Jueves de aquaplaning

aquaplaning
nombre masculino
ESP
Deslizamiento incontrolado de un automóvil que se produce cuando los neumáticos no se adhieren al asfalto a causa de la película de agua que cubre el suelo.

Ayer, casi nos matamos. Al coger la última curva hacia la casa donde vivimos actualmente, el coche hizo aquaplaning, o no funcionaron los frenos, o quizá Laura se equivocó de pedal, y bajamos con el Ford unos cuarenta o cuarenta y cinco metros de desnivel entre árboles, arbustos y zarzas. Fueron estas últimas las que evitaron un impacto, ya que nos envolvieron y consiguieron que el coche se detuviese.

Es el segundo accidente de coche que he sufrido en cinco años, y en ambos conducía ella; así que no sé si tenemos mala suerte o hay por ahí rondando un seguro de vida del que yo no sé nada, pero basta de emociones extremas por unos días. La policía local, a la que avisamos nada más bajar del vehículo, no daba crédito: eran muchos metros, casi en caída libre, y no teníamos ni un rasguño.

Mi coche, aparcado en el bosque
Por ahí anda el coche… ¡P’habernos matao!

De inmediato, examiné el camino por el que debíamos trepar, después el coche, y concluí que eso no lo sacaba de ahí ni el gruista más pintado. El resto, evidentemente, no es como en las películas: vino la policía local, nos dejó unos guantes, subimos hasta la carretera, y llamamos a la asistencia. Después, los agentes se fueron, apareció una primera grúa, nos dijo que ni de coña podía sacar el coche y que pasaba nota, y nosotros practicamos barranquismo un par de veces para vaciar el maletero, asegurarnos de que los cristales del coche estaban subidos —llovía, mucho— y recoger todo lo que habíamos dejado atrás.

Hoy, mientras escribo estas líneas, ahí sigue el coche; auguro que el servicio no entrará en la póliza como asistencia en carretera y habrá que pagar un plus para que otra grúa más grande nos rescate el vehículo; después, ya veremos qué pasa. Quizá le toque acogerse a una jubilación anticipada; quizá tenga cuatro rasguños, pero no soy optimista al respecto.

Supongo que podríamos enfadarnos, con… algo. Pero no tiene sentido enfadarse con la vida. Puedes enfadarte contigo mismo, o con tu pareja, porque esta mañana al levantarte no quedaba café en el pote. Eso sí lo puedes controlar, y es una cagada de alguien, ¿pero que un coche patine? ¿hacer aquaplaning y caer por un barranco? Eso son cosas que no puedes controlar.

Minutos antes de que la pareja de policías que enviaron desde el pueblo se marchasen, me acerqué a casa con uno de los dos: estaba cambiando el seguro del coche y había olvidado la documentación en el escritorio; en otras circunstancias, eso es multa, pero imagino que se ha de ser muy cabrón para sancionar a alguien que acaba de volar por un barranco con el coche.

Laura practicando barranquismo
Laura practicando descenso de barrancos un jueves cualquiera…

No se creían que estábamos enteros, que no nos había pasado nada, que no estábamos gritando, ni hechos un manojo de nervios… Supongo que cada cual reacciona de un modo, y yo, solo puedo hablar por mí, pero cuando vi todo lo que podía haber atravesado el cristal de la luna o con lo que podíamos haber chocado… simplemente agradecí la suerte, y tiré montaña arriba.

Abrí las puertas de la casa, y los perros salieron escopeteados al jardín; busqué los papeles del coche, y me sonreí por tener un segundo vehículo para poder movernos durante los próximos días. Además, sobre este otro coche, un jeep Grand Cherokee del año 2003, me enteré por terceros de una historia que, justo ayer, no podía quitarme de la cabeza. Después de comprarlo, el gestor le dijo a uno de mis hermanos: “¿Sabes? Tu hermano y su pareja son gente feliz: no es que se conformen con poco, es que no necesitan mucho para vivir.

Supongo que eso me vale. Me gusta. Si algo tiene que pasar, pasará, pero que nos coja haciendo aquello que queremos hacer, viviendo como queríamos vivir, y ocupados siempre en lo que nos interesa a nosotros, y no trabajando para los sueños de un tercero.

Ah, por cierto, también vino el cristalero: sin avisar; le vi a lo lejos, atizando al claxon frente a la casa, mientras esperaba recoger una muestra de un vidrio que se agrietó hace un par de semanas.

Me dijo que tenían prisa.

Le dije que acababa de tirarme por un acantilado.

No supo qué decir.

4 thoughts on “Jueves de aquaplaning”

    1. ¡Y que lo digas! Al final, como siempre que te pegas una leche con el coche, tenemos los cuellos un poco más girados de la cuenta nos dijeron en el hospital, pero no hay semana de medio asueto que no cure eso. 😉 Por lo demás, seguimos contentos del final feliz.

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