Ladridos con suerte (I)

Hay una frase que escuché una vez; decía: «La suerte nunca se olvida.» Quizá el mal que han sufrido todos estos animales es atroz, o irreparable, pero es potestad nuestra el luchar para que, antes o después, o ellos, o los que lleguen más tarde, no dependan del azar para vivir una vida feliz a nuestro lado.

Como ya os comenté hace unas horas, mi intención es potenciar algunas de las posibilidades que, poco a poco, se me han ido abriendo: sea por conocer a personas estupendas, por trabajar en Conectadogs, o por publicar y encontrar a través de las letras un espacio entre tantos grandísimos/as activistas…

Por ello, entre la nueva línea (¿editorial?) que acoge el blog, la promoción de casos —y, sobre todo, cuestiones— verdaderamente difíciles de conseguir visibilización es una de ellas. Me gustaría, no obstante, que se tratase de algo inclusivo, y que también me permitáis dar el salto hacia algunos problemas sociales de gravedad, como ya hice anteriormente en Carta a mi hija Marta, Retrato de Lucía ¿Quién era José Antonio?

Esta iniciativa lleva naciendo demasiado tiempo dentro de mí, y no podía dar este salto sin acogerla entre aquellas que más ilusión me hacen; para poder dar alas a tantos otros que lo necesitan. Claro, soy el primero en saber que no podré emular cada mes aquello que hice con Caos, pero seguiré aportando mi grano de arena contra el maltrato y el abandono animal, y, a mi modo, lucharé también aquí por la tenencia responsable, por la impagable labor de las protectoras y otros centros de acogida, y por todos aquellos casos, políticas y personas que luchan por un mundo mejor[1].

Sky, de Let’s Adopt España

Sky (Let's Adopt Spain)

El nombre le viene que ni pintado, porque Sky a punto estuvo de salir volando de una forma brutal e inimaginable: alguien le atacó con una pala de obra y le seccionó el cráneo, arrancándole uno de sus ojos y produciendo una gravísima lesión en su mandíbula que afecta a sus funciones básicas. Pero sabemos que en Let’s Adopt son expertos en los milagros, y ahora se embarcan en una de las batallas más nobles que existen: aquella que pretende salvar una vida; en este caso, con una reconstrucción maxilofacial.

Marcial, en la Perrera de Sevilla

Marcial (Perrera de Sevilla)Un American Staffordshire Terrier en un mar de casos cortados por el mismo patrón: compra irresponsable, falta de un compromiso real, y quién sabe qué. Hace poco, hablaba en El caballo de Nietzche sobre el problema de la ley PPP y la masificación en protectoras y perreras; Marcial es otro caso, uno más. Un caso más en una perrera que en poco difiere a tantas otras en España: saturada, sin espacio para más animales, sin suficientes voluntarios, y, eso sí, donde siempre se agradece esa mano amiga que viene a ganarse a un cómplice inseparable.

Dálmata sin nombre (Albacete)

María Valía Belinchón me entrevistó para Onda Animal no hace mucho. Cualquiera que la escuche, se obligará a describirla como activa, simpática y muy, muy animalista; y justo por eso me quedé bastante en shock al leer sobre la experiencia de una dálmata que habían encontrado golpeada hasta la muerte en Albacete.

Dálmata asesinada en Albacete

Asesinada mediante una retahíla de golpes que le destrozaron el cráneo, la perra fue lanzada a un contenedor de basura por un monstruo que se cree humano, y la impotencia se apoderó de un barrio que el viernes pasado no daba crédito. ¿Qué nos queda más que buscar justicia por ella?

De Murdock a Medea (Palafolls)

Murdock (Palafolls)

Este hueco iba a ser para Murdock, cuya foto captó toda mi atención. Su aspecto y su historia se parecían demasiado a la de varios de mis perros —aunque sobre todo a uno— y su edad le marcaba con fuerza para lo que le queda de vida.

Medea (Palafolls)

Sin embargo, Murdock saltó hacia una casa de acogida, y si bien estas son las mejores historias, las que encuentran un poco de luz al final de la trama, de esas todavía quedan muchas por descubrir, como nos muestra Medea, que todavía sigue en la Protectora d’Animals de Palafolls; una perra extrovertida y muy cariñosa que ha sufrido sarna, anemia y un largo período de maltrato, y que no solo no guarda ningún rencor, sino que, demostrando de qué pasta están hechos los perros, da mucho más de lo que recibe. Eso es algo que no solemos percibir siempre en el día a día, pero todos aquellos que compartimos la vida con animales, lo sabemos.

