Sobre monstruos (II)

Desglosar el concepto de zombi

Hoy día, el zombi es una figura del imaginario colectivo y un producto de masas. Un monstruo que está gozando de su propia edad dorada tras el declive del vampiro. Nunca antes había llegado a tantísima gente en medios tan distintos: series de televisión, literatura, cine… Todo el material al que accedes, solo es la punta del iceberg.

Su origen —es decir, la base a partir de la que cual se fundamentaron los primeros filmes— se encuentra en algunas regiones de África y, sobre todo, en los colectivos de esclavos haitianos que fueron trasladados al continente americano. El esqueleto del zombi se remonta y se enraíza alrededor de la religión vudú, una de las prácticas religiosas más antiguas de la historia, que acoge elementos rituales de los sistemas animistas y mágicos.

Pero… ¿es el zombi actual el mismo monstruo del mito? En realidad, no.

Zombis nazis... Oh, sí.
¿Zombis nazis…? ¡JA!

La cultura popular dividió al zombi en dos posibles arquetipos: las almas sin cuerpo y los cuerpos sin alma. Los primeros serían espectros similares a un fantasma o una presencia etérea, mientras que los segundos, aquellos que se han consolidado, serían un cuerpo sin alma.

¿Tiene esto algo de real? Soy más que escéptico, obviamente. Sin embargo, el antropólogo canadiense Wade Davis publicó, entre 1985 y 1988, dos libros que presentan el uso de algunas drogas en polvo cuyo principio básico era la tetrodotoxina, o bien el estrasmonio o la datura —¿concreto, eh?—, como la causa de esa “zombificación” (exactamente, estamos hablando de The Serpent and the Rainbow Passage of Darkness: The Ethnobiology of the Haitian Zombie). Sobre lo que se comenta en estas obras, numerosos analistas advierten que la lectura de Davis puede ser superficial y que el coup de poudre, como se supone que se denominaba a esa potente droga, no tiene una base científica fiable, sino que más bien podemos encontrar explicación en distintos desórdenes mentales concretos (por ejemplo, la esquizofrenia o la amnesia).

El padre

George Romero creó a los zombis, él hizo las reglas, dispararles en la cabeza, si te muerden quedas infectado, los muertos regresando a la vida.

Eli Roth (Hostel)

Romero presenta en 1968 una primera propuesta del cine de terror con zombis: La noche de los muertos vivientes, que instauró las bases de todo un subgénero. Cadáveres humanos que asesinan a todo ser vivo que encuentren a su paso y propagan una infección, devolviendo a la vida a sus víctimas.

Asimismo, George A. Romero declaró algo todavía más interesante en una entrevista del año 2007:

No me importa lo que son. No me importa de dónde vinieron. Pueden ser cualquier desastre. Podrían ser un terremoto, un huracán, lo que sea. En mi mente, no representan nada para mí, salvo un cambio global de algún tipo. Y las historias son acerca de cómo la gente responde o no responde a este y eso es realmente todo lo que han representado para mí.

Si centramos nuestro punto de vista en las características con las que cuenta un zombi, no encontramos más que un cascarón con un salvaje y único instinto: devorar. En algunas propuestas, si el monstruo no ingiere carne, su cuerpo se pudre y muere por segunda vez; en otras, simplemente permanece ese instinto, viéndose condenado a una inmortalidad vacua.

Tres anotaciones acerca de zombis sobre las que, quizá, no has pensado demasiado

1. Los zombis no piensan

No están vivos, pero se mueven, actúan, parece quedar algo dentro de ellos y, aun así, es un monstruo imposible de humanizar o con el que empatizar. El concepto más cercano de muerto viviente lo tendríamos en las momias, por ejemplo, en la película clásica La momia (1932), de Boris Karloff; sin embargo, en este caso, el monstruo tenía una misión personal que llevar a cabo, de igual modo que ocurría con su remake de los 90 con Brendan Fraser (La momia, 1999, Stephen Sommers), mientras que los zombis son una especie de eco que sigue afectando dentro del mundo de los vivos.

