Novela negra: tres microrrelatos

Fin de época

Abrí. Cerré. Por detrás nadie reclamaba tres meses de alquiler, no quedaban mujeres esperando en el despacho y la vieja Smith and Weason no salía de mis calzones más que para ir a cagar. No hay historias. Desaparecemos con la ausencia del gris. Ahora todo es moral o amoral. Bueno o malo.

Encendí un cigarro, revisé los mensajes: nada de interés. En los viejos tiempos, los líos de pareja te acercaban hacia camas extrañas; bajo cualquier gabardina se intuía un revólver; la adrenalina se controlaba con bourbon y bofetadas. Se acabó lo del pistolero. El paria solitario. Lo que te mata es la inacción, no el peligro.

La cristalera salta en mil pedazos. Ojos de Besugo se abalanza contra mí y encaja dos tiros en la panza. ¡Hijo de puta!, grito. Él maldice. La casera aparece temblando en una esquina:

—Voy a avisar a la policía, Sr. Relly.

—No vas a llamar a nadie, preciosa. Aún no.

Emmanuelle

¿Saben por qué se llama novela negra? Es por el color de las primeras ediciones que se hicieron para los gabachos: los franceses. Esos que se pasan el día alardeando de que inventaron el sexo. No sé si será cierto, desde luego ellas son demasiado delicadas. Nunca me acerco a las putas francesas, al menos a las que tienen la desfachatez de enseñarme el pasaporte; la mitad intentan quitarte el cañón, la otra mitad intentan casarse contigo. Conociendo a las mujeres, no sabes qué es peor. Lo que sé es que ninguna se abre de patas.

Espero en el callejón. No puedes tomar demasiado en serio a Emma. Eso te mataría, decían todos. Nunca he sabido si debía interpretarlo de forma literal. Probablemente nunca lo sepa.

Aparecen dos gorilas y un tipo bajito: no hay que ser muy listo. La señorita Emmanuelle le propone un trato que no podrá rechazar, comenta el pigmeo. Puta.

El típico tío feliz

No soy ningún pirado. Soy un tipo de lo más normal: madrugo, me afeito todos los días, saludo a los vecinos, corto el césped… Llevo a los críos al zoo, pinto al óleo y fabrico mis propios pigmentos, ordeno álbumes de fotografía y recortes.

Me gusta el cine de autor. Cuando tengo ocasión, preparo mis propias producciones en el sótano o la buhardilla. Soy un artista. Un alma noble, pura e incomprendida. Doy largos paseos por el campo. Me gusta navegar. Tengo extensos conocimientos de anatomía, primeros auxilios y medicina.

Siete páginas. Cuatro horas de declaración. No pueden cogerme. Es la quinta vez que lo intentan. A través de sus ojos, a través de sus mentes, en silencio, viajo hasta el interior de sus cerebros. ¿Por qué?, puedo oír. Estallo en carcajadas.

Espera.  ¿Son ellos quiénes preguntan?

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