Mastín y la chica del galgo

Hace meses, quizá un año, Melisa me escribió pidiéndome un favor: prologar una novela juvenil. Le dije que sí, de inmediato. Entonces, Mastín y la chica del galgo, como se titula la novela, todavía era una historia planteada por entregas en su blog, todavía tenía que pasar por correctores, pruebas de galera y todo lo que su autora haya estimado oportuno antes de lanzar el Verkami solidario que, en 5 días, ha conseguido casi el 75 % de su objetivo. Estoy convencido de que alcanzará los 8.000 euros que necesita en un plisplás, porque se lo merece, porque cualquiera que esté familiarizado con el trabajo editorial y el crowdfunding sabe que lanzar un libro es una labor titánica y tener éxito en una campaña de micromecenazgo tres cuartos de lo mismo. Ella se ha lanzado a la piscina por duplicado y no verá ni un duro de todo este trabajo, porque toda la pasta va destinada a la protección de perros y gatos sin hogar a través de la Fundación Amigos del Perro. Yo, por mi parte, os dejo aquí el prólogo que me pidió y, de paso, os invito a aportar lo que podáis al proyecto.

Ahí va mi prólogo de Mastín y la chica del galgo:

Fue un humorista americano quien nos dejó una de las mejores frases que se han dicho sobre los perros. Ese humorista era Corey Ford, un neoyorquino que atrapó gran parte de la verdad que viaja con cualquiera de estos animales en una idea muy simple: debidamente entrenado, el hombre puede ser el mejor amigo del perro, ¡y qué indiscutible es esto! Porque uno puede entrenar a un perro, enseñarle trucos, educarle, pero si hay algo que no hace ninguna falta trasmitir a nuestros peludos es a ser buenos, nobles y fieles: no hay por qué esmerarse en que sean nuestros mejores amigos, porque eso les viene de serie.

A esta novela que tienes entre tus manos le ocurre algo similar, porque a su autora también le acompaña una sensibilidad de esas que impresionan —como defensora de los animales, como madre, como activista— y que ha sabido trasladar a esta apasionante historia que, a su vez, es una lección avanzada de animalismo y humanidad.

Melisa emuló en su blog, En busca de una segunda oportunidad, una gesta que, de algún modo, la ha conectado con Dickens, Dostoievski y Hemingway; o con el Gurb de Eduardo Mendoza, el Alatriste de Pérez-Reverte o la Mirta Bertotti de Hernán Casciari, pues también Melisa se ha atrevido a recrear una novela por entregas, que, ahora, salta a la edición en papel. Y salta para hacerte pasar un buen rato, hacerte pensar y para darte la oportunidad de apoyar el trabajo de la Fundación Amigos del Perro. Pero lo sepa ella o no, estoy convencido de que su acción va a llegar mucho más lejos, y tengo mis razones.

​Con el fin de que empieces a leer con más ganas, si eso es posible, te diré que te vas a encontrar con una historia cien por cien animalista, y más importante todavía, cero por ciento mascotera. A lo largo de la narración, comprobarás lo que supone tener un perro, los esfuerzos y las alegrías, las pequeñas cosas: enseñarle a hacer pis cuando es un cachorro y buscar consuelo en vuestros paseos tras un mal día, que él o ella siempre percibirá y se acercará a colorearlo con su presencia y con un par de lametones. También acompañaremos a Martín, el protagonista, en su lucha por demostrar junto a Logan, el pitbull de la familia, que el problema nunca es la raza, sino cómo educamos al perro, y que nuestros colegas caninos envejecen como cualquiera, y que hace falta que todos nosotros nos impliquemos hasta comprender cada una de estas cosas como sociedad.

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