El antihéroe: de la televisión a la filosofía

Sometimes I go about in pity for myself, and all the while, a great wind carries me across the sky.

Dicho ojiwbe.

El cine de mafiosos es uno de mis géneros preferidos. La razón principal está clara: habla sobre la vida, habla sobre la muerte y habla sobre la vida a través de la muerte. Pueden ser tres razones, claro; o puede ser una. Por todo ello, Los Soprano es, sin atisbo de dudas, una de mis series favoritas y, si me apuras, también La Serie. Déjate de Jack Sheppard, de Jimmy McNulty o de Ned Stark; si quieres entender de qué va el mundo, tienes que intentar comprender cómo funciona Tony Soprano.

Allí vemos cómo se habla del típico tío feliz, de empatizar con el antihéroe, de vivir la vida como siempre quisimos hacerlo, del bien y del mal, y de Dios; y del bien y del mal cuando Dios ha muerto. Allí, los hay escépticos, realistas, soñadores y filósofos; en ese espacio se mueven el deber y el honor, y también el gris; sobre todo el gris. El gris que se lee como el honor entre ladrones, como el llorar porque los patos no vuelven a tu piscina este otoño y como disfrutar de un habano mientras escuchas cómo uno de tus sicarios a sueldo le revienta la rodilla a un moroso con una bala de nueve milímetros.

Tony Soprano en la piscina

Un consejo: primero, mírate la serie. Luego, lee esto. También hay spoilers de The Wire y Breaking Bad, por cierto.

El típico tío feliz

No sé con quién estoy enfadado. Solo estoy enfadado. […] Es todo y todos. Veo a un tío caminando calle abajo, ya sabe, ese tío que va silbando como el jodido trotamundos feliz y siento ganas de degollarlo. Quiero cogerle y machacarle sin ninguna razón.

Hablo de ese tío que camina por la vida como si no tuviese ni un solo problema; ese tío al que todo el mundo detesta porque no pueden ser como él. Quizá ese hombre sea lo más contrapuesto a un antihéroe, que no es más que alguien a través del que nos reflejamos siempre por sus defectos y sus carencias; por sus victorias fuera de la ley.

Nadie duda de que el tío feliz es una buena persona, alguien mejor que nosotros, ¿pero qué significa mejor? ¿Mejor desde una perspectiva moral? Muy probablemente, sí. ¿Funciona mejor que el resto de cabrones que pululan a su alrededor desde un punto de vista social? Joder, claro que no. Pero para eso, vamos a explicarlo con Tony.

El personaje de Gandolfini (1961-2013) es el primero de todos ellos; Soprano es el padre, el Anticristo, el Ángel Caído, y mola; porque todos tenemos un poco de él: de eso; todos guardamos en un rincón ese cajón donde, en vez de diálogo, hay hostias para un regimiento y, en vez de razón, comprensión o perdón, solo hay deseos de venganza.

¿Cuál es la diferencia? El antihéroe nos dirá que él tiene cojones, y nosotros no. Pero no nos adelantemos tanto, empecemos por ver de dónde surge algo que nos produce tanta atracción como repulsión. Hagámoslo, al menos por curiosidad.

El comienzo del antihéroe

Es como una pirámide, desde tiempos inmemoriales: la mierda baja y el dinero sube, es así de simple.

Tony Soprano

En la carnicería de Satriale’s ocurren algunos de los acontecimientos más importantes de la serie. No es casualidad que, en el episodio piloto, Cristopher Moltisanti, el sobrino de Tony, asesine a un tal Emil Kolar bajo la atenta mirada de Bogart, Sinatra y otros actores clásicos que nos remontan a una sangrienta tradición que se extiende hasta los cincuenta.

Allí, Tony sufrió su primer ataque de pánico tras ver cómo su padre le cortaba un dedo al señor Satriale; es donde Silvio y Carlo se llevan por delante a un soldado de la familia Lupertazzi, donde trocean a Richie Aprile, y mucho más. El deli-carnicería se convierte en un espacio todavía más sangriento debido a las actividades criminales que configuran parte de ese camino hacia el despertar del antihéroe.

La figura del antihéroe, pues, configura, en un marco de injusticia social, esa predisposición a tomar otro camino: pobreza, imposibilidad de ascender en cualquier escala e incluso exclusión social; todo ello, a su vez, servirá para que el antihéroe se legitime a sí mismo en un futuro: “yo no era así, ellos me obligaron”; “no tenía otra salida; ¿qué otra opción había?” Es el mismo argumento que el personaje utilizará para justificarse una y otra vez, pero ahí no deja de haber una parte de verdad.

