Doblando… ideas

Se acaba el verano. Para la mayoría significa la vuelta de vacaciones, el síndrome postvacacional y todos esos rollos. Para evitar estos pequeños inconvenientes, una buena opción es hacer como yo, y no coger más que cinco o seis días de vacaciones desde… hace mucho. Pero en realidad, no. En realidad es lo peor que uno puede hacer, puesto que el cuerpo necesita cierto descanso diario y algunos días para intentar desconectar. En caso contrario, la rutina te abruma y no ves qué estás haciendo bien, qué estás haciendo mal y qué leches se te lleva olvidando meses hacer. Y no estoy hablando de trabajo, porque el trabajo solo es eso: trabajo, sino de cosas importantes. (Aunque también sirve para el trabajo, que conste.)

Con los blogs pasa algo similar. Actualmente, estoy trabajando el 90% de mi tiempo como redactor de contenidos digitales (inbound marketing, y esos rollos modernos) para una decena de clientes que necesitan posicionar contenido en sus respectivos sectores y escribo muchas entradas a lo largo del día. Al final, esto llega a afectar a mi forma de redactar en otros medios y, a veces, llego a descubrirme trabajando para este proyecto personal que leen cuatro gatos.

Obviamente, eso es una gilipollez tontería, puesto que nadie viene a leer estas entradas por el gran posicionamiento que hago o los temas tan actuales que toco (e incluso cuando hablo de actualidad, me permito la licencia de ignorar la mejor forma de que esos contenidos aparezcan), pero me ayudó a recordar un poco por qué quise abrir este pequeño espacio y hoy estoy un poco melancólico moñas nostálgico de los inicios, razón suficiente para compartir esa idea, por lo que este texto será algo así como un capítulo de refrito clásico de Los Simpson: aquellos que parecían que iban a tener una moralina cuando realmente te colaban un montón de sketches y a Homer, Bart y Snake cantando y recordando otras historias por el camino.

Doblando tentáculos pretendía ser un espacio donde compartir una pequeña pizca de mí, pero de forma divertida, o útil, o entretenida. Quizá porque, como dijeron muchos hombres antes que yo, escribir es terapéutico y reírse de uno mismo también, por lo que hacer ambas cosas debe ser algo así como una orgía de autoanálisis, supongo.

Así, los primeros meses que estuve viviendo en Mallorca escribí a menudo acerca de algunas de las experiencias que me sucedieron. Eso no quiere decir que me sucediesen todo de cosas malas, sino que, si bien la mayoría de las cosas que descubrí, experimenté e hice fueron positivas, hubo experiencias que no fueron tan divertidas, como viajar con seis animales que se escaparon por un barco, encontrar descuartizadas a una decena de gallinas por todo el jardín o aguantar los viernes al típico amiguete muy religioso y algo pesado que le bastaba poco para empezar a ensartar dialécticamente a todo quisqui.

Quise un espacio donde poder utilizar un tono un poco más personal sobre cualquier cosa. Hace cuatro o cinco años que estoy siempre rodeado de creaciones de otros, de ideas de otros, de ideas para otros, de la visión de otros, y eso es agotador. Al menos, para mí. Por ello, me decidí a crear un popurrí de temas que conformarían una pequeña parte de mí, de mis intereses y de mis preocupaciones o experiencias.

Apropiándome de las palabras de Javier Malonda, el genial autor del blog El sentido de la vida, cuyas antiguas entradas no sé si todavía son posibles de leer o se extinguieron a lo largo y ancho de Internet:

De esta manera, cada vez que me sucedía algo desagradable, lo reescribía desde un punto de vista humorístico y me sentía mucho mejor. No sabía exactamente cómo funcionaba y tardé mucho tiempo en preguntármelo y en descubrirlo, pero a mí me funcionaba.

Pero al final se me quedó corto, y encontré en Doblando tentáculos una forma de explotar una serie de temáticas que me atraían y que, a la vez, gustaban a un número moderado de lectores. Por ello empecé a escribir sobre series como Breaking Bad, Sons of Anarchy True Detective, o sobre videojuegos, cine o literatura.

Por último, antes o después debí animarme —aunque, sinceramente, no sabría decir cuándo— y, por deformación profesional, empecé a escribir sobre muchísimos temas que conozco y sobre los cuales no tengo un interés personal; todas esas entradas, relacionadas en mayor o menor medida con el blog quedaron en borradores, y luego fueron borradas. Porque este no era un sitio para conseguir dinero, ni visitas, ni clientes, sino un sitio que compartir con unos cuantos, y que no debía tener un fin concreto.

El problema es que sin un fin, las cosas no avanzan. Hay blogs que interesan a los lectores y hay blogs que no interesan a los lectores, pero aquellos que no interesan a sus autores terminan rápidamente en la basura. Por ello, de nuevo, le conté a los cuatro de siempre lo mismo, otra vez, y me mandaron a la mierda y, por ello, lo dejo escrito aquí, para que sepan que voy a hacer algunos cambios de escasa utilidad; eso sí, prometo que nada excesivamente provechoso. Como mucho, molesto.

Vamos, volviendo un poco a los orígenes.

Para Doblando tentáculos me planteo…

Por regla general, me planteo escribir más. Porque me gusta hacerlo, principalmente. Y más que mantener un hilo conductor, hacerlo sobre temas de amplio espectro con cierto orden. Evidentemente, crear un blog personal para opinar de forma subjetiva sobre multitud de temas —muy al estilo de una columna periodística, a veces— y, luego, vetarse a uno mismo. Es… ¿absurdo?

Por ello, creo que es bastante más interesante ordenar adecuadamente las entradas —incluso para escribir de una forma más constante. Eso significa cuadrar categorías y secciones, y si me levanto con ganas de escribir artículos de opinión, poder segmentarlos adecuadamente a través categorías y, especialmente, etiquetas en relación a los temas que traten.

En pocas palabras, he fusionado el 90% de las categorías y las he convertido en cuatro:

  • Opinión: entrada al estilo de la columna periodística que escribiría el becario más vago de la redacción.
  • Medios audiovisuales: para artículos sobre cine, series de televisión y videojuegos que, extrañamente, suelen volverse metafísicos o terriblemente extensos.
  • Humanidades: sobre todo aquello que  tus padres te dicen que no estudies, porque es útil de cojones pero suele dar poca pasta.
  • Sin categoría: ignotos seres de inclasificable estupor.

Enlace a la categoría de humanidades.

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