Hacia los treinta y… más

Ya os lo dije. 31. Esa edad donde mucha gente continúa diciéndote que ahora llega lo bueno (seguro que sí) y otros tantos te miran pensando en que cada vez te vas más lejos: ¡vosotros también envejecéis, desgraciados!

De cualquier modo, confieso que no es un tema que me preocupe. Mi madre dice que espere otros treinta años, que cuando la alcance, quizá cambio de opinión, pero también me ha enseñado lo importante que es vivir el presente. Así que siempre me ha parecido un poco estúpido preocuparse por el mañana. Llegue cuando llegue, si es que alguna vez lo hace en realidad.

Javier + Harley + Laura
Laura y yo con Harley en Erick, Oklahoma.

Antes de ayer, Laura vio en Facebook una foto con Harley, el rey de los rednecks, y me taladró la cabeza durante medio día sobre vender lo que hay de valor por aquí (poco) y volver a recorrer la 66, pero bien, con un coche de esos que cuestan cuatro duros y parece que vayan a explotar en cualquier momento, o a dos ruedas. Pero Laura también quiere viajar a Japón, y visitar media Asia, y volver a Londres, y a Frankfurt, y vete tú a saber dónde. Le enseñé unas notas viejas con historias que inventé en nuestro viaje por Norteamérica, prometí, y conseguí cambiar de tema. Lo que le ocurre a Laura con los viajes, yo lo vivo entre las letras, y esa es mi mejor defensa.

Después, seguí el consejo que me había dado mi madre ese mismo día por teléfono, y trabajé poco; trabajé solo en lo que quise trabajar —en un artículo para este blog y un par de proyectos de los que aún no puedo hablar demasiado—. Hoy por hoy, estoy escribiendo dos libros muy distintos entre sí: una guía que también es novela, y un larguísimo ensayo que aspira a ser algo más.

Durante buena parte del día, jugueteé con esa ácida ambivalencia: los treinta los hice entre Harlem y el Bronx, en los escenarios domesticados de aquellas películas míticas de Paul Newman o Robert de Niro, como Fort Apache: The Bronx o A Bronx Tale. Días después me movería hacia Chicago, y de ahí, a decenas y decenas de pueblos, y unas pocas grandes ciudades dentro y fuera del camino. Durante un mes, fuimos nómadas.

Trescientos sesenta y cinco días más tarde, al despertar, lo hice en un bosque. Un bosque cualquiera donde alguien plantó una casa donde ahora vivimos, entre perros, y gatos, y pájaros, y plantas, y bichos…  Pensando en ello, leí un rato al sol, y me largué a entrenar a Barcelona. Esa tarde nos reunimos ciento y la madre en el dojo, y me dieron una de esas sorpresas —que ya es más tradición que sorpresa— de las que amenazan con acabar contigo.

Terminé visitando a la familia y revisando juntos algunas fotos de nuestro primer gran viaje, saboreando la idea de poder volver a salir disparados hacia algún otro lugar. Y recibí un regaló muy especial, que formará parte de la mitad de mi nuevo proyecto de vida: Conectadogs, algo difícil de explicar, que complementará los días de escritura que, hasta el Nobel, todavía no llegan para pagar por sí solos el alquiler. Pero sobre estas cosas hay mucho que hablar, por lo que mejor la próxima semana, cuando despegue.

Volví a casa. Al bosque. ¿Cómo ibas a comparar? ¿Barcelona? ¿Nueva York? ¡Sinatra no tenía ni puta idea de cómo vivir! Así que, una vez resuelto el dilema, me fui a dormir agotado.

Dana, Argos y Foc (lowpoly)
Retratos de Dana, Argos y Foc en estilo poligonal o low poly

Textos que dejan huella (I)

Me gusta la sensación de no saber qué escribir aquí la próxima semana. Si lo supiese, si llevase un calendario con todo lo que quiero publicar, estoy convencido de que escribiría menos. Es genial ver una noticia en el diario, como ocurrió hace unos días con el autobús de Hazte Oír, y pensar: “Sobre esto quiero dar mi punto de vista en algún sitio.” O que las cosas salgan bien, mal, o regular, y puedas venir aquí, darle tres vueltas de tuerca y aceptar que tu padre está muerto, que no tienes un trabajo medio normal, o que un Fulano te ha consultado en el bar sobre su posible suicidio. Un blog se arriesga a no funcionar si depende de este tipo de historias —y mira que soy propenso a caer en ellas, o aficionado, ¡qué se yo!—, y tampoco puede pervivir si no encuentras paz entre tus demonios.

