Sade y la abstinencia

Quizá una buena forma de educar en la sexualidad a las futuras generaciones sea recordar que todos pudimos nacer de un error. Sin embargo, en vez de eso, somos proclives a intentar que los demás no tropiecen con la misma piedra que nosotros; y la piedra es una metáfora de otras cosas duras, por supuesto. Vamos, que hoy empezamos fuerte.

Jeanette Bloodlines
Una joven gótica con el mal vicio del tabaco.

Resulta que hace unos días me levanté, y me di cuenta de que estaba cansado de escuchar “lo putas” que parecen ahora las niñas de trece o catorce años, con uniformes de tres tallas menos del que deberían llevar, sujetadores rojos bajo camisas blancas, transparencias y tangas en uve. Desconozco a qué institutos van esas crías, y ahora (casi) me alegro de no haber pisado uno de esos durante mi adolescencia.

¿Por qué estoy cansado de ese tema? Porque me parece algo muy gracioso en realidad: siempre me dicen ese tipo de cosas gente joven, con hijos, o de sexualidad de todo menos escasa (y yo que me alegro).

Probablemente, esa gente ve que aquello que hacen o hacían no es, o era, exactamente lo que quiere, o quería (vale, no sigo conjugando verbos), para sus hijos pero, por otro lado, había estado bien para él o ella. O quizá, no había conocido otra cosa. Yo qué sé.

La cuestión es que lo mejor que se les ocurre, la idea estrella, la gran obra protectora de pubescentes es… cualquier libro del marqués de Sade. Me comentan que los críos y crías sobrehormonados deben “leer a Sade, o similares”. Bueno, leen mierdas cien veces peores, ¿no?, que abran la boca de par en par con las desventuras de Justine, o que sus mentes en crecimiento se deleiten con las desgracias que le ocurren a una mujer virtuosa; a esa edad es difícil que los haga más anárquicos, y quizá sí un poco más reticentes a liarse con la vecina.

Ante tal caos neuronal, yo saqué la artillería (claro). ¿Justine o los infortunios de la virtud? ¡Gilipolleces! Que entren a cuchillo con Los 120 días de Sodoma, pero solo por las partes verdaderamente asquerosas (que no son pocas, oye), para que sigan ignorantes, pero lo vean todo demasiado repulsivo o demasiado poco atrayente para resistirse.

¿Qué os parece? A grandes rasgos, podríamos hacer todo eso. Y es, en realidad, lo que se hace: asustar, de una u otra forma, con libros o con fotos, o con películas, o con falta de información. Sí, también podríamos intentar hablar, pero solemos pecar por exceso, ¿no? Cuando hablamos de ir al baño, podríamos hablar de ello con normalidad —hacer un esfuerzo pequeño, o no tan pequeño—, pero tendemos a llevar las cosas a los extremos, y terminamos por rebozarnos en nuestra propia mierda. Si no que le pregunten a Pasolini… Así, con respecto al tema sexual, preferimos dejarlo en blanco. Pasar. Ya aprenderán. Son jóvenes.

Y sabemos que no es así, que no lo harán; es un marrón curioso hablar de esto, que conste. Pero como gente joven que somos (o hemos sido), sabemos que la educación empieza en casa (eso decían en el colegio, ¿no?), luego ya está el instituto, el estado, y lo que haga falta; pero empezar empieza en casa.

De este modo, evitamos disgustos, y culpar a los demás de nuestros propios errores. Porque no puedes culpar a alguien que tenía toda la información, pero cuando escondemos lo genial, lo fantástico, lo estupendo, lo gratificante y lo placentero que es el sexo por miedo, entonces no es culpa suya, sino nuestra. Por norma, les escondemos todo eso, y les seguimos enseñando las clamidias, y los herpes, y el peligro de los embarazos y lo ciego que te quedas de tanto cascártela.

Al final, ni en las aulas, ni en casa, ni en la calle se les habla de lo que cualquiera de nosotros querría (y quería), y acaban desubicados, desinformados y con muchas ganas de idealizar el proceso. Para eso, en cambio, sí tienen ayuda: la TV, las revistas, el porno, y todo eso van a verlo. Porque eso mueve pasta, e interesa que lo vean, los jóvenes y los no jóvenes.

Al fin y al cabo, no es follar o no follar, porque follar todo dios va a follar antes o después; es hablar sobre algo que todos necesitamos. O podríamos seguir callándonos. Eso es lo que se ha estado haciendo. ¿Qué tal ha funcionado hasta ahora?

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