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Una realidad pesada

¡Alerta! (insertar aquí ruidos de sirena) Esta es la típica entrada que me sirve a mí y sobre la que tú piensas: ¿Pero a qué c*** viene esto? Lo siento.

Hace un par de semanas, empecé un curso de novela. Todos los martes de siete y media a diez. ¡Qué vergüenza me daba admitir lo poco que sé! ¡Y qué corta se me hace esa tarde ahora! El porqué todavía está digiriéndose en mi estómago, pero tengo la necesidad de resumirlo: tras varios meses con el borrador de una historia, me percaté de que eso no era una novela, y, sobre todo, de que eso no era la novela que yo quería que fuese. Después, el escritor Carlos Luria me dijo cómo eran las cosas, y yo encajé el golpe como hay que encajarlo (no lloré, no).

En realidad, hay más: mucho más. Puede que lo que voy a decir a continuación no tenga sentido o sea una obviedad tremenda; dependerá, principalmente, de quien esté delante de estas letras: advertí que nadie me había enseñado a escribir novelas. Me refiero a una novela de verdad, con todo lo que ello implica: con sus protagonistas y sus antagonistas, con su detonante y su pregunta implícita, y todo eso por lo que Bradbury recomendaba empezar por un The Ugly Little Boy como el de Asimov (¡ojalá!) que me he releído hace escasos días y no unas Crónicas Marcianas que está perdido entre escenas inconexas de mi propio deterioro neuronal. Y parecerá una tontería, pero como bien señaló Enrique Páez en su Manual de técnicas narrativas: «A nadie le extraña que un aprendiz de pintor se dirija hacia una academia de pintura con su carpeta, sus óleos y sus pinceles bajo el brazo […]. Y, sin embargo, todavía se sigue creyendo en el escritor autodidacto. Al menos, en España.» Aunque el madrileño lo dejó escrito en 2005, y yo lo descubro doce años más tarde; en fin, como le dijeron a Homer J. Simpson: «¡Jo, macho, qué lento eres!»

Homer (cabeza)
Figura 1: Esto… Mmmm…

De algún modo, estoy descubriendo que muchos de los caminos que estaban embarrados y apuntalados hasta los tuétanos puede que no sean mi única opción. Es interesante ver que más allá de la lectura, y de la buena lectura, hay otras claves tras aquel escribir, escribir y escribir; claves que tenías delante de las narices, pero que has tardado más de treinta años en ver que estaban ahí. Por eso, esto está un poco manga por hombro, y seguirá así hasta que pueda combinar todo lo nuevo en mi vida. En definitiva, son demasiadas cosas, y soy un poco lento para escoger (como has visto por este popurrí de animales, historias y medias verdades en formato blog), así que he decidido listar lo que sí es seguro:

► Estoy colaborando en El caballo de Nietzsche, el blog antiespecista de ElDiario.es, donde publiqué mi último artículo la semana pasada: Una nueva vida para el jabalí urbano.

► He vuelto a acoger algunos trabajos de marketing de forma puntual para seguir llevando en volandas a los perros y los gatos, que son los que mejor viven aquí. Si se te ocurre algún amigo o colega de trabajo que pueda interesarse por mi perfil, aquí dejo mi página de redacción profesional. Allí, de vez en cuando, escribo sobre marketing.

Estoy decidido a seguir las tres líneas que conforman este blog: actualidad, literatura y animalismo; en los próximos meses seguiré intentando «terminar» los 52 retos de escritura —ni de puta coña me da tiempo en 2017, ya te hago spoiler: los tres textos relacionados que tengo preparados van de las 10 líneas a las 15 páginas—, preparando un nuevo borrador de la novela que os va a encantar y escribiendo columnas de opinión y actualidad: lo de siempre. También estoy a punto de terminar el tercer artículo sobre Black Mirror (los otros dos han tenido bastante éxito: aquí uno; y aquí el otro) y preparando un texto sobre Firewatch (Campo Santo, 2016)que es mejor que (casi) cualquier libro y, sobre todo, cualquier película que he visto este año.

Y, sobre todo, estaré ausente (consultar la figura 1) porque estoy tratando de organizarme. Algo que, tras casi un año de cambios, de cosas que han salido bien, de cosas que no han salido tan bien, de nuevas obligaciones y de pausas, necesito para poder volver a crear cosas con cara y ojos que no me dé vergüenza subir aquí.

Abrir una caja que ya estaba abierta

En la casa de Zeus había dos jarras, una encerraba los bienes, la otra encerraba los males.