Fotomontaje autobús Hazte Oír (piña)
Uno de los muchos fotomontajes del autobús que corren por Internet.

Por eso existen este otro tipo de textos entre las columnas de opinión y los ensayos animalistas, por eso aquí también se habla de cine y de televisión, por eso, os relato sueños e historias, y, hoy, recomiendo otros artículos y otros blogs también. No sé cómo surgió esta idea, ni cuándo, pero a medida que le he ido dando vueltas, me ha parecido que tenía más y más sentido.

Locura documentada

Entre mis nuevas aficiones de las que apenas he hablado están los documentales y las ponencias TED y TEDx, por ejemplo. Y lo comento porque sigo buscando la forma, y sobre todo, el tiempo de incluirlas aquí. Mucha gente todavía mantiene una visión tradicional del documental explorador típico de los mediodías de La 2: de imágenes evocadoras y exóticas unidas a un discurso plano que, antes o después, se acompañaba de horizontalidad corpórea en el sofá.

Los documentales, hoy, se remueven entre las individualidades en busca de una objetividad total inalcanzable; nos explican la crisis mundial, y la que aún arrastramos en casa; también cómo funciona el mundo, y los mercados a través de un discurso propio, y muchos de los problemas que enfrentamos a nivel de sostenibilidad, de ecologismo o naturaleza, que mucho han cambiado desde aquellos documentos preciosistas de los noventa.

Supongo que el compañero Eugenio Fernández, de Nasua, tiene mucho que ver con este nuevo planteamiento que brota aquí. Y podría decir que se debe al hecho de tratar algunos de estos grandes documentales en su propio espacio (10 grandes documentales que deberías ver), pero creo que no es exactamente eso. Más bien se trata de la filosofía que hay detrás, esa que nos dice que hay nuevos medios, y nuevas formas de narrar, y que se puede crear un texto divulgativo de ciencia hablando de El Rey León (os recomiendo que leáis su artículo sobre La biología tras ‘El rey león’).

También os pueden interesar estos documentales: 

Solo sé que no sé nada

y ahora no sé qué es la virtud; tú quizás lo sabías antes de hablar conmigo, pero ahora eres ciertamente igual a uno que no sabe.

Menón, Platón

Asimismo, tras el primer mes en el posgrado que estoy cursando sobre Conocimiento del Mundo Animal,  han salido muchísimos temas de interés relacionados con biología, etología, bienestar y maltrato animal, antrozoología, e incluso investigaciones relacionadas, de algún modo, como las del profesor Jack Schultz sobre la fisiología de las plantas, quien afirma que las plantas tienen sentidos, como ya adelantaron Bird y Thompkins en La vida secreta de las plantas: una obra que también saltó a los medios audiovisuales a través de la BBC.

Las plantas crecen siempre
Fragmento de una viñeta de Pictoline (aquí completa) sobre la naturaleza de las plantas.

Como esperaba, junto a mis compañeros (en realidad, compañeras, por goleada), me he sumergido en sesiones muy heterogéneas donde siempre nos falta tiempo y ya han surgido cuestiones sobre ética y alimentación, que me han llevado hasta artículos muy recomendables publicados en este último mes, como la entrevista al catedrático Miguel Ángel Martínez-González, experto en dieta mediterránea, que apareció hace unos días El País Semanal; el trabajo de la Cátedra Fundación Affinity o el alucinante proyecto la doctora Núria Querol con el FBI que conecta cuestiones de antrozoología, psicopatías y maltrato animal.

También os puede interesar: 

Se trata de algo que no tiene fin, y que, a veces, gusta de ser ligeramente anárquico y caótico, imagino. Y será, porque mientras termino este extraño artículo, Suani, una amiga mía que siempre está sonriendo, me comparte un texto que ha publicado El Mundo hoy (La pesadilla de las mascotas, de Ana Barrio); lo leo cafeteando, y niego varias veces de forma involuntaria. El artículo no solo es terriblemente especista, aunque ella no lo sepa, sino que, a su vez, aboga por el maltrato animal desde la inconsciencia; aboga por la irresponsabilidad, por el consentir, por la ausencia de asertividad, y de empatía; y no solo con los «bichos», sino también con sus hijos. Pero ese artículo requiere una réplica en toda regla, o algo similar, puede llegar mañana, o pasado, lo que sí está claro es que hay algo que aquí, y en otros sitios*, estoy haciendo bien, y sonrío por un instante.