En Tony, su infancia y adolescencia construyen gran parte de su carácter; o lo que es lo mismo, una madre manipuladora y, en cierto sentido, también castradora y de un perfil abusivo con sus familiares cercanos. Si bien el personaje parece ocultar cierta animadversión por los actos delictivos de su padre —llegando a decir en más de una ocasión, que no había otro modo de hacer las cosas para él—, lo cierto es que el carácter violento y la doble vida de Jonnhy Boy perfilan la conducta entre las dos familias de los Soprano.

Johnny Boy y Junior Soprano
Johnny Boy y Junior Soprano en su juventud.

De cualquier modo, si bien el entorno familiar y el contexto social pueden poner piedras en el camino, el antihéroe siempre tiene un espacio para la elección personal, cuya extensión a menudo se reduce a medida que se pasa más y más tiempo dentro del arquetipo. Por eso Tony no puede dejar la mafia y convertirse en un don nadie que vende aspiradoras en Florida; por eso Walter White prefiere morir como Heisenberg que vivir como un profesor de secundaria que no ha sido feliz en su matrimonio; por eso, se cargan a D’Angelo Barksdale en la cárcel; porque, en última instancia, el antihéroe no quiere dejar de ser el antihéroe, y por eso la doctora Melfy fracasa tratando a Tony hasta el punto de suspender el tratamiento en The Blue Comet (6×20).

Enlaces relacionados:

La empatía con el antihéroe

Muchos pacientes, quieren que se les perdonen sus faltas actuales por incidentes que ocurrieron en su infancia. En eso se ha convertido la psiquiatría en este país.

Hasta aquí, entendemos por qué nace el antihéroe, ¿pero por qué nos cae bien? ¿En qué nos sentimos identificados? ¿Cómo es posible que un trasfondo épico haga que nos olvidemos de que ese personaje esté cometiendo un crimen tras otro?

Para mí, la empatía con el antihéroe se basa en tres premisas. La primera es simple: hace lo que nosotros hubiésemos querido hacer alguna vez (aunque después nos arrepintiésemos); soltar una puya cuando toca, o un buen derechazo; hacer que nos temiesen, generar respeto o admiración a nuestro paso… En definitiva, destacar; porque eso es lo que hace Tony entre mafiosos: no hay nadie tan implacable, ni inteligente, ni humano en ese microcosmos; y por razones similares funcionan Hank Moody (Californication, 2007-2014), Nucky Thompson (Boardwalk Empire, 2010-2014), Dexter Morgan (Dexter, 2006-2013) o el Dr. House (House, 2004-2012).

La segunda tampoco es difícil de imaginar: funciona; ¿cuántos hombres y mujeres pasan su vida en la cárcel por lo que hace cualquiera de estos antihéroes? Por el contrario, Tony Soprano vive con la sombra, pero el castigo no llega, y si llega, no lo hace a través de los canales habituales. A lo largo de la historia de cualquiera de ellos, se expone una balanza de éxitos y fracasos, pero lo suficiente equilibrada para llegar a desear estar en su pellejo durante unos instantes irracionales. Al menos, hasta el final.

La última, en cambio, es básica y, a la vez, es la que seguro que nos pasa más inadvertida. Sus actos, sus palabras, su conducta y el resultado de la misma, no nos afecta; es solo un mensaje, un diálogo, una historia en una pantalla de televisión, en un libro, en un cómic. Por ello, un Tony Soprano real sería mucho más humano, pero nos crearía una animadversión enorme: porque sus disparos nos dolerían en primera persona, su carácter nos atemorizaría y sus amenazas podrían suponer nuestro fin. Eso ya no es tan guay, porque es la vida real, no una historia épica.

Antihéroes de la TV

Pero es que, si te paras a pensarlo, no necesitas a Tony Soprano para que te arruine la vida; busca un antihéroe mucho más cercano a nosotros, mucho más cotidiano; mucho más divertido, idiota y amarillo. Las tonterías de Homer Simpson quizá fuesen todavía más peligrosas que las del mafioso de Nueva Jersey, pero se cumplen las tres premisas anteriores, por lo que no hay nada que temer: podemos seguir carcajeándonos.

La vida como debe ser vivida

Elegiste esta vida, y conlleva responsabilidades. Una vez Teddy Roosevelt dio un discurso entero con una bala alojada en el pecho. Hay cosas que son cuestión de deber.

