Breve lectura vitalista con respecto a “El guardián entre el centeno”

Salinger y Caulfield

La crítica encontró en Holden Caufield al perfecto instigador, al joven revolucionario, al producto de masas […].

Suele decirse que la sociedad estadounidense dedicó a J.D. Salinger (El guardián entre el centeno, 1951) innumerables miradas de desaprobación por la controvertida forma de presentar la vida y el pensamiento adolescente como nunca antes se había hecho; por el contrario, muchos lectores vieron en aquel muchacho un medio a través del cual expresar toda la angustia, el temor, el deseo sexual y la ansiedad del trasvase hacia la edad adulta.

"El guardián entre el centeno", de J.D. Salinger fue publicado en 1951 bajo el título "The Catcher in the Rye".
El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger fue publicado en 1951 bajo el título The Catcher in the Rye.

La crítica encontró en Holden Caulfield al perfecto instigador, al joven revolucionario, al producto de masas; una figura literaria que retrataba los tabúes de una época (drogas, prostitución, pervivencia del statu quo…), desde el somnoliento iris de quien se halla a unos pasos de una meta irresoluble, y recula, y recula, sin posibilidad de tregua.

Si plantease aquí un ensayo sobre la obra, probablemente organizaría la exposición psicológica del personaje de forma cronológica; o quizá trataría los principales elementos que componen la idiosincrasia de Holden que, por otra parte, parece tener mucho de su creador, como demuestran también otros relatos breves como A Perfect Day for Bananafish, razón por la que tampoco sería descabellado indagar sobre qué tiene Salinger de ese producto cultural que legó a la sociedad norteamericana de los cincuenta. Pero no es el caso.

Quizá, en una clase de teoría de la literatura o en una tesis de doctorado, sea necesario analizar en profundidad un mínimo de aspectos de la obra, y no me cabe duda de que se han escrito cientos de miles de páginas sobre el tema —y si no es el caso, habrá que interesarse por qué se estudia en una cátedra de literatura americana—, por lo que mi intención pretende limitarse a considerar una lección de vitalismo que subyace del texto, no sin cierta paradoja.

Vitalismo adolescente y paradoja

Aquellos quienes descubran la obra por primera vez se toparán con un chico de diecisiete años de futuro incierto, ligeramente conflictivo, inteligente, perspicaz, enraizado en un sistema educativo que no parece beneficiarle, repleto de equivocaciones y con cierto deseo por crecer. Además, el lector avispado —el que está habituado a releer párrafos o capta con facilidad el sentido de un texto— hallará un narrador testigo con un peculiar punto de vista.

Es evidente que el escritor norteamericano conocía bien el comportamiento adolescente, pues la principal particularidad de su protagonista es la conciencia de sí —de su condición— y de lo que ello implica. El discurso de Holden no solo es consecuente con respecto a su estado vital, sino que comprende algo todavía más importante para el desarrollo de la novela: que está situado en el único momento de su vida en el que un cambio de rumbo es posible, discernimiento que roza la imposibilidad manifiesta.

Desde los primeros capítulos, se muestra consciente de cómo la sociedad insiste en fijarle una serie de directrices, con la constancia de unos estudios que le resultan carentes de interés; a ello se une un discurso de educación, modus vivendi e inutilidad de la rebeldía que, por desconocimiento, convierte en baladí y temporal ese impulso. Las desventuras de Caulfield se mantienen siempre hasta el filo de la elección (sin traspasarlo), hasta el instante  previo a la decisión de tomar parte y depender de la estructura social.

“La vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo a sus reglas” (Salinger: 15), reitera a lo largo del segundo capítulo uno de sus profesores, el señor Spencer; a su vez, el narrador señala al lector que está cansado de oír eso, y replica que él, a diferencia de la mayoría de los adolescentes, ya conoce la necesidad de posicionarse en sociedad, con todo lo que ello supone. Así, consciente de los tabúes que supone formar parte de un grupo social, y antes de iniciar su siguiente etapa vital, ya es consciente de que no quiere un trabajo de oficina, copas a la salida con compañeros que no le interesan ni un ápice y béisbol en televisión los días de diario, y agrega: “Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haber conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas” (Salinger: 98).

Y esta es, probablemente, la clave del éxito de El guardián entre el centeno. Pues si bien su prosa es atractiva, aquello que la convierte en obra de culto son las ideas que allí se exponen; la actitud predominante de Holden es la de un adolescente: quiere beber, fumar, follar, experimentar, expresarse, cambiar el mundo… No obstante, el verdadero triunfo es que él sabe que todavía está a tiempo de hacer algo —un lapso de tiempo que termina eternamente— mientras que nosotros crecemos, aceptamos el statu quo, envejecemos y morimos.

