Seguimos siendo guarros (y guarras), y todavía más gilipollas

Hace dos o tres años, escribí un texto sobre las fiestas de San Fermín que no entendió todo el mundo. Muchas mujeres me dijeron que la culpa de un abuso siempre recaía en el abusador —algo con lo que estoy cien por cien de acuerdo—, pero sin entender por qué comparaba las violaciones de la plaza Tahrir, en El Cairo, con Pamplona y el País Vasco.

Sanfermines 2016 - Chica con las tetas al aire
Esto es (o puede ser) acoso sexista.

Solo puedo intentar aclarar esto ahora que, tristemente, volvemos a estar en sanfermines: no somos un país civilizado, no somos un buen ejemplo de país y, sobre todo, no somos ningún espejo en el que mirarse con respecto a feminismo, maltrato animal o acoso sexual.

Por todo ello, yo les decía (exageraba) a mis lectores y, sobre todo, a mis lectoras, que no se acercasen por ahí si no querían ser sobadas, manoseadas y hasta desnudadas y violadas, porque esta es una nación donde abundan los bárbaros, los corruptos y los gilipollas —algo que demostramos todos los días— y donde solo hace falta una excusa para el desenfreno.

Pero antes de entrar con este tema, vamos a empezar por otro igual de delicado, ¿os parece?

Por los toros y para los toros

Ayer, miércoles, las redes empezaron a llenarse de comentarios a favor y en contra de los sanfermines. Entre las distintas posiciones que se pueden tomar, una de las que más me sorprendió es la que aboga por reducir la fiesta al encierro y eliminar la corrida de toros de la tarde, donde todos estos animales son asesinados. Bueno, es un primer paso, dirán algunos, y quizá creéis que yo, que quienes me leen asiduamente saben que soy poco dado a los extremos, puedo estar de acuerdo con esto, pero no.

Sanfermines 2016 de Paco Catalán
¿Quiénes son los valientes? (La viñeta pertenece a Paco Catalán Carrión.)

En esos dos o tres minutos de encierro hay verdaderas tragedias, pocas por cornadas; en 2009, las muertes de corredores y asistentes ascendían a quince desde la primera edición registrada en 1924. ¿Pero y qué hay de los toros? No encontraremos noticias de animales que han muerto desnucados contra una pared tras un resbalón, o empujados, o vejados y arrastrados por una marea humana, sufriendo niveles de estrés elevadísimos para los que, hoy, en 2016, no podemos seguir usando aquella cantinela del no lo sabíamos.

Por los asistentes y para los asistentes a las fiestas de San Fermín

Volvamos ahora a las agresiones machistas. Un tema delicado sobre el que no voy a cometer el mismo error que en el texto que os enlazaba antes. La concejala de Igualdad de Pamplona, Laura Berro, afirmaba hace solo unas horas que alcohol y drogas no pueden ser excusa para pasarse de la raya. Ahora, movámonos de la teoría a la práctica, si os parece. Intentemos adentrarnos en una ciudad que multiplica por diez su población durante la semana de los sanfermines, y donde se bebe alcohol en cantidades ingentes a todas horas. Todos los días. Constantemente.

Chica enseñando los pechos en sanfermines
¿Y esto? ¿Esto es acoso sexista?

En aquel otro texto diferenciaba entre el poder y el deber. Por supuesto, hay cientos de imágenes de agresiones machistas en las fiestas de San Fermín, y nadie tiene derecho, sea hombre o mujer, a manosear, acosar e incluso violar a un tercero. Por ello, me parecen muy acertadas las políticas de información y control a través de la campaña Por unas fiestas libres de agresiones sexistas (buen término el escogido, además), que fomenta otro tipo de relaciones sanas: vamos, que, desde Pamplona, nadie te impide seducir, ligar y follar.

Chica manoseada en los sanfermines
¿Y esto?

Y yo me pregunto: ¿en qué categoría entran las mujeres (y los hombres) que se sacan las tetas, o se desnudan, como parte de la fiesta? ¿Dónde encajamos aquí la campaña? ¿Es culpa del heteropatriarcado?, ¿de un excesivo paternalismo institucional?, ¿del pedal que llevan esas chicas (o chicos), que no desmerece ni tiene nada que envidiar al del resto de los asistentes?

Chica enseñando las tetas en sanfermines
Ya conocéis la pregunta.

Por favor, no volvamos a esa idea antigua del es que vas provocando, porque si hay algo que debemos grabarnos a fuego es que hombres y mujeres somos iguales, pero que tampoco parezca que nacimos ayer, que una cosa es la libertad y otra cosa es el libertinaje y, paradójicamente, que puedas hacer cualquier cosa con tu cuerpo, no significa que puedas hacer lo que te dé la gana con él en cualquier contexto; al fin y al cabo, en fiestas no todo vale, porque tú, yo y la vecina llevamos una turca que a las veinticuatro horas no sabemos ni lo que hacemos, así que quizá el consistorio debería apoyar también otras dos iniciativas: el respétate a ti mismo/a y el, si no sabes comportarte, no bebas como un jodido cosaco.

Desde luego, no es mi fiesta —tanto por el maltrato animal como por el maltrato que nos asestamos nosotros mismos y a los demás—; así no, y cada vez la de menos vascos y españoles.

En fin, ¡qué flaco favor hizo Hemingway al mundo!


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