Uno de los temas más interesantes y recurrentes en Los Soprano y en todo el cine de gángsters podría resumirse en dos de las citas con las que comienza Goodfellas de Scorsese (1990). La primera, famosa donde las haya: Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón quise ser un gángster… Y la segunda que, en realidad, explica mucho mejor el sentido de todo este cosmos:

Para mí, ser gángster era muchísimo mejor que ser presidente de los Estados Unidos. Antes de acudir por primera vez a la parada de taxis buscando un trabajo para después del colegio sabía que quería ser uno de ellos, sabía que allí estaba mi futuro. Para mí, ser uno de ellos significaba ser alguien en un barrio lleno de don nadies. Ellos eran distintos a todos, me refiero a que hacían lo que les daba la gana: aparcaban en doble fila y nadie les multaba. En verano, cuando jugaban a las cartas toda la noche, nadie avisaba a la bofia.

Tony Soprano mantiene una filosofía similar treinta años más tarde de la mayoría de personajes de El Padrino (1972). Ser alguien en un barrio lleno de don nadies; las flores que crecen en la basura, alcanzar el éxito en un sistema que niega, taxativamente, a un grupo social por su clase. Esa es la vida de Vito Corleone, y la de Al Pacino, pero en Scarface (1983).

En realidad, no importa dónde. Puede ser en una fabela de Río de Janeiro, como en Ciudad de Dios (2002), o en un hombre de clase media de Albuquerque con un cáncer terminal (Breaking Bad, 2008-2013). Solo se necesita un motivo para que nazca el antihéroe, porque todos vivimos en el gris de lo humano y lo divino. ¿Y acaso Ze Pequeño no hubiese sido un verdadero antihéroe si no hubiesen estado Bené o Buscapé para que el espectador comparase?

En este contexto, pues, la actitud del antihéroe es heroica en la medida en que consigue cambiar el mundo entero a través de la épica. Don Quijote es una figura propia de este tipo de narrativa, y también Batman. The Bride (La Novia) de Kill Bill no es mejor que Sarah Connor o Stewie Griffin. Todos ellos son antihéroes, y nos atraen porque sobreviven en un mundo que, de un modo u otro, los niega a través de la prohibición.

Stewie no quiere ser tratado como un bebé y Tony Soprano no quiere ser un estúpido vendedor de productos ópticos ni un insulso comercial que instala bombas de frío y calor. Tony Soprano no quiere ser Kevin Finnerty (Join the club, 6×02), ¿pero quiere ser Tony Soprano? En su fuero interno, el personaje se debate entre ser un don nadie o ser alguien que no le gusta; entre ser un asesino o no ser. Es Hamlet llevado a un nuevo nivel.

La vida a través de la muerte

Hasta un reloj roto da bien la hora dos veces al día.

Llegamos a un tema fundamental en la mayoría de los antihéroes que conocemos: su modo de vida no ofrece muchas oportunidades de llegar a viejos. En The Walking Dead (2010-) esto se percibe de una forma radical (y es una de las claves por las que triunfa la serie desde mi punto de vista), pero en el mundo de Tony, donde cualquier pequeño gesto que pase inadvertido puede ser tu fin, solo se presenta de un modo distinto —se mueve a otros niveles—, pero resulta igual de letal.

Nadie puede vivir con la muerte tan cerca en todo momento. Por ello, comprobamos como termina por naturalizarse, por interiorizarse y por radicalizarse. Si es matar o morir, siempre que podamos, elegiremos matar. Pero aquí no se trata de supervivencia, sino de una decisión que cambió tu vida; en Tony podemos pensar que fue unirse a la mafia, pero pudo ser algo tan simple como aceptar las acciones de su padre o la falsa premisa de que todos no somos iguales. Por mucho que un matón se empeñe en negarlo, cuando devalúas la vida de tu víctima, también afecta a tu propia vida.

¿Por qué si no matar al gordo de los Lupertazzi en un arranque de ira? ¿O un capitán de tu propia familia para vengar a un caballo de carreras (Pie-O-My)? ¿No había otra solución más que ahogar a su propio sobrino? ¿Por qué escoger guerra a cualquier precio como decide Phil Leotardo? Todo ello, no es más que la vida vivida a través de la muerte; si siempre escogemos muerte, esta terminará por parecernos la única solución posible ante cualquier situación.