Cangura sobre ruedas (Cuba)

Cangura (Cuba)

Hace un par de días, me escribió Amanda Romero un WhatsApp para comentarme que le sabía fatal, pero que no había tenido tiempo de mirarse un proyecto que le compartí en busca de apoyo. Mientras ojeaba el smartphone, mi cara parecía gritar «¡¿en serio?!» Desde aquí, y siguiendo su perfil personal en Facebook, uno sabe que la mayoría no podríamos hacer ni la mitad de lo que ella hace, ¡y, aun así, sigue intentando ayudar, ayudar y ayudar!

Por eso, a menudo leo sus publicaciones, y difícil es que no las comparta. En este caso, además, se trata de un caso atípico: una perra de once años que nació sin patas delanteras; ahora necesita un andador con ruedas y una particular de Sevilla está buscando el modo de enviárselo a su familia en Cuba. Y Cangura se lo merece; joder, sí se lo merece. Quizá los chicos de Ángeles Caídos sobre Ruedas… 


[1] Una breve aclaración: mi intención no es convertir mi blog en un espacio de difusión de perros en protectoras, sino reservar un lugar para aquellos casos que más lo necesitan o que mayor voz requieren por una u otra razón.

El animal que no sabía lo que invadía

Sobre el sentido ético de abandonar la lucha contra la hibridación en especies invasoras que se han adaptado de forma adecuada al medio

Hasta hace unas décadas, cuando los barcos de mercancías dejaban su carga en el puerto de destino, no podían volver vacíos. La logística dice que, en una economía como la nuestra, lo más racional sería cargar las bodegas y llevar otra carga hasta el siguiente destino. Esto no es algo que resulte conveniente en una economía global, sino también indispensable por una razón muy simple: cualquier barco está construido para navegar con un peso determinado, si este se modifica —sobre todo si ocurre en grandes magnitudes—, la navegación será inviable. Sin embargo, no siempre era posible: a veces, el puerto de destino, no contaba con carga que transportar hacia el siguiente, o no existían, y siguen sin existir, acuerdos mercantiles o relaciones comerciales absolutas entre países.

Para solventar este problema, y hasta que la ecología y la legislación advirtieron que algo rechinaba, se subía agua de mar a las bodegas y se viajaba hasta el destino, desechando toda esa agua y almacenando los contenedores a entregar en el siguiente punto de la ruta. No obstante, como siempre, la ciencia se percató de algo: no solo se cargaba agua de lastre en las bodegas, sino también a todo tipo de animales, plantas y microorganismos que se movían entre el Mediterráneo y el Pacífico, entre el Pacífico y el Índico y, de este, vete tú a saber a dónde. Sin darse cuenta, se había descubierto uno de los mayores problemas que la primera globalización traía: las especies invasoras.

El biólogo Álvaro Bayón escribía no hace mucho sobre la triste historia del visón americano (Neovison vison) en nuestro país; un animal originario de Norteamérica que ha supuesto un impacto enorme en el ecosistema español, tanto como depredador de especies de río y crustáceos, como competidor de otros pequeños mamíferos autóctonos; entre ellos, su primo lejano, el visón europeo (Mustela lutreola) y cuya conquista del territorio se distribuye, en especial, por aquellas zonas aledañas a las cruentas fábricas de piel ubicadas en Galicia, Castilla y León o el País Vasco, y cuyo cierre, de un modo u otro, ha llevado a la competencia y a la hibridación con otros mustélidos[1].

Visón americano (fotografía)
Un visón americano con una presa en la boca.

No obstante, esta práctica, intencionada o no, se remonta muchos siglos atrás, y los mismos romanos trajeron a la península ibérica especies que han conseguido adaptarse al ecosistema sin suponer un problema en el largo plazo, como la carpa (Cyprinus carpio) o la jineta (Genetta genetta). Así, comprobamos que, si bien jugar a ser Dios nunca trae nada bueno, a veces, tampoco trae consigo algo malo asociado, lo que no resulta excusa para seguir girando una ruleta sin premio que antes o después terminará por explotarte en la cara.

Visón americano y visón europeo (cabezas)
Comparativa fisonómica del visón americano junto al visón europeo.

