Un cocodrilo en la bañera

Esta mañana me he despertado extrañamente lúcido y descansado. Esto ocurre cuando completas un ciclo circadiano y todavía no has comenzado con el siguiente. Por lo demás no ha sido un despertar desconocido. Me despabilé con aquello alegre, meándome y evitando descoyuntarme contra las escaleras; el café hirviendo y los diarios en papel.

Aumenta un 1.800% el gasto en material antidisturbios y de protección, leo en voz alta. Soplo el café con indiferencia y aparto la prensa, como si todo eso no fuese conmigo. Sin embargo, no consigo terminarme la tostada con mermelada a causa de los gritos: mi pareja vocifera desde el aseo. Hay un cocodrilo en la bañera. Suspiro. ¡Otra vez!

Fotografía de Tambako The Jaguar: https://www.flickr.com/photos/tambako/

Lola está plantada en la puerta, con el camisón y la bata a medio quitar. Me explica que las tres víboras de la despensa han decidido invitarle unos días tras llegar a un acuerdo con la familia de garrapatas de la cocina. Lo intentas explicar por ahí y te toman por loca, dice. Gastando litros y litros de agua con la que está cayendo. ¡Dime tú si no es para tanto! Intento que se tranquilice, después me coloco entre los dos antes de que la situación empiece a tensarse. Entonces, la familia de víboras ya está comiéndome la oreja. Se han despertado con todo el jaleo. Preguntan si nosotros, el populacho, tenemos que quejarnos por cualquier reajuste. Su discurso tendría más sentido si no fuesen unas sanguijuelas que viven de ciudadanos como nosotros.

Intentar parlamentar no sirve de nada. El cocodrilo decide encerrarse en el cuarto de baño tras pegarme un par de empujones. ¡Qué cruz! Entre toda la tropa no te dejan ni comer ni cagar. Tú, además, querrías cagarte en todos sus muertos, pero tampoco parecen tener capacidad de escuchar o entender, sin embargo, inexplicablemente, son los organismos más poderosos de todo este hábitat.

¿Llamar a la policía? No, que se ponen de su parte. Además, ahora nos salen muy caros. Entonces, te echan de tu casa; sales a protestar, y todo dios te dice que no es para tanto. Que antes estábamos peor, que en Europa también tienen cocodrilos, víboras y sanguijuelas con las que lidiar. Estos deben creerse que uno es idiota.

Pero se nota que estos bichos son irracionales: ¿de quién vivirán cuando no tengan ciudadanos de los que aprovecharse? Sería un consuelo verles caer si para entonces no hubiesen acabado contigo. Esto hasta que uno se canse, que coja una escopeta; después a tomar por culo el cocodrilo. El cocodrilo, las víboras y la madre que los parió.

Texto presentado al III Concurso de Microrrelato de Editorial Intangible, el cual fue declarado desierto por falta de calidad literaria de sus participantes según la opinión del jurado.

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