Los likes no pagan el pienso

Los animales y el medioambiente reciben un 11 % de las donaciones mundiales (en Europa, un 9 %). Puede parecer mucho, pero no lo es. El activista medio que lucha contra el cambio climático lo tiene claro; y la sueca Greta Thunberg lo repetía a principios de diciembre en las Naciones Unidas: “For 25 years, countless people have come to the U.N. climate conferences begging our world leaders to stop emissions, and clearly that has not worked as emissions are continuing to rise. So I will not beg the world leaders to care for our future,” […] “I will instead let them know change is coming whether they like it or not.” El cambio está llegando, nos guste o no, y, por egocéntricos que seamos, no podemos vivir en contra de la naturaleza.

Los europeos reparten la mayoría de sus donativos entre derechos humanos y civiles (9 %), niños y jóvenes (15 %), salud y bienestar (9 %), hambre y vivienda (9 %) y animales y medioambiente. En este último apartado, entran las olvidadas —por lo menos, en España— perreras y protectoras, una situación cronificada en nuestro país que se apoya y se mantiene viva gracias a la iniciativa personal. Puede parecer durísimo, pero el voluntariado está capeando, que no solucionando, un problema muy grave que es competencia del estado desde hace décadas. Podríamos hacer valoraciones subjetivas y decir que las ayudas económicas por parte del sector privado son pocas, pero también se le puede dar la vuelta a la tortilla: no hay movimiento con más voluntarios y voluntarias, aunque esto no deja de leerse con sus blancos y sus negros.

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Un paseo junto a dos de los perros del CAAD Maresme.

La idea de escribir sobre este tema me rondaba desde hacía varios meses, pero encontré un artículo de Melisa Tuya que me solucionó gran parte de la búsqueda de datos que necesitaba. Sin embargo, antes de leer esa columna de opinión en 20minutos, había empezado a darle vueltas a dos temas: uno, ¿qué porcentaje de familias tiene un perro en casa? Lo encontré en La Vanguardia: el 25 % de los hogares españoles; menuda cifra, ¿eh? ¿Y cuántas familias con perros ayudan en protectoras? Entonces, me topé con el artículo de Melisa: Cómo ayudamos a las protectoras de animales y porqué no lo hacemos. El texto se hacía eco de una encuesta de Tienda animal a 5.000 propietarios: un 47 % colabora con protectoras —si no me lío con las cifras, 2.350— y solo un 30 % de estos lo hace de forma activa —es decir, 705—. Lo más curioso, aunque a mí lo que me parece es triste, es que un 31 % de los que dicen colaborar son los llamados animalistas de sofá: personas que apoyan la difusión por las redes sociales —no se especifica si con un pobre, ¡ayuden al perrito!, con un retuit o con un papel más activo en Internet.

El problema es que los likes no pagan el pienso, ni la recogida de animales, ni el transporte, los gastos veterinarios, los trabajos de modificación de conducta, las campañas para concienciar por una adopción responsable y evitar abandonos, etcétera. Aunque en el título del artículo de opinión que citaba en el párrafo anterior se mencionaba por qué no ayudamos tanto a los animales como creemos —y se inducía al lector o lectora a hacer más por las protectoras—. El cuerpo del texto no entraba en polémicas, pero yo sí voy a hacerlo (¡qué coño!, ahí queda, para dar más énfasis), y me voy a centrar en ese activismo de salón, que no considero que sea malo en sí mismo —puede ayudar a visibilizar causas, y también a crear conciencia—, pero que está consiguiendo desvirtuar la esencia del problema.

Seguir promoviendo esta actitud del comentar y compartir como activismo, con la idea del mejor eso que nada, no es malo en sí mismo, ¡claro que no!, pero ofrece una falsa sensación de apoyo, tanto para las protectoras como para esas personas que podrían estar aportando con mil y una formas voluntariado activo. ¿Quiere decir esto que las redes sociales no ayudan a seguir luchando contra el abandono y el maltrato animal? Claro que no. Pero, ¿qué pensaríamos de un llamado activista que no ha pisado una manifestación, o una huelga, o una concentración en su vida y se limita a firmar en Change.org? Exacto.

Deberíamos dejar de llamar activista de sofá a aquella persona que, simplemente, se limita a simpatizar con una causa.

Por descontado, todo lo anterior, no es antagónico al hecho de que el estado esté obviando una competencia propia, e incluso ahorrándose miles de sueldos y de trabajos públicos frente a un problema de primer nivel con el que, a menudo, lidian, sin posibilidad de resolverlo, otros funcionarios; tanto en su vertiente más práctica (el día a día de esos 140.000 perros y gatos que se abandonan y llegan a los centros) como legislativa y punitiva; que en España no haya una legislación adecuada y no se cumplan las leyes explica parte del problema que tiene cualquier protectora, pero quizá otra parte se explica por el hecho de seguir creyendo que todos esos likes y comentarios en Facebook aportan mucho, cuando deberían computarse en los porcentajes de los que no ayudan por una u otra razón. Igual que nadie se convierte en físico por apoyar la teoría de la relatividad de Einstein, deberíamos dejar de llamar activista de sofá a aquella persona que, simplemente, se limita a simpatizar con una causa.