Cabe preguntarse, sin embargo, si realmente somos quién para intentar arreglar un puzle despedazado al que no teníamos permiso para acercarnos. A menudo, las consecuencias de la incorporación de una especie alóctona a otro ecosistema es la destrucción de terceros que no tienen la capacidad de competir o no ser depredados por esta. En tal caso, quizá la destrucción de esa especie invasora, tenga sentido desde una óptica ecologista, que antepondrá siempre a la naturaleza como ente global al individuo como ente sintiente; sobre ello, existirá una enorme variedad de opiniones cuando estos individuos de una especie alóctona se incorporan a un ecosistema ajeno, pero Gallus gallus, una nueva iniciativa dedicada a crear viñetas antiespecistas pone el dedo en la llaga: ¿somos capaces de destruir una especie invasora que no repercute negativamente en nuestro ecosistema por las diferencias que esta tiene con la especie autóctona con la que ha empezado a hibridarse? Este es el caso de la malvasía canela, o pato zambullidor grande (Oxyura jamaicensis), que se diferencia de la malvasía cabeciblanca o común (Oxyura leucocephala) en los colores de su pelaje, razón suficiente para haber sido declarada especie invasora por la Administración y exterminada desde el año 2013.

Gallus Gallus (antiespecismo)
Tira de Gallus Gallus que explica los diferentes planteamientos del ecologismo y la defensa de los animales desde una óptica antiespecista. © Gallus Gallus

Esta política, que en el mundo animal pocos ecologistas cuestionan todavía, sería tildada de racista en nuestra sociedad, y también de injusta, donde un individuo que no afecta negativamente al entorno debe ser eliminado a causa de la prevalencia de pureza de una especie. Un concepto que, evidentemente, les «resbala» totalmente a las dos especies de malvasía.

Así, se estila la necesidad de evaluar la amenaza que las especies invasoras suponen a nuestro ecosistema, e incluso se abre la posibilidad de valorar hasta qué punto una (segunda) intervención humana no afectará y supondrá un enorme sufrimiento innecesario a esas especies y si esta tendrá sentido y cuándo; teniendo presente que la mayoría de intentos por controlar especies exóticas invasoras como el visón americano, el avispón asiático o el mejillón cebra[2] han sido un fracaso, por lo que la aprobación de nuevas medidas legislativas —como las que proponen, por ejemplo, Ecologistas en Acción— tiene mucho sentido.

¿Estamos seguros de que podemos luchar contra la naturaleza y vencer? ¿O acaso la globalización supondrá un alto coste a la conservación de la biodiversidad? ¿Estaremos obligados a hacer concesiones éticas y aceptar que conectar los cuatro hemisferios también ha traído sorpresas desagradables para las que no encontramos solución? Y, de haberla, ¿estamos seguros de que está en la extinción sistemática de estos individuos que deben pagar el alto coste de una consecución de errores humanos?

Águila calva cazando
Un ejemplar de águila calva cazando. ©Infoáguilas

De cualquier modo, la problemática de las especies invasoras se reduce a una sonrisa amarga cuando uno comprende cómo funcionan las cosas. Para ello, tengo la suerte de poder inmiscuirme en una de las disertaciones de Manel Pomarol, jefe de sección del Departament de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat de Catalunya, quien ha sido invitado a hablar sobre la tenencia responsable de especies exóticas en la Universitat de Barcelona. Nos explica que cualquier particular que desee dedicarse a la cetrería, puede poseer su águila americana (Haliaeetus leucocephalus); para ello, solo necesita una terraza de 9 m3 y asegurarse de que puede hacerla volar, una vez al año, cuando los agentes rurales lo soliciten.

¿Y si escapa o, simplemente, no vuelve?, pienso. Aunque la verdadera pregunta es qué carencias tendrá alguien que necesita esclavizar a un águila calva.

En algún punto de su discurso, él contesta la pregunta sin necesidad de haberla formulado:

—Deben estar debidamente identificadas; pero si escapa, y, sobre todo, si cría, matamos al ejemplar, y a los híbridos —dice.

Y entiendo lo que dice, y por qué lo dice, pero me parece irresponsable, y también repugnante.


[1] Por su cercanía de parentesco, las tres especies más similares de mustélidos son el visón europeo (Mustela lutreola), el visón americano (Neovison vison) y el turón (Mustela putorius), que, a simple vista, cuentan con más parecidos que diferencias.

