Sobre el TIL

Empezaré aclarando que yo no estuve ahí, aunque me sentí muy identificado con las demandas expuestas, y me arrepentí a posteriori, lo que demuestra que, como manifestación, funcionó a las mil maravillas. Como prueba de ello, tenemos la velocidad con la que prensa internacional se hizo eco de la protesta multitudinaria por las calles de Palma, donde 90.000 personas —o 90.000 mallorquines que, conociéndoles y habiéndoles tratado durante años, tiene todavía más mérito— recorrían el centro de la ciudad creando oleadas de verde a su paso.

Las calles de Palma se llenaron de gente manifestándose por la política educativa del PP.
Fotografía de una calle de Palma durante la manifestación por la falta de una correcta adecuación que permita la política educativa del TIL.

Al día siguiente, mientras hojeaba el Diario de Mallorca, una de las fotografías impactó contra mi iris con la férrea intención de quedarse ahí. La imagen mostraba los miles y miles de personas en Plaza de España, donde incluso la estatua del rey Jaume se había unido, quizá por imposición popular, a la jornada de protesta. Entre las pancartas que asomaban por encima de los presentes, me sorprendió un mensaje especialmente coherente: “Bauzá, queremos volver a la escuela”; o quizá decía: “Bauzá, déjanos volver a la escuela”. Al instante, sonreí, consciente de que aquel o aquella que hubiese escrito ese cartel entendía a la perfección el motivo de la huelga y sabía que ese era el camino por donde se debía atacar con mayor virulencia.

manifestación TIL 2La pancarta afirmaba, primero, que ninguno de los presentes estaba allí por gusto, sino por necesidad; necesidad de ser escuchado, necesidad de apoyar a gran parte del cuerpo docente y, sobre todo, necesidad de una educación coherente y bien organizada para ellos, para sus hijos y para los futuros estudiantes que vendrán. Segundo, que estaba muy claro quién era el verdadero culpable de aquello, quién hacía promesas vacías y quién intentaba imponer su palabra y su voz por decreto. Y, tercero, aunque algo más difuminado y carente de la fuerza inicial, el rótulo mantenía que no se actúa, que los cambios se enlentecen, que no se busca una solución real al problema, pues durante semanas se ha negado su propia existencia.

El día 29 de septiembre este cartel era uno de los máximos exponentes de la lucha contra la criminalización que padres y profesores se han visto condenados a sufrir. Combatía ese punto de vista del todo superficial que se limita a simplificar la no asistencia a la escuela como el verdadero problema; que intenta convencer a los padres y a los profesores que, si de verdad les importa la educación de los críos, estos deberían estar asistiendo al colegio y no perdiendo días de clase. Es triste que la mejor arma que el gobierno ha podido asir sea una postura hipócrita y lela que ni tan siquiera enfrenta el problema (hasta hoy). Pues no, señores (y señoras). Los padres deben ser los primeros en apoyar esa huelga, y de forma indefinida, cogiendo aquel cartel y plantándolo en los morros a todo el Partido Popular durante  el tiempo que sea necesario.

Ana María Aguiló Twitter

En tal caso, podemos estar convencidos de que el estado continuará intentando lanzar balones fuera y condenará la no asistencia en pos de una supuesta educación. Sin embargo, uno, eso no es educación; dos, mucho menos de calidad; y tres, el único culpable aquí es un ejecutivo que no tiene un verdadero plan de acción, que copia planes docentes de Europa y omite su desarrollo y adaptación y que condena, aún más, a ese 40% que abandona las aulas de las Baleares tras la enseñanza obligatoria.

No obstante, siempre queda sitio para la esperanza y la mejora, y los mallorquines han (hemos) puesto otro grano de arena. Como muestra, la criminalización de la huelga y las amenazas vacías de Ana María Aguiló, quien citaba a Fernando Merino en Twitter: “Los padres están obligados a llevar a los niños a la escuela y de no ser así, el Tribunal de Menores tiene potestad para retirar las custodias”, exclamaban. Les deben fallar las cuentas también si piensan enviar a los servicios sociales a gran parte de los estudiantes de las Islas Baleares.

De risa. O todo lo contrario.

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