Y queda un punto más a tratar sobre la muerte: la épica; la muerte es épica, vivir y morir por una causa —Héctor o Aquiles, Boromir en El señor de los anillos, Ned Stark en Canción de Hielo y Fuego— es un tema que siempre remueve algo en nuestro interior: una causa mayor, luchar contra la adversidad… Claro, con el antihéroe no pueden aplicarse en la misma medida los conceptos de bien o justicia, pero en el mundo de grises que hemos terminado por aceptar, poco nos importa, ¿o no?

En esta misma línea, es interesante hacer un apunte a la idea de Dios que tienen algunos personajes. Entre los subordinados a Tony, Paulie Gaultieri afirma que su condición de soldados les impedirá ir al Infierno: ellos son soldados, no nazis, dice Tony; si bien la mayoría de ellos, en su fuero interno, saben que Dios es la última de sus preocupaciones: si no hay nada, no hay juicio posible, piensan la mayoría; si lo hay, lo que hacemos no es tan malo —hasta el punto de permitirse dar una lección curiosa entre pecados veniales y mortales en una de las primeras temporadas de la serie—. Luego solo hay que endulzarlo, y tragárselo.

No obstante, el punto de vista más interesante se da en D-Girl (2×07), donde Anthony Soprano Jr. conoce a Nietzsche y a Camus y concluye que Dios ha muerto. La verdadera tristeza del hijo del capo de Jersey es saber que lo que ha muerto es la imagen idílica del padre todopoderoso y buena persona que él tenía del suyo propio; al fin y al cabo, todos los niños creen —o deberían creer— que sus padres son perfectos, y eso termina por acercar sus figuras hacia un dios.

Llegar a esa conclusión es mucho más peliagudo que confirmar su fe por obligación: se trata de confirmar que el mundo no es como se lo habían vendido y que siempre habrá alguien más fuerte —donde su propio padre es el arquetipo— que decidirá su destino, que le someterá e impondrá su voluntad. Aquí aparece Dios sí, pero el del Antiguo Testamento, el de las tablas de la ley y las siete plagas. Ese dios que era un verdadero hijo de puta inmisericorde.

Una espiral de destrucción

¿Qué pasó con Gary Cooper? ¿El tipo fuerte y silencioso?. Eso era un americano. Gary Cooper no estaba en contacto con sus emociones, simplemente hacía lo que tenía que hacer. Lo que la gente no sabía era que una vez que obligaran a Gary Cooper a demostrar sus sentimientos, ¡ya no sería posible callarlo!

La mafia nos gusta porque es uno de esos casos extremos. No es imposible abandonar filas, pero las opciones se restringen lo suficiente como para que, entre la incertidumbre y las dificultades, escapar de la Cosa Nostra sea más terrorífico que la cárcel o una vida repleta de crímenes. 

Además, concentra aspectos positivos, ¿no es cierto? La camaradería, el honor, la posibilidad de formar parte de algo más grande que uno mismo, de un grupo exclusivo… Incluso aunque se hayan pervertido o malentendido a lo largo del proceso de evolución del personaje, están ahí: siguen ahí. Todo junto hace que el antihéroe se perpetúe hasta el final. En otras palabras, cuando has traspasado la línea tantas veces, no tiene sentido mantenerla en el mismo punto, ¿verdad? Mejor moverla un poco hacia un lado…

Esto puede verse muy claro en el primer episodio de la última temporada (6×01 Solo para socios) donde un soldado veterano quiere salir de la familia DiMeo; se plantea retirarse, abandonar, cambiar de vida, mudarse a Florida. ¿Pero está hablando en serio? Nadie puede creer que proponga algo así, y el paripé que Tony se permite (le permite, en cierto modo) solo se debe a su rango y a sus años de servicio. Por lo demás, todo ello queda desestimado, y él termina por colgarse en casa.

Lo cierto es que nadie se suicida por perder una buena casa en la costa, pero la cárcel no solo es ese lugar que podemos tocar, ¿verdad? En nuestra vida, hay muchos tipos de cárceles; estar prisionero puede llevar a la desesperación en vida y eso no es mejor que encontrarse privado de libertad. 

Y hablando de cárceles, en el siguiente episodio, tras el disparo de Junior Soprano, Tony se enfrenta a una prisión muy distinta que le ha atormentado durante gran parte de la serie mientras murmura: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? Pero ya lo dijo el personaje de Gandolfini: no hay cura para la vida. Así que, ¿qué más se puede decir?

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