[2] En Cataluña, la eliminación sistemática de cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) y del cangrejo señal o del Pacífico (Pacifastacus leniusculusestán) ejemplifican uno de estos debates entre ecologismo y antiespecismo, donde, hay que tener presente que el cangrejo «nativo» (cangrejo de río o cangrejo de río ibérico) también es una especie alóctona (concretamente, italiana), pero bien adaptada, y que, si bien se debe concienciar y educar para evitar el problema de las especies invasoras, puede resultar complicado luchar contra viento y marea frente a muchos de estos problemas de carácter medioambiental que debería tratar la Administración.

Enlaces relacionados:

  • Catia Faria (2012). Muerte entre las flores: el conflicto entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos. Viento Sur, Núm. 125. Recuperado de: http://bit.ly/2sro0CL

Hacer más mal que bien

Hace poco, estuve a punto de conocer al famoso Rey Chatarrero. Al final, aquello no se materializó, y después ha debido cambiar de número de teléfono, porque ahora la compañera que contactó con él, no lo ha podido volver a localizar. ¡Qué sé yo!

Con tanto trabajo, esto me volvió ayer a la cabeza, y lo hizo de una forma «graciosa» que he creído que puede ser interesante comentar en el blog: a través de un artículo que, estos días, ha conseguido volar mediante las RRSS; su título: El circo mediático del animalismo; un texto que critica al (ya) famoso Chatarra’s  y su nuevo programa en Cuatro: A cara de perro.

A cara de perro (Cuatro)
Imagen promocional del programa A cara de perro (Cuatro, 2017)

Un artículo, ante todo, interesante, que trata muchas cuestiones relevantes para el animalismo —maltrato y explotación animal, especismo, bienestarismo, veganismo, etcétera—, pero que cojea en la base. A grandes rasgos, el autor nos habla de por qué es erróneo emitir un programa como este, donde su protagonista se preocupa de los perros, pero no de los cerdos o de las gallinas; de por qué es erróneo escoger al Rey Chatarrero y no a una persona que aglutine los principios del movimiento de liberación animal; y, sobre todo, de por qué tenemos que luchar contra personas que perviertan el mensaje que él considera que defiende el animalismo.

En ‘El circo mediático del animalismo’, López comenta:

«Cuesta imaginar un mejor ejemplo para ejemplificar el grado de desconexión existente entre el mundillo académico que argumenta los Derechos Animales y la gente con su desconocimiento absoluto acerca de qué se postula.»

Parece evidente que ese error no es (únicamente) del público general, sino del mundo académico, que no ha sabido cómo llegar a este, y que, a falta de una crítica (tardía) de su propio discurso, se ha encontrado con un muro difícil de superar.

Pero, ¡sorpresa! El texto fracasa en la aceptación de la definición más simple y, a la vez, más compleja de todas las que allí aparecen: ¿qué significa ser animalista?; ¿qué es el animalismo? El animalismo es la lucha por los derechos de los animales —donde, por contexto, entendemos que se trata de animales no humanos—, un movimiento que, ni el veganismo, ni ninguna corriente de pensamiento puede apropiarse, porque pertenece a la esfera de la individualidad tanto como a la colectiva.

antitaurinos
Eslogan perteneciente a la lucha antitaurina.

Cuando acogemos la teoría de este breve discurso y abstraemos el concepto «vegano» del concepto «animalismo», la rueda sigue girando. No chirría por ningún sitio: hay personas que se consideran animalistas y veganas, y hay personas que se consideran animalistas y no veganas. Otra discusión muy distinta serán los sesgos de pensamiento y las contradicciones que podemos hallar en los esquemas mentales de esas personas —spoiler: todos tenemos disonancias cognitivas—, pero, en ningún caso, una persona que sea animalista tiene, por definición, que ser vegana. La explicación es simple: animalista es una idea mucho más amplia que vegano, que se circunscribe a una moral mucho más estricta.

El animalismo es una representación tan amplia como carente de sentido a causa de la suma de definiciones colectivas, que nos sirve para definir al «amante de los perros y los gatos que come carne de otros animales» tanto como al bienestarista que no quiere ningún tipo de cambio más allá de una «cómoda explotación» y al partidario de la liberación animal. Y voy al principal tema que, para mí, rebate el artículo anterior; algo así: «Si quieres cambiar el mundo, sal al mundo.»

