Belle de nuit

La perfección estética anida entre mis curvas, soy la beldad suprema. Oscurezco todo a mi paso, como si de un haz de luz más brillante que el propio sol iluminase cualquier estancia en la que me encuentro.

En el despacho, a primera hora de la noche, fuerzo a los espejos a devolver mi reflejo exacto; ya extenuados, les concedo su descanso entre cristales quebrados. El cabello rubio, recogido en un sencillo moño, se encuentra por todos lados rodeado por bucles dorados. Los ojos miran alrededor, en caoba, con un sentimiento altanero en el iris que no desmerece nada de mí. Al igual que con la monstruosidad, no existe adjetivo para referirse a tal grado de belleza. Todos ellos lo saben y, por ende, me odian: mis gráciles y acompasados movimientos, las manos enérgicas y, aun así, delicadas, las piernas flexibles y pétreas como dos columnas dorias, el vientre plano, el busto prominente en su limitación más natural…

El texto completo está en mi página web; para leerlo, haz clic en el siguiente enlace: Belle de nuit.

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