Ilíada, Homero

Hefesto forjó a Pandora por orden de Zeus. Pandora fue la primera mujer: la Eva ateniense, la madre, y la causa de todos los males del mundo, según la mitología clásica. Esto ocurrió después de que Prometeo traicionase a Dios por los hombres, tras el hurto del fuego, y de que Zeus encontrase el modo de vengarse del titán.

Lo hizo a través de Pandora, mujer de su hermano, quien recibió, como regalo de bodas, un arma de doble filo: una curiosidad divina y la vasija que portaba todo el mal del mundo. La historiografía convertiría al recipiente en una caja, pero en su interior, se mantuvo la condenación eterna y un poso de esperanza.

Pandora, de J. J. Lefebvre
Pandora, de Jules Joseph Lefebvre (1836-1911)

Sin embargo, aquello que no querían asumir los hombres de la Antigüedad es que el mal campaba a su alrededor por una única causa: la suya propia. Eran sus congéneres aquellos que se condenaban entre sí, que elegían el mal por encima del bien, y la espada a la pluma. Siempre fue más sencillo crear un Edén imaginario que destruir, y antes, a una mujer —siempre a una mujer— que trasladaba todo el destino de los hombres entre sus manos.

A menudo, mucha gente me cita la expresión «cajón de sastre» para referirse a este blog; argumentan que el título no termina de englobar todos los temas que trato —lo sé— y sus categorías son demasiado heterogéneas para enviar una idea unívoca, como muchos otros hacen. Yo prefiero ver este espacio como una caja de Pandora, donde se esconden miedos, errores, faltas e incluso golpes, pero que miles de años después, sabemos que nunca están en el recipiente, que nunca lo estuvieron, sino que pertenecen a nuestra realidad.

En las últimas semanas, llevo dándole vueltas a varios temas. Una de esas preguntas recurrentes era: ¿hacia dónde mira este blog, y hacia dónde debería hacerlo? Mi respuesta es que no hay blog, sino caja; un constructo teórico que no existe y, a la vez, mientras esta se encuentre cerrada, contiene todo un universo en su interior.

Pero debemos ser personas adultas, bebemos de miles de años de historia tras la caída de los imperios clásicos, y tenemos la obligación de impregnar a ese mismo relato de la madurez suficiente para entender que no hay dentro y hay fuera, sino males intrínsecos en nosotros mismos, en nuestros actos, en sociedad, y que ni dioses ni titanes tienen relación alguna. La caja puede ayudarnos a entender el mundo, pero, como mucho, solo contiene el mundo en la medida en que este la contiene a ella. Y, entonces, ¿a quién culpar?

Eva Prima Pandora, de Jean Cousin el Viejo
Eva Prima Pandora de Jean Cousin, el Viejo (1490-1560)

Hay una última idea que me gustaría tratar, y es que la caja es mía. Me ha costado mucho entenderlo, pero el minimalismo —o quizá individualismo— de un blog personal solo es comparable con un ápice de egoísmo necesario. Los males que hay en su interior, aquí, son míos, y también la esperanza, que duerme en el fondo, pero sois libres, y estáis invitados, a seguir compartiéndolos. ¿Qué quiero decir? No tengo del todo claro si lo sé. Sé que el blog cambiará en este 2017, porque debe hacerlo; planteo ese cambio como una ampliación, una redistribución, un nuevo capítulo… Mantendrá el corazón, pero crecerá, como ya lo hizo antes; como ya lo ha hecho. ¿Hacia dónde? Bueno, pronto lo veréis.


Enlaces relacionados:

El pesimismo de un tipo feliz

Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba para dar el paso a un nuevo día, y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aún cuando eres demasiado pequeño para entenderlas.

El Señor de los Anillos: las dos torres (Peter Jackson, 2002)

Hoy, recuerdo a una lectora que viajaba entre mis letras, y, supongo, que a través de las de otros. Se hacía llamar Mamen, o Maco, y no sé cuándo desapareció. El nombre evocaba a María y a Carmen, y me visitaba todas las semanas con la familiaridad que aprueba la rutina.

No sé cómo me encontró. Ni qué buscaba. Mucho menos cuándo recordé que hacía tiempo que no se dejaba ver; a menudo, eso es Internet: anonimato, inestabilidad, fragmentos de vida. Para lo bueno, y para lo malo; para todas las Mamen que yo me alegro de reencontrar en los comentarios, y para aquellos y aquellas que se perdieron por el camino, y que nadie, excepto ellos o ellas, sabrán por dónde guían sus pasos.

Edu y Ruth (santuario)

Un día cualquiera, esa lectora dejó escrito cómo le afectaban algunas de las columnas de opinión que nacían de mí. Auguro que veía demasiado negro, o gris, y que hacía suyos los desastres que, a menudo, aquí quedan ilustrados. Estoy seguro de que lo dijo en algún comentario, antes de desaparecer; después, lo borró, como con miedo de contagiar una visión demasiado pesimista a aquellos que se movían alrededor  del blog.