¿Y si lo que hacemos, de la forma en que lo hacemos, no funciona? Es muy tentador creer que un libro de Melanie Joy o una ponencia de Gary Francione son el único camino, pero no lo son, y no están funcionando. Puedo comprender las reticencias de pervertir el concepto de un mensaje para llegar a más gente, pero… en lenguas vernáculas: hay que tener unos «cojonazos» para decirle a la gente que ellos no son animalistas, y que tú, y los que piensan como tú, son los únicos animalistas que existen y que pueden llamarse animalistas.

El Rey Chatarrero y yo debemos tener una ética muy distinta, pero yo no puedo decirle a otra persona que pretende ayudar a los animales, que se equivoca, que no ayuda a los animales y que es un impostor (¡ni yo, ni nadie!). Porque no lo es; él es un animalista que lucha por algunos animales, y yo soy un animalista que lucha por todos los animales. Como activistas, es legítimo intentar convencer de nuestra forma de vida a un tercero, pero no podemos imponerla como verdad absoluta, y tampoco deberíamos creer que sería legítimo hacerlo aun con tal potestad.

Un gran grupo, a quien sólo le preocupan los «peluditos» o confían en las regulaciones legislativas por inculcación institucional, defiende todo esto apelando a que visibiliza la injusticia. Yo agregaría que tanto la hace más visible como la pervierte aún más. Transmite una ideología que no debieran ser el estándar de una sociedad civilizada.

Extracto del artículo “El circo del animalismo”, de A. López

Blanca, una buena amiga que también practica kendo, trabaja desde la Universidad Autónoma de Barcelona en cuestiones de inclusión social desde un marco feminista y multicultural; y le jode mucho, pero mucho, que le digan que una chica musulmana que sigue el hiyab no puede ser feminista. Siempre dice: Nudity empowers some. Modesty empowers some. Different things empower different women and it’s not your place to tell her which one it is.

Liberación animal (imagen)
Eslogan que defiende la vida de todos los animales junto a conceptos como el veganismo y el antiespecismo.

Y qué razón que tiene. Javier Roche boxeando y salvando la vida de cientos de perros llega a unos chavales; yo, escribiendo, llegaré a otros; quizá sea el rap, o el trabajo en una protectora, o una visita al matadero lo que consiga ese «clic» en terceros; quizá él tiene más éxito, quizá no. De lo que sí estoy seguro es que sea en el Palacio de la Chatarra, sea en A cara de perro, no está en manos de nadie decirle cómo debe definir su individualidad. Quizá Roche no sea el animalista que a nosotros nos gusta, pero hace falta valor para decirle a ese tío que no es animalista, porque uno puede diferir en el fin último, e intentar convencerle de nuestra verdad, pero no en el sentimiento que le mueve, y que brota bondad en todo lo que hace.

A veces, queremos luchar por un cambio, pero cuánto nos cuesta poner los pies en el ring o en el tatami. De eso, yo sé de lo que hablo, y el Rey Chatarrero también.

¿Cuál es el crimen aquí? ¿Enviar un mensaje segmentado a través de la televisión? ¿No es esto acaso una excusa para hacerlo mejor? Donde encontrar nuevas vías de comunicación, nuevos espacios donde debatir sobre el animalismo y luchar contra la invisibilización del modelo. ¿Acaso creemos que todo el mundo es consciente siquiera de lo que significa «especismo» o «bienestarismo»? Porque ya os adelanto que no, que fuera del ámbito académico, nadie sabe a qué aluden estos conceptos; ahí es donde tiene que saltar el mensaje: hacia los mercados, las calles, y el público general. A veces, queremos luchar por un cambio, pero cuánto nos cuesta poner los pies en el ring o en el tatami. De eso, yo sé de lo que hablo, y el Rey Chatarrero también.


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Thor y la libertad

La semana pasada hablaba con Melisa Tuya sobre el sacrificio cero. En paralelo, contactaron con uno de mis (nuevos) compañeros de trabajo desde Karma Animal, en Madrid, para presentarnos a Thor, a quien nos resulta imposible acoger sin el centro, y quizá, aun con el mismo, ¿pero quién sabe?

Thor es un PPP: un perro potencialmente peligroso por ley; porque su cabeza es grande y su mandíbula ancha y fuerte, porque tiene el pecho ancho y su cruz, o su tórax, superan un número que marca un papel; porque es musculoso, o de pelo corto, o con un carácter fuerte, que no fiero. Thor es un PPP, porque lo dice un folio que duerme en un cajón: eso es todo. Thor no tiene problemas: no es agresivo, no tiene miedos, es un perro perfecto; solo es un perro mestizo de American Staffordshire terrier.

