Lo que el marketing alimentario no te cuenta

Se necesitan cincuenta mil litros de agua para producir un kilo de carne de res.

Vivimos con una venda en los ojos, y estamos decididos a dejarla ahí. Esa es la conclusión a la que uno llega si piensa más de cinco minutos respecto a toda la mierda que comemos, que respiramos y que nos tiramos por encima. Y es que detrás de todas esas cajas con ranas, monos y  marsopas de colores, o de la carne que al cocinarla te permite llenar una garrafa de cinco litros de agua, o del champú que, misterios de la vida, tenemos que usar cada día mientras nuestras abuelas se lavaban el coco cada quince, sabemos que hay un timo. Y aun así, nadie hace nada. Porque es más cómodo, porque las cosas son como son… y, lo peor, es que hay alguien por detrás que se está enriqueciendo a tu costa, pero es alguien casi tan tonto como el resto de nosotros, porque a la par se está envenenando. Eso sí, al menos él saca algo de todo esto. ¿Y tú?

Empieza por ver un vídeo que no te va a gustar nada.

Después, deberías ver por qué el presidente de Citybank, ya no se dedica a ser el presidente de Citybank, ¿vale?

Y puedes leer un poco acerca de esto también, pero aquí.

Ahora tocaría pensar sobre esa pequeña marca de complicidad de la que estos dos testimonios hablan de formas muy diferentes; esa complicidad que, acción tras acción, se convierte en una montaña inamovible. Pero no lo es. No es inamovible. Porque si te plantas frente al supermercado a gritar que comer carne es asesinato, no te va a hacer caso ni dios. O te van a hacer caso cuatro personas que ya estaban suficientemente concienciadas, y es lo mismo. Ahí es nada; se seguirá comiendo carne hormonada y pescado hasta las trancas de mercurio.

Y es que no estoy hablando de comer o no comer carne, sino de sostenibilidad, y si dedicas unos minutos a escuchar esos testimonios comprobarás que no es sostenible, ni humano, ni ético. Ahora no hagas nada en especial. Solo piensa en todo lo que no se ve para que se pueda seguir viendo lo que aparece en los colmados, los ultramarinos, los supermercados y las grandes superficies; y recuerda que todo eso tiene una fecha de caducidad muy cercana.

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