* Esta semana, El caballo de Nietzsche ha publicado mi primer artículo de opinión como colaborador. Se titula Todo el odio es odio, y rescata las opiniones del escritor y columnista Quim Monzó sobre el feminismo animalista y por qué yo sí creo que ambas cuestiones se encuentran íntimamente relacionadas. ¡Os invito a leerlo también!

Abrir una caja que ya estaba abierta

En la casa de Zeus había dos jarras, una encerraba los bienes, la otra encerraba los males.

Ilíada, Homero

Hefesto forjó a Pandora por orden de Zeus. Pandora fue la primera mujer: la Eva ateniense, la madre, y la causa de todos los males del mundo, según la mitología clásica. Esto ocurrió después de que Prometeo traicionase a Dios por los hombres, tras el hurto del fuego, y de que Zeus encontrase el modo de vengarse del titán.

Lo hizo a través de Pandora, mujer de su hermano, quien recibió, como regalo de bodas, un arma de doble filo: una curiosidad divina y la vasija que portaba todo el mal del mundo. La historiografía convertiría al recipiente en una caja, pero en su interior, se mantuvo la condenación eterna y un poso de esperanza.

Pandora, de J. J. Lefebvre
Pandora, de Jules Joseph Lefebvre (1836-1911)

Sin embargo, aquello que no querían asumir los hombres de la Antigüedad es que el mal campaba a su alrededor por una única causa: la suya propia. Eran sus congéneres aquellos que se condenaban entre sí, que elegían el mal por encima del bien, y la espada a la pluma. Siempre fue más sencillo crear un Edén imaginario que destruir, y antes, a una mujer —siempre a una mujer— que trasladaba todo el destino de los hombres entre sus manos.

A menudo, mucha gente me cita la expresión «cajón de sastre» para referirse a este blog; argumentan que el título no termina de englobar todos los temas que trato —lo sé— y sus categorías son demasiado heterogéneas para enviar una idea unívoca, como muchos otros hacen. Yo prefiero ver este espacio como una caja de Pandora, donde se esconden miedos, errores, faltas e incluso golpes, pero que miles de años después, sabemos que nunca están en el recipiente, que nunca lo estuvieron, sino que pertenecen a nuestra realidad.

En las últimas semanas, llevo dándole vueltas a varios temas. Una de esas preguntas recurrentes era: ¿hacia dónde mira este blog, y hacia dónde debería hacerlo? Mi respuesta es que no hay blog, sino caja; un constructo teórico que no existe y, a la vez, mientras esta se encuentre cerrada, contiene todo un universo en su interior.

Pero debemos ser personas adultas, bebemos de miles de años de historia tras la caída de los imperios clásicos, y tenemos la obligación de impregnar a ese mismo relato de la madurez suficiente para entender que no hay dentro y hay fuera, sino males intrínsecos en nosotros mismos, en nuestros actos, en sociedad, y que ni dioses ni titanes tienen relación alguna. La caja puede ayudarnos a entender el mundo, pero, como mucho, solo contiene el mundo en la medida en que este la contiene a ella. Y, entonces, ¿a quién culpar?

Eva Prima Pandora, de Jean Cousin el Viejo
Eva Prima Pandora de Jean Cousin, el Viejo (1490-1560)

Hay una última idea que me gustaría tratar, y es que la caja es mía. Me ha costado mucho entenderlo, pero el minimalismo —o quizá individualismo— de un blog personal solo es comparable con un ápice de egoísmo necesario. Los males que hay en su interior, aquí, son míos, y también la esperanza, que duerme en el fondo, pero sois libres, y estáis invitados, a seguir compartiéndolos. ¿Qué quiero decir? No tengo del todo claro si lo sé. Sé que el blog cambiará en este 2017, porque debe hacerlo; planteo ese cambio como una ampliación, una redistribución, un nuevo capítulo… Mantendrá el corazón, pero crecerá, como ya lo hizo antes; como ya lo ha hecho. ¿Hacia dónde? Bueno, pronto lo veréis.


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Primeros pasos en este 2017

Llevo unos días un poco desconectado de todo. Sigo escribiendo, pero no termino de ver qué dirección tomar: con vosotros, he de ser sincero. Ahora mismo, me muevo en tres frentes: el posgrado, que empezó hace un par de semanas, un aumento en lo que a colaboraciones en otros medios se refiere (prensa, blogs especializados, etcétera) y la publicación de la novela.

La novela no encaja en el proyecto editorial de Diversa Ediciones (misterios, vida sana, conciencia, espiritualidad…), así que no he querido ponerles en un compromiso; por el contrario, puede funcionar a través de una editorial veterana de la que me declaro bastante fan de su catálogo, así que, a mediados de enero, envié una propuesta. No diré a cuál, evidentemente, puesto que no me parece correcto mencionaros cuántas veces rechazan la historia de Caos; si la aceptan a la primera, os los explicaré entre saltos de alegría, pero no suele ser algo habitual en el sector. Toca agarrarse los machos, pero con paciencia.