Thor (Karma Animal, Madrid)
Thor es uno de los perros que buscan adoptante desde Karma Animal.

Días más tarde, Melisa publicaba un artículo sobre los cambios legislativos actuales (principalmente, el sacrificio cero en protectoras) y cómo estos solo son una parte de la solución, y también presentaba a Thor, a quien descubrí participando en una sesión del gran equipo de Fotopets, cuyo proyecto seguro que os entusiasma también.

El sacrificio cero es una medida que se está extendiendo y que implica no sacrificar a los animales abandonados salvo por razones humanitarias, por estar enfermos y sin esperanza. Y bien está que se imponga ese modo de obrar. Pero el sacrificio cero sin medios, sin una dotación oportuna, corre un riesgo elevado de acabar traduciéndose en un encierro de por vida para muchos animales, sobre todo para aquellos como Thor.

‘El sacrificio cero no puede suponer el encierro de por vida para perros como Thor’, por Melisa Tuya en ‘En busca de una segunda oportunidad’

El caso de Thor, y de muchos otros perros con problemas, es uno de los campos de batalla que me he autoimpuesto. La principal razón es que no se han puesto medios de ningún tipo: se ha cedido a una petición popular totalmente legítima, pero no se ha buscado el modo de hacer que esta sea viable.

Hay tres grandes motivos que hacen que, hoy, el sacrificio cero sea una cadena perpetua para miles y miles de perros. El primero es el más simple de todos: no hay verdaderos cambios legislativos ni aumentos en las partidas del presupuesto, por lo que no hay forma de aumentar los esfuerzos de sensibilización, tenencia responsable o educación canina. Esto parece una nimiedad, pero, a grandes rasgos, encontramos protectoras masificadas que no tienen forma de ofrecer una mínima calidad de vida a los animales y ayudarles a vencer los problemas que les llevaron hasta ahí. A menudo, ese problema no es innato en ellos, sino adquirido (ansiedad, miedo, agresividad…); otras, es ajeno al animal en sí, y debe trabajarse para concienciar dentro y fuera de las rejas de un chenil.

Asimismo, tampoco se ha tratado la cuestión de los PPP; perros que, por ley, deben estar solos en el chenil, y que los seguros, y los bozales, y los cuidados que debería contemplar cualquier (mal llamado) propietario/a responsable, se imponen en ellos como un estigma, que los lleva hasta allí más fácilmente, si cabe. Hacia centros que se desesperan sin saber cómo van a acoger más perros en ciudades como Madrid o Barcelona, y sobre los que, no hace mucho, me hablaba, con desesperanza nacida entre cifras, Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity.

Manifestación contra la Ley PPP
Manifestación convocada por el grupo Unidos en apoyo a las razas PPP durante el pasado marzo por un cambio de ley.

Por último, hay demasiados abandonos. Demasiados. Alrededor de 107.000 en este 2016; un problema para el que las soluciones son, hasta la fecha, parches que no arremeten contra la raíz del problema, que no juzgan ni condenan con la fuerza que demanda un gran porcentaje de ciudadanos, y que deja a la Administración como un organismo que, pese a la enorme presión popular, sigue haciendo oídos sordos.

Un perro no posee pensamiento abstracto. No puede proyectar su mente hacia el pasado ni prever su «yo» futuro; para él, la felicidad es el instante, y el instante es todo lo que conoce. Por ello, cuando un animal queda recluido tras las barras de un chenil, es imperativo que sepamos que es la única opción, la última opción, y que esa opción siempre será la mejor arma que blandimos para luchar con uñas y dientes por un futuro feliz que él no puede imaginar.

Penalizar el sacrificio e instaurar una condena eterna de tristeza, estrés y sufrimiento dice muy poco de nuestra humanidad; dice que queremos rehuir la culpa, pero que somos demasiado cobardes para conseguir que todos esos perros puedan vivir a través de los instantes de felicidad que nosotros les imaginamos. O, por lo menos, para buscar el modo de conseguirlo y pagar el precio, que suele ser el más bajo de todos: vil metal tan solo, que mueve mundos, pero no conciencias.


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Una educación por ley

A inicios de 2016, saltó a los medios una noticia dantesca. Dos chavales, de diecinueve y veintidós años, se habían dedicado a saltar encima de casi un centenar de lechones de la explotación ganadera donde trabajaban. Murieron setenta y ocho cerdos que contaban con una semana de vida. Ocurrió en Almería.