Desapareció. A finales de verano, desapareció. Y, sin mirar atrás, o haciéndolo (¿quién sabe, excepto ella?) también destruyó aquellos pequeños espacios de opinión que ella misma había creado o recreado con mis textos y muchos otros: prejubilada, parece ser que se dedicaba a recoger retazos de artículos, de historias, de anécdotas, y a compilarlos a golpe de reblogueo, y de retuiteo.

Rami Adham, el Contrabandista de Juguetes sirio

Entonces, no encontré una respuesta mejor. O no le di importancia; si es así, mea culpa. Hoy, le diría que detrás de la historia de Caos, al menos un coche se detuvo en el arcén; tras cada maltrato, hay cien personas dispuestas a proteger y sanar esa herida; y que una injusticia, es, para muchos, una excusa para alzarse contra ella; le diría: “Mamen, un error pocas veces no funciona como un pretexto que reparar.”

Esas entradas representaban un toque de atención, una excusa, una llamada, o, quizá, el parpadeo que precede al cambio. No un gris, sino el verde que nace, o vuelve a brotar; una palabra que escupe contra las evasivas y hace al lector (o lectora) partícipe.

Si emociona pensarlo, imagínate hacerlo

Supongo que tendría que haberle dicho que, a menudo, aquí, todo lo que subyace no es más que el pesimismo de un tipo feliz; alguien que ha encontrado un espacio donde gritarse a sí mismo y a los orejas de cuantos se le acercan.

Quizá faltaron más entradas sobre todo lo que veo genial del mundo, o decirle que, de haber optado por esa otra alternativa, no acabábamos. Pero esos fragmentos de pesimismo parece que la hicieron huir.

O quizá tengo mis propios textos en muy alta estima.

Quién sabe.


Enlaces relacionados:

Algunas de las entradas que hicieron huir a Mamen; quizá también hagan que vuelva.

Oxigenarse

Hace un par de años —quizá tres—, el blog tenía unas 200 visitas al mes. Nunca me importó: esa es parte de la gracia; este proyecto empezó por y para mí, y, como ya he explicado en alguna ocasión, me gustaría que siguiera siendo así. En julio, en cambio, solo tuve 6.000 visitas, porque el verano no es una buena época para estos espacios: hay menos ropa, hay fiestas, hay alcohol, piscinas, y más tiempo libre, por lo que solemos intentar desintoxicarnos un poco de tecnología (e intoxicarnos con otras cosas).

Ya lo sé. No hace falta que me lo digas. No es que sean grandes cifras tampoco, aunque me parecen asombrosamente elevadas para lo que suelo explicar por aquí; sin embargo, lo que me parece más curioso del párrafo anterior es ese adverbio de cosecha propia que hasta hace no mucho debía tildarse por obligación.

Por eso, voy a reservarme agosto. Un agosto anómalo, donde entrar y salir de Barcelona por las rondas sigue significando atascos y largas filas de coches, y no una ciudad desierta hasta la llegada de otro temible septiembre. Al conducir por aquí, parece como si nadie tuviera vacaciones, pero, todos, sobre todo tras estos años, las necesitamos más que nunca, por lo que no me dejaré engañar.

Y a razón de las vacaciones… Léete “¿Por qué estoy agotado si tengo solo 30 años?” A ver si es que te pasa lo que a mí, y tienes que obligarte a descansar.

A finales de verano, habrá cambios; en el blog, y fuera de este. De una u otra forma, os anunciaré la presentación de un libro y os seguiré mostrando algunas instantáneas de cosas que tengo en mente.

Además, me permitirá oxigenarme, distanciarme (por unos días), hacerme un poco más consciente de lo que significa que haya periodos en los que a esas primeras cifras de 2013-2014 se le hayan sumado dos ceros detrás, y por las que, de algún modo, me veo en la obligación de agradecer con hechos y con palabras.

Boda con máscaras antigas

Pero no. No significa eso que estás pensando; no significa que no vaya a publicar nada más hasta dentro de un mes (bueno, tres semanas ya, y contando), sino que no tengo ni la más remota idea de si voy a publicar cada día o ni una vez más hasta que nos alcance “la vuelta al cole”, eso que ya no significa nada para nosotros como adultos, pero que, tanto cuando fuimos niños repelentes como adolescentes sobrehormonados, esperábamos con entusiasmo.

Cargo batería y vuelvo en lo que os echáis unas cañas y os pegáis un chapuzón. Y pensándolo bien, a lo mejor yo hago lo mismo…