vivir?
  2. ¿Cómo morir?
  3. ¿Qué es y qué no es ético?
  4. ¿Qué es y qué no es verdadero?

Existiendo todos estos ejemplos y conocimientos aplicados con sus correspondientes autores contemporáneos, me pregunto —y espero equivocarme— por qué los temarios de muchas universidades no cuentan con la posibilidad de formar y explicar teoría estructuralista, postestructuralista, posmodernista o lingüística aplicada, es decir, los movimientos más contemporáneos, así como modos de razonamiento para volver a ese concepto filosófico que vuelve a desmarcarse como rabiosa actualidad: la filosofía vital, o la forma de aprender a vivir, a conocer, y a ser.

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