2. Los zombis comen

Devoran a cualquier ser vivo, por lo que su existencia es totalmente antinómica a la vida (en otras palabras, matan sin necesidad a través de un acto que, por definición, implica supervivencia), e incluso a su “no-vida” pues, al fin y al cabo, la falta de alimento lleva dentro el gen de su propia destrucción. ¿Qué quiero decir con esto? Las historias de zombis no son más que historias de la destrucción de la raza humana —lo que, antes o después, es probable que ocurra, ¿no?—, no hay posibilidad de salvación, no hay posibilidad de cura, no hay respuestas… Aquellos zombis en cuyas historias no se pudren por la falta de la alimento, permanecerán muertos, quietos, sin estímulo alguno que seguir, pues solo existen para destruir.

3. Se reproducen

Se multiplican a través de la muerte. Tras asesinar a otro ser, si queda algo de este, volverá a la vida convertido en otro zombi. De este modo, la idea del zombi es totalmente inversa a la del humano: en vez de reproducirse a través de la vida, lo hace mediante la muerte; arrebatando opciones al resto.

Lectura existencialista del zombi: ¿a qué se debe su éxito?

Solo viviré un poco menos de lo que pensaba.

Es fácil observar cómo su concepción antagónica de todo lo que es ser humano no les exime de mantener una apariencia humana, o humanoide. A priori, son el monstruo más alejado de la naturaleza; no obstante, su falta de una conciencia los convierte en la figura más cercana a la muerte. El concepto del monstruo per se amenaza por sus diferencias fundamentales con el ser humano; en cambio, el zombi afecta directamente a la misma vida. Es el monstruo “menos vivo” (en otras palabras, no mantiene ningún nivel de conciencia ni otros instintos o rasgos de los seres vivos), pero es el que más tiene que ver con la naturaleza en sí, pues funciona de un modo similar a la muerte.

Reunión de zombis bien avenidos.
¿Conoces ese chiste que dice: “Entran treinta y siete zombis en un bar y…

En otras palabras, la figura del zombi (inconsciencia total, que no inexistencia) opera a unos niveles semejantes al “acto de muerte”. De algún modo, es un recordatorio de la misma. El triunfo de series como la saga de cómics The Walking Dead (cuyo videojuego también sigue una línea muy cercana a La noche de los muertos vivientes o El amanecer de los muertos) se debe al profundo existencialismo que nuestra sociedad, de algún modo, intenta ocultar pese a ser  plenamente consciente del mismo.

En un mundo repleto de zombis… absolutamente todos son conscientes de su finitud, pues es el propio entorno quien de forma trágica y desmesurada lo muestra. En esa misma línea, Helix, un thriller de ciencia ficción que se estrenó a principios del 2014 y dirige su trama hacia enfermedades víricas, ponía en boca de una secundaria una pregunta muy simple: “¿No tienes miedo a la muerte?” A lo que una de las protagonistas respondía: “Solo viviré un poco menos de lo que pensaba”.

Por todo ello, el zombi no solo es un monstruo que  aterre por su condición, sino que, además, lleva intrínseco un discurso sobre la mortalidad y la inconsciencia que tenemos muy interiorizado en el imaginario colectivo.

La fantasía es un medio para las metáforas […] y dado que estoy atascado en este género, intento buscar nuevas formas de utilizarlo. Para al menos expresar alguna opinión o satirizar cosas y divertirme.

George A. Romero

En una sociedad donde se esconde la idea de muerte que los muertos se levanten provoca un giro de 180 grados, no solo por la amenaza que puedan suponer, sino porque es algo que, como individuos, hemos sido adiestrados para obviar. No queremos saber nada de muertes, no queremos ver a los muertos y, por encima de todo, no queremos estar muertos.

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