La Junta de Andalucía abrió juicio en septiembre —sí, en septiembre— y el fiscal propuso una multa de 4.740 euros por las pérdidas ocasionadas a la empresa, que la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA) ha intentado que se incremente en su cuantía.

Lechones con pocos días de vida
Fotografía de unos lechones con pocos días de vida.

El vídeo de WhatsApp es esperpéntico, pero no más que uno que me llegó no hace mucho donde un tarado seccionaba la cabeza de un cerdo de un único machetazo, o el de aquellos adolescentes murcianos que mutilaban y torturaban perros y gatos adoptados repartiéndose las tareas entre los miembros de su pandilla.

En la década de los 80, Alan Felthous, experto en psiquiatría forense, llevó a cabo varias investigaciones que mostraban de forma consistente cómo detrás de las agresiones a personas había, en muchas ocasiones, una historia de abuso a animales. Sus trabajos, realizados con hombres especialmente violentos internados en las cárceles de EEUU, así lo confirmaron.

«La crueldad con los animales es un grave signo de alarma psiquiátrica», empiezan a advertir los medios, y la doctora Núria Querol, quien vive entre España y EEUU por su trabajo, lo afirmaba frente a mí hace solo unos meses. Siempre ha sido un signo de alarma psiquiátrica: los grandes psicópatas de la historia —Albert DeSalvo (El Estrangulador de Boston), Kip Kinkle o Ted Bundy, fueron tres ejemplos en mayúsculas— siempre han iniciado su actividad delictiva cometiendo todo tipo de barbaries con animales de una especie distinta.

Kip Kinkle (1982)
Antes de asesinar a sus padres e incendiar la cafetería de su instituto —donde murieron dos alumnos y resultaron heridos otros veintidós—, Kinkel decapitaba gatos y viviseccionaba ardillas, según había confesado, e incluso hizo explotar a una vaca con petardos.
Los testigos del asalto afirmaron que parecía que lo hacía cada día, «y lo hacía cada día, pero nadie le tomaba en serio, porque sus víctimas tenían cuatro patas» agregó un columnista del Denver Post Chuck Green.

Esta es la razón principal por la que el FBI cambió, en 2016, la calificación de los delitos de maltrato animal a clase A, junto al homicidio o el asalto; y está muy claro que, dentro de esta tendencia creciente de lucha por el bienestar animal, hay un rescoldo de interés político, pero también ciudadano; se comprende que el maltrato animal no es natural, y que, a menudo, es reflejo de graves trastornos de la personalidad.

Mientras tanto, aquí, en España, seguimos pensando que son cosas de críos movidos por la curiosidad, sin comprender que un niño de cuatro o cinco años que todavía no ha desarrollado por completo su empatía no puede extrapolarse a unos adolescentes que se ríen y disfrutan amputándole las piernas a un perro o saltando hasta partir por la mitad a un cerdo, a una oveja o a cualquier otro ser vivo.

Falla la educación, que no entiende que, a menudo, no se trata de acciones inocentes, sino de la manifestación de trazos negros que no siempre dormirán dentro de esos chicos, y falla la ley, que no ofrece un marco en la que la primera pueda solidificarse; porque deja en libertad a un hombre que mata a palos a un caballo de carreras, o la emprende a patadas contra el perro del vecino, o comete cualquier tipo de barbaridad por negligencia o maldad; y aquí la ley debe empezar a desgranar quién es un verdadero peligro para el resto de sus congéneres y quien, simplemente, es un malnacido: nos sorprendería ver que casi hay tanto de lo primero como de lo segundo,  pero todos dormiríamos más tranquilos, más seguros y más en paz.

Por eso, un periódico de los de verdad, de papel, descansa a mi derecha mientras escribo estas líneas, y doblado por la mitad me inspira en la redacción; hay un titular que dice así: «Petición de cárcel para el agresor de dos lesbianas que se besaban en Barcelona», y se piden dos años de cárcel para tres hombres —otros dos escaparon a la carrera— que agredieron a dos personas que se querían; porque la ley no regula; porque no entendemos que la ley debe regular, y la educación debe asistir, y enseñar, y educar; porque no seré yo quien se atreva a decir que solo hay un tipo de educación , y por eso mismo está la ley.

Pareja (Eixample)
Fotografía de una pareja paseando por el Eixample que ejemplifica la noticia en La Vanguardia.

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