Decía Salinger:

—He dicho que no, que no habrá sitios maravillosos donde podamos ir una vez que salgamos de la universidad. Y a ver si me oyes. Entonces todo será distinto. Tendremos que bajar en el ascensor rodeados de maletas  y de trastos, tendremos que telefonear a medio mundo para despedirnos, y mandarles postales desde cada hotel donde estemos. Y yo estaré trabajando en una oficina ganando un montón de pasta. Iré a mi despacho en taxi o en el autobús de Madison Avenue, y me pasaré el día entero leyendo el periódico, y jugando al bridge, y yendo al cine, y viendo un montón de noticiarios estúpidos y documentales y avances de las próximas películas. ¡Esos noticiarios del cine! ¡Dios mío! Siempre sacando carreras de caballos, y una tía muy elegante rompiendo una botella de champán en el casco de un barco, y un chimpancé con pantalón corto montando en bicicleta. No será lo mismo. Pero, claro, no entiendes una palabra de lo que te digo. (Salinger: 145)

Cuando somos jóvenes, somos demasiado inexpertos como para cambiar el mundo, y cuando sabemos cómo es el mundo y cómo podríamos intentar cambiarlo somos demasiado viejos. Eso es lo que sabía Salinger, y así lo inmortalizó en su obra. ¿Intentas cambiar el rumbo? No, primero ve al colegio, a la universidad, aprende cómo vivir, qué no puedes hacer, a qué debes limitarte, a cuánto está el tipo de interés, qué tipo de calzado está de moda… ¿Dentro de la rueda? Es una lástima, pero aquí no existe el “sigue jugando”.

Salinger desgaja línea a línea la perpetua pregunta acerca de nuestra libertad de acción, de nuestra libertad de decisión, de la posibilidad de luchar por nuestra felicidad. Mientras tanto, la sociedad occidental continúa obligando a sus hijos a mantener un estilo de vida que considera equivocado, o quizá el mejor entre los peores.

Holden es una imagen universal, y engloba las conciencias de todos aquellos adolescentes que repetían: “Yo no quiero eso.” La verdadera paradoja se mueve entre la experiencia disfuncional y la inexperiencia inútil. Puede ser que todo ello no sean más que campanas al aire, puesto que nadie nos garantiza que cambiar el sistema sin pertenecer a él sea más sencillo que modificarlo cuando dependemos del mismo. Holden es el perfecto revolucionario cultural, quien convence a la masa a través de su propia individualidad. Convencer, antes de globalizar. Es eso, o mandarlo todo a tomar por culo y retirarnos muy, muy lejos de todo. Como hizo él.

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Bibliografía:

  • Salinger, J.D. (2008). El guardián entre el centeno. Madrid, España: Alianza Editorial.

2 thoughts on “Breve lectura vitalista con respecto a “El guardián entre el centeno””

  1. Excelente nota! Completísima!!! Esta novela es tan clásica como controversial. Holden Caulfield narra su desgarradora historia en primera persona con una voz cínica y llena de ironía.

    El final me resultó bastante anti-climático, pero la obra en general me gustó bastante. Sin duda alguna, uno de los libros más importantes del siglo XX.

    Realicé un reseña y análisis informal de la obra en mi blog. Si te interesa, te invito a leerlo y comentarme qué te parece:

    http://www.viajarleyendo451.blogspot.com.ar/2013/08/el-guardian-entre-el-centeno-el-eterno.html

    También, si querés podés seguirme en:

    https://www.facebook.com/sivoriluciano

    Subo notas de literatura, cine, humor y cultura en general.

    Muy buen blog! Saludos!!

    Luciano

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  2. Gracias por tu comentario, Luciano. Ya había leído en otras ocasiones ese punto de vista respecto al final, no obstante, para mí, “El guardián entre el centeno” es una obra que puede considerarse un todo en sí mismo por lo que, sinceramente, pese a haber hecho varias lecturas siempre he considerado final, principio o mitad como meros instrumentos de un corpus. Salvando las distancias, me ocurre lo mismo tras cada lectura de “La conjura de los necios” y ese gran personaje que es Ignatius Reilly.

    No dudes que me pasaré por tu blog. 🙂

    Saludos.

    Me gusta

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