¿Qué quieres hacer? (Estás jodido/a.)

Te voy a contar mi experiencia. Estás en el colegio, pero de golpe caes en la universidad. Y te crees que vas a estar muchos años por allí, pero pasan rápido de cojones. Y sales con título, y todavía sigues en tu zona de confort, y empieza lo bueno. O sea, lo realmente jodido. Porque nadie va a dar un duro por ti. Excepto tu familia, si puede; y es probable que no pueda, y menos ahora.

Pongamos que estudias Humanidades, como yo hice, porque quieres aprender a escribir, o dar clases de historia, o de filosofía. O quizá tener un buen cúmulo de conocimientos que te sirvan para analizar lo que ocurre a tu alrededor; sea a nivel local, sea a nivel geopolítico. La cuestión es que, antes o después, van a intentar que pongas al servicio de algo práctico esos conocimientos, y práctico quiere decir rentable. Y rentable, quiere decir al servicio del mercado. Eso es lo jodido.

Burger King y por qué estás jodido
¡A tomar nota al personal, que tienes un máster en dirección y gestión de RR. HH.!

Porque tú puedes querer ser guía de museo o redactor en un periódico. Y eso puede no salir bien. Eso es lo jodido, como te decía. Entonces, buscas un trabajo que no tiene nada que ver, porque tus padres no van a mantenerte toda la vida (si es que todavía siguen manteniéndote, digo), y empiezas a gastar horas, y horas, y horas… trabajando en cosas que no te gustan y que no te aportan nada. De nuevo, estás jodido.

Pero la culpa es tuya. Porque nadie dijo que iba a ser fácil. Y nadie te va a regalar nada tampoco. Y solo hay una solución: acercarse a tu objetivo en círculos cada vez más pequeños. Porque seamos serios. Estás muy lejos de aquello a lo que aspirabas desde el Burger, el bar de tu tío o como becario de esa multinacional, ¿verdad? Pues voy a decirte una cosa: “Podría ser peor.” Podrías levantarte un día y decirte a ti mismo: “Vale, es lo que hay”, y dejar de pelear por lo que quieres. Y es lógico, ¿sabes? Porque trabajar y pelear por lo que quieres es cansado; sobre todo cuando llegas a una zona de confort similar a la que antes tenías, ¿o no?

Ahí es donde vas a tener que decidir realmente qué haces. Arriesgas o sigues esa dinámica que el sistema te impone. Nadie dice que tengas que vivir en la calle y morirte de hambre, pero creo que llegará el día —con pareja, con hijos, con más de cuatro décadas a la espalda— en que, desde tu zona de confort, te plantearás si eso era tan malo… Y ahí sí vas a estar jodido, muy jodido…

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