El acrónimo de la discordia

Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas.

Cita atribuida a Winston Churchill (1874-1965)

Llego tarde, pero no importa. Sigue aquí, muy dentro de todos. Y, hoy, 12 de septiembre, el mundo volverá a hablar de las Torres Gemelas y la independencia de Cataluña; mientras tanto, yo seguiré pensando en el burkini.

Si hace tres décadas, las mujeres tenían que taparse las tetas para no incomodar a los presentes —para no recordarles que eran mujeres, que tenían tetas, y curvas, y coños, pero sobre todo que, por mucho que el mundo se empeñase en negarlo, eran y seguirían siendo mucho más que eso—, hoy, tienen que enseñarlas por toda la costa francesa.

Chica vistiendo un burkini

Dicen:

Occidente no puede aceptar manifestaciones culturales o religiosas contra la dignidad y los derechos de la mujer.

No es la prenda. Es lo que representa el burkini: y si lo viste libremente peor, porque está haciendo apología de una idea que va contra nuestros valores.

el burkini es una provocación.

Tetas de plástico. Injertos capilares. Depilación láser. Saunas de bronceado. Cuerpos deformados a causa de un sobreesfuerzo en el gimnasio. Tíos con más tetas que sus madres. Un nazareno clavado en una cruz que subió al cielo. Comer carne y pescado día tras día y morir de una enfermedad coronaria. Fumar marihuana. Creer en un dios hecho de espaguetis. Una cruz en el pecho. Un pañuelo en la cabeza. Un traje de baño que cubra casi todo el cuerpo. O masturbarse con un dedo metido por el culo.

Quizá yo vea mal todo eso. O quizá no. La libertad —civil y religiosa— significa permitir que terceros hagan lo que les dé la gana, siempre que no vaya en contra de uno mismo o del resto. No es sencillo, pero tampoco es tan complicado.

Irwin (nudista, San Sebastián)
Decía el cuerpo del texto: “No es ‘ni nudista ni exhibicionista’. Irwin, un hombre conocido en San Sebastián por alargar sus paseos desnudo más allá de los límites de la playa de La Concha y circular en bicicleta tal y como vino al mundo, se define a sí mismo como una persona ‘libre’ que aplica su ‘libertad de expresión’. Las caminatas de este francés, oriundo de Hendaya, que habla un perfecto castellano y disfruta al transitar totalmente desprovisto de ropa, suelen circunscribirse a la playa y sus inmediaciones, aunque en sus itinerarios en bici atraviesa las calles céntricas de la capital guipuzcoana ante la mirada atónita de quienes lo descubren por primera vez.

Si aspiramos a la libertad, no vale decir que ellos  también imponen sus opiniones y obligan a cumplirlas. No sirve aquello de no compartir su fe, su modo de vida o sus creencias. ¿Quién eres tú para llamar puta a una mujer por mostrar su cuerpo sin complejos? ¿Y quién eres tú para obligar a una mujer a enseñar su cuerpo sin su permiso? ¿El estado? ¿Cuatro subordinados cortos de luces con una pistola?

Olvidaron que la desnudez no es solo sexo. Olvidaron que la libertad no se puede imponer; que el defecto siempre está en los ojos del que mira; que un burkini no es distinto a un piercing, a un tatuaje o a un trikini. No es distinto a enseñar las tetas, ni a desnudarse en público. Olvidaron que la libertad no hace llorar a los niños, ni atemoriza a las minorías; y que su libertad, quizá no sea la mía.

Había alguien que hubiese podido explicarles todo esto mucho mejor que yo. El nudista que se movía en bici por Barcelona: durante un buen tiempo, se paseó por el puerto y Las Ramblas. Por aquel entonces, el ayuntamiento había prohibido ir sin camiseta fuera de la zona de costa, pero no el nudismo integral, por lo que a aquel tipo tan dotado, no le preocupaba; “un día de estos, me obligarán a vestirme”, decía, y entonces citaba la famosa frase que siempre se ha atribuido, erróneamente, a Winston Churchill.

No sé si llegaría a vestirse, y se resistiría, como lo hizo Irwin, otro ciclista que se paseaba en cueros por San Sebastián y al que se le condenó a un año de cárcel. Del de Barcelona, no recuerdo la nacionalidad, pero este otro era francés, y qué vergüenza debe sentir estos días allí por donde pedalee.

burkini-tweet

3 thoughts on “El acrónimo de la discordia”

  1. Sí, tienes toda la razón. La pena es que haya personas que por culpa de las creencias religiosas no puedan ser libres de verdad. Pero al fin y al cabo ¿quién es libre totalmente?

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    1. Nadie es libre totalmente. Muchas personas, además, se ponen piedras en el camino por culpa de la religión, y muchas otras viven y hacen del mundo un sitio mejor con ayuda de su fe.

      Pero en el fondo, da igual. Para mí, el problema no es civil o religioso, es de imposición, como si nosotros tuviésemos una verdad única aquí y la libertad solo pudiese entenderse conforme a nuestras creencias.

      Bueno, al fin y al cabo, Francia o España se parecen bastante en esto, y arrastran un problema similar desde hace varias generaciones que solo parece acrecentarse con la inmigración y el multiculturalismo. Una lástima.

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  2. Y otra salva de aplausos por mi parte.
    Al respecto del burkini (por centrarme en algo concreto de tu artículo, que el tema da para mucho…) me quedo con una frase leída en varios blogs feministas que se aplica no solo a esto, sino a todas las imposiciones que se quieren hacer: ¿Acaso les han preguntado a ellas si quieren o no llevar burkini?
    Cuando haces/legislas/impones sin tener en cuenta realmente los intereses de los otros a quienes diriges tu acción/ley/imposición, suele mediar arbitrariedad.

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