Sobre la muerte (I)

Introducción

Jamás me he encontrado con alguien que se entusiasme cuando le hacen una encuesta. Sin embargo, admito que son un modo excelente de recoger datos con los que resolver cuestiones en las que no resulta sencillo emitir un veredicto o conclusión: cómo consigue audiencia Antena 3 un domingo por la tarde, por qué George Lucas preparó una segunda trilogía de La guerra de las galaxias, qué ser antediluviano movió los hilos para otorgar la fama a Mario Vaquerizo… Críptico, velado, oscuro: en definitiva, muy complicado.

Cthulhu, ideado por el escritor H.P. Lovecraft, es una criatura extraterrestre con poderes similares a los de un dios.
Cthulhu, ideado por el escritor H.P. Lovecraft, es una criatura extraterrestre con poderes similares a los de un dios.

La muerte, como concepto y final, es otro de esos temas que hace perder horas, días, meses o vidas enteras a su alrededor. El sentido de la vida, el porqué de la existencia y, por descontado, el de la no-existencia, nos obliga a plantearnos una serie de cuestiones de forma consciente e, incluso, inconsciente. Gracias a la Guía del autoestopista galáctico (Anagrama, 2005) sabemos que la respuesta a todas estas preguntas es 42 —el principal problema es que todavía no conocemos la pregunta.

Por otra parte, es difícil enfrentar estos miedos y, si no somos religiosos, solemos intentar o bien no pensar en ellos, o bien adoptar una actitud estoica frente a los mismos, es decir, repetirnos constantemente las afirmaciones que presentaba Epicuro de Samos en su Carta a Meneceo. Epicuro afirmaba:

Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. Por tanto, la recta convicción de que la muerte no es nada para nosotros nos hace agradable la mortalidad de la vida; no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque nos priva de un afán desmesurado de inmortalidad.

Y concluía:

Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya.

Por otra parte, el pensador francés Georges Bataille repitió una y otra vez que eso era imposible y que la única forma de evitar pensar en la parca era a través de los estados alterados, el orgasmo (la petite mort, entendida como la pérdida del estado de conciencia en el periodo posorgámisco) y la no-existencia. Aquí, el principal problema es que se te cansa la mano. O lo que no es la mano. O se cansa tu mujer.

No hace mucho, Stephen Hawking y Leonard Mlodinow dieron la puntilla. Hace un par de años, plantearon una posible explicación de cómo se formó el universo y por qué este proceso no necesitaba un dios para ello, teoría que puede consultarse en El gran diseño (Crítica, 2010). Sus premisas se apoyan en la Teoría-M (o Teoría Universal) para dar un posible sentido a nuestro universo y a los hipotéticos, factibles e infinitos universos paralelos al nuestro. Es una lectura adaptada al gran público, aunque no es, en absoluto, sencilla.

Consciencia de muerte

El concepto de muerte ha sido tratado, discutido, respetado y perpetrado desde la Antigüedad. Las primeras evidencias de ritos funerarios datan de finales del Paleolítico Superior aunque, debido a la subjetividad del concepto, resulta difícil fechar el inicio de estas prácticas. Deberíamos plantearnos, al menos, las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué es un rito funerario?
  2. ¿Sigue un patrón social definido o, simplemente, requiere tomar conciencia del prójimo?

En lo que todos deberíamos estar de acuerdo es que deben existir una serie de premisas que permitan distinguir una inhumación práctica (para protegerse de otros predadores, por el mal olor, etcétera) de una honra por el ser que ya no está. Por otra parte, parece etnocéntrico, a falta de una palabra mejor, creer que especies o antepasados con una estructura social y una inteligencia similar no tuviesen consciencia de muerte ni realizasen rituales de ningún tipo.

Sí deberíamos concluir que la muerte existe en la medida en que “el otro” nos permite hacernos consciente de la misma. Es decir, jamás podemos ser conscientes del estado “de muerte” si no es gracias al prójimo. Aquí, se debería diferenciar entre a) consciencia del concepto de muerte y b) consciencia de la propia muerte, siguiendo la línea de las afirmaciones del filósofo español Jesús Mosterín, quien afirma que los humanos somos los únicos animales conscientes de que la muerte nos aguarda, los únicos que sabemos que vamos a morir. De todos modos, es posible que otros animales también tengan conciencia de la muerte como, por ejemplo, los elefantes.

Cadáver de un elefante adulto.
Cadáver de un elefante adulto.

La gran diferencia que aquí se observa es el modo de vida: el ser humano tiene potestad de vivir en el pasado, presente e incluso en un futuro escatológico a través de la imaginación, mientras que los animales viven un eterno presente. Esto es notablemente divergente a la idea de que los animales no son conscientes de la muerte, como demuestra la actitud de especies domésticas tras la pérdida de un ser querido o de los grupos de elefantes y su peculiar conciencia de la muerte de otros miembros del grupo.

Cuando un elefante muere, toda la manada se preocupa. Si se trata de una cría, su madre permanece junto al cadáver varios días e incluso trata de transportarla consigo con ayuda de su trompa y sus colmillos. El resto de la manada permanece a su lado o reduce el paso. Cuando se muere un adulto, los otros elefantes tratan de levantarlo y no se separan de él hasta que sus restos entran en putrefacción. A veces velan el cadáver, ahuyentando a los carroñeros, e incluso medio lo entierran con hojarasca. La muerte de la matriarca de la familia causa una general consternación y puede conducir a la disgregación del grupo.

A pesar de ello, en el caso que nos ocupa, la importancia de este dato es menor, pues lo que nos interesa comprender es que los entierros conllevan un sustrato cultural y una habilidad empática que se relaciona con un culto a los muertos que no siempre existió, de igual forma que existe una diferencia clara entre la consciencia de muerte y la consciencia de la propia muerte. Estos conceptos son básicos para entender la representación mental de la muerte concepto y sus implicaciones prácticas en vida.

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