Jaggu Jaggu y la bondad

Jaggu Jaggu corre descalzo por Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán. Galopa por las calles a toda velocidad con una camiseta de manga larga o un jersey mal anudado a pocos kilómetros del mar Arábigo. Karachi, la vigesimosegunda ciudad más poblada del mundo; centro económico, portuario y comercial del país; hogar de extremos, de segregación tribal a las afueras, y de guetos, y de fundamentalismos y prohibiciones, pero también de occidentalización, de frontera social y de privilegios inimaginables para una minoría lejos de la escena, en los barrios residenciales de Defence y Clifton, donde se concentran las rentas altas.

Para Jaggu Jaggu, el océano Índico se abre a lo lejos, entre edificios viejos, y, entonces, junto a ese perro callejero que no sabe hasta dónde ha viajado su fotografía, aparece un crío de amplia sonrisa, también descalzo, y desgarbado, con unos globos de colores en la mano, como una vendedora de cerillas que abandona el cuento y aterriza en una de las muchas zonas no privilegiadas que nos lega el siglo veintiuno.

Estamos en Bahadurabaad, uno de los vecindarios de clase media que, poco a poco, han envejecido sin pena ni gloria. No muy lejos del centro financiero de la ciudad, todo el atractivo con el que el barrio cuenta es una réplica del Charminar, monumento y mezquita que, originalmente, se puede encontrar en la ciudad de Hyderabad, en la India.

Jaggu Jaggu y su amigo

El niño sonríe, posando junto al perro; ya es de noche. Alrededor, nadie se ha molestado en aparcar bien los vehículos que capta la máquina del fotógrafo, ni en limpiar el asfalto que el improvisado modelo pisa sin zapatos. Para su estatura actual, su ropa es holgada, y está sucia, e incompleta, y, aun así, pese a toda la negrura que arremete contra ellos, el niño sonríe, y acaricia a Jaggu, que ya se ha aburrido de estar quieto frente al hombre de la cámara.

Antes de todo esto, Belaal Imraan, quien se ha topado con esta improvisada escena de amistad en Karachi, ha asistido al reencuentro diario entre el vendedor de globos para niños afortunados y Jaggu Jaggu. Un reencuentro lleno de fidelidad pese a la adversidad, de juego pese al cansancio y, sobre todo de bondad y de humanidad.

Por si la sonrisa no fuera suficiente, Belaal le pregunta al niño por qué le ha puesto su ropa al perro. Imagino que este le mira extrañado por un instante, como si la respuesta fuese demasiado obvia, y contesta: «Hoy hacía frío».


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2 thoughts on “Jaggu Jaggu y la bondad”

  1. Conmovedor. Eso es lo primero que me viene a la cabeza.
    No soy un monstruo, es que los niños (humanos) no me emocionan especialmente por el mero hecho de ser niños, pero en este caso, me ha ganado. Por la sencillez adorable con la que demuestra su amor por Jaggu Jaggu.
    PS: Supongo que es un texto inspirado por la fotografía, pero ello no quita verosimilitud al mismo.

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    1. Exactamente, se trata de un texto inspirado por la foto y un par de noticias que estuve leyendo en español y en inglés. Para mí, es una de esas historias que ejemplifican a la perfección esa idea de hacer cosas buenas porque es como quieres vivir, y no (esa otra que no aguanto) de hacer cosas buenas para que te pasen cosas buenas: porque ya sabemos que el mundo no funciona así.

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