Caos, en Cala Blava
Caos, en Cala Blava (Llucmajor, Mallorca).

Sobre el resto de temas, la cosa promete. Me he tomado bastante en serio el reto de los cincuenta y dos relatos para este 2017 (¿no os parece un modo cojonudo de practicar con otros temas y estilos?); además, estoy intentando mover algunos de mis viejos artículos más filosóficos y audiovisuales, y otros tantos de nueva creación, hacia distintos medios; y colaboraré en Nasua, BlogSOStenibley, muy probablemente, en El caballo de Nietzsche —gracias Ruth, por dejarte comer la cabeza por un servidor— en próximas fechas.

Por lo demás, todo sigue igual. Estoy terminando de adecentar la página web (jruiz.es) para aquellos que queráis pasaros por ahí o echarme un cable, y añadiendo algunas novedades —por ejemplo, comprar De cómo los animales viven y mueren desde la página, y si queréis alguna dedicatoria por si un día podéis intercambiar mi firma por un par de cervecitas o un cambio de aceite, se puede hablar—. Quienes también visitáis la otra página, habréis comprobado que es más un portfolio que otra cosa, y así seguirá siendo, porque prefiero la comodidad del WordPress propio por aquellos lares, y poder seguir dejando el blog tranquilo, y sin demasiadas cosas extra (tienda, etcétera). De cualquier modo, en obra, podéis descargar algún viejo manuscrito, leer fragmentos de textos nuevos y comprar obras completas.

Logo Conectadogs
Este logo es el culpable de mi menor dedicación a este blog… ¡Pero ya os contaré, que va para largo!

En definitiva, intuyo la dirección que están tomando las cosas, las aportaciones a otros medios que me gustaría hacer (y creo que sé lo que tengo que hacer para seguir dándome a conocer: que mis ahorros no son eternos) y cómo la narrativa y el animalismo pueden dar forma a un todo. No sé cómo describirlo mejor, así que os dejo este fragmento, sin fecha, que me encontré garabateado en un papel por mi escritorio, pero que describe muy bien estas semanas.

La escritura y la mentira

Cada poco, alguno de los perros se acerca a mí o me mira de reojo. Yo entiendo a la perfección lo que me están diciendo: «Deja de forzar las cosas; vamos a dar una vuelta; despeja las ideas.» No te creas que no sé lo que traman: por un lado, quieren pasear un buen rato antes de que salga el sol; por el otro, se preocupan de lo que se tienen que preocupar, y se asustan cuando se tienen que asustar; ni en el pasado, ni en el futuro. Son bastante más inteligentes que nosotros.

Pero yo no soy tan listo ni racional. Así que, con un café que se ha hervido entre las zarpas, sigo tecleando en el ordenador portátil mientras el sol de febrero empieza a quemarme el cogote y el aire me susurra que me vuelva a trabajar dentro de casa de una puta vez; que parezco gilipollas, y que estamos a ocho grados.

La escritura. Da un miedo terrible, la escritura. Cada mañana vuelve a convertirse en el mismo vórtice de incomprensión que desentrañar a tu alrededor; eso que nunca será lo suficiente serio para que una madre esté tranquila (aunque ahora diga que sí); eso que es demasiado inmaterial para que los compañeros te tengan en consideración; eso que no sabes si, en realidad, arrojará algún beneficio económico en tu cuenta corriente o, simplemente, supondrá una batalla tras otra en direcciones que, como mucho, puedes presuponer, nunca adivinar, antes de la próxima ofensiva.

Pero en sí misma, la escritura es aquello de lo que menos debe uno preocuparse. Saramago, por ejemplo, escribía dos páginas al día, Scott Fitzgerald lo hacía, sobre todo, de noche, y Henry Miller vivía de retazos de historias que había destripado sin consideración. ¿La escritura?  La escritura proveerá.

Entrevista en Luces en la oscuridad

Ayer, estuve hablando sobre De cómo los animales viven y mueren con el periodista Pedro Riba y su equipo de Barcelona en el programa Luces en la oscuridad. Aquí tenéis un enlace al podcast por si queréis escucharla: charlamos, principalmente, de nuestra relación con el resto de animales y las consecuencias que esto tiene para el planeta y para nosotros mismos. ¡Espero vuestras opiniones tras mi primera experiencia radiofónica!

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