NdA: Os invito a leer el artículo Las protectoras agonizan en el número de enero de la revista canina Ladridos.

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Thor y la libertad

La semana pasada hablaba con Melisa Tuya sobre el sacrificio cero. En paralelo, contactaron con uno de mis (nuevos) compañeros de trabajo desde Karma Animal, en Madrid, para presentarnos a Thor, a quien nos resulta imposible acoger sin el centro, y quizá, aun con el mismo, ¿pero quién sabe?

Thor es un PPP: un perro potencialmente peligroso por ley; porque su cabeza es grande y su mandíbula ancha y fuerte, porque tiene el pecho ancho y su cruz, o su tórax, superan un número que marca un papel; porque es musculoso, o de pelo corto, o con un carácter fuerte, que no fiero. Thor es un PPP, porque lo dice un folio que duerme en un cajón: eso es todo. Thor no tiene problemas: no es agresivo, no tiene miedos, es un perro perfecto; solo es un perro mestizo de American Staffordshire terrier.

Thor (Karma Animal, Madrid)
Thor es uno de los perros que buscan adoptante desde Karma Animal.

Días más tarde, Melisa publicaba un artículo sobre los cambios legislativos actuales (principalmente, el sacrificio cero en protectoras) y cómo estos solo son una parte de la solución, y también presentaba a Thor, a quien descubrí participando en una sesión del gran equipo de Fotopets, cuyo proyecto seguro que os entusiasma también.

El sacrificio cero es una medida que se está extendiendo y que implica no sacrificar a los animales abandonados salvo por razones humanitarias, por estar enfermos y sin esperanza. Y bien está que se imponga ese modo de obrar. Pero el sacrificio cero sin medios, sin una dotación oportuna, corre un riesgo elevado de acabar traduciéndose en un encierro de por vida para muchos animales, sobre todo para aquellos como Thor.

‘El sacrificio cero no puede suponer el encierro de por vida para perros como Thor’, por Melisa Tuya en ‘En busca de una segunda oportunidad’

El caso de Thor, y de muchos otros perros con problemas, es uno de los campos de batalla que me he autoimpuesto. La principal razón es que no se han puesto medios de ningún tipo: se ha cedido a una petición popular totalmente legítima, pero no se ha buscado el modo de hacer que esta sea viable.

Hay tres grandes motivos que hacen que, hoy, el sacrificio cero sea una cadena perpetua para miles y miles de perros. El primero es el más simple de todos: no hay verdaderos cambios legislativos ni aumentos en las partidas del presupuesto, por lo que no hay forma de aumentar los esfuerzos de sensibilización, tenencia responsable o educación canina. Esto parece una nimiedad, pero, a grandes rasgos, encontramos protectoras masificadas que no tienen forma de ofrecer una mínima calidad de vida a los animales y ayudarles a vencer los problemas que les llevaron hasta ahí. A menudo, ese problema no es innato en ellos, sino adquirido (ansiedad, miedo, agresividad…); otras, es ajeno al animal en sí, y debe trabajarse para concienciar dentro y fuera de las rejas de un chenil.

Asimismo, tampoco se ha tratado la cuestión de los PPP; perros que, por ley, deben estar solos en el chenil, y que los seguros, y los bozales, y los cuidados que debería contemplar cualquier (mal llamado) propietario/a responsable, se imponen en ellos como un estigma, que los lleva hasta allí más fácilmente, si cabe. Hacia centros que se desesperan sin saber cómo van a acoger más perros en ciudades como Madrid o Barcelona, y sobre los que, no hace mucho, me hablaba, con desesperanza nacida entre cifras, Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity.

Manifestación contra la Ley PPP
Manifestación convocada por el grupo Unidos en apoyo a las razas PPP durante el pasado marzo por un cambio de ley.

Por último, hay demasiados abandonos. Demasiados. Alrededor de 107.000 en este 2016; un problema para el que las soluciones son, hasta la fecha, parches que no arremeten contra la raíz del problema, que no juzgan ni condenan con la fuerza que demanda un gran porcentaje de ciudadanos, y que deja a la Administración como un organismo que, pese a la enorme presión popular, sigue haciendo oídos sordos.

Un perro no posee pensamiento abstracto. No puede proyectar su mente hacia el pasado ni prever su «yo» futuro; para él, la felicidad es el instante, y el instante es todo lo que conoce. Por ello, cuando un animal queda recluido tras las barras de un chenil, es imperativo que sepamos que es la única opción, la última opción, y que esa opción siempre será la mejor arma que blandimos para luchar con uñas y dientes por un futuro feliz que él no puede imaginar.

Penalizar el sacrificio e instaurar una condena eterna de tristeza, estrés y sufrimiento dice muy poco de nuestra humanidad; dice que queremos rehuir la culpa, pero que somos demasiado cobardes para conseguir que todos esos perros puedan vivir a través de los instantes de felicidad que nosotros les imaginamos. O, por lo menos, para buscar el modo de conseguirlo y pagar el precio, que suele ser el más bajo de todos: vil metal tan solo, que mueve mundos, pero no conciencias.


Enlaces relacionados:


De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Este es un texto original creado para Doblando tentáculos. Si te ha parecido interesante, quizá quieras adquirir en papel o en eBook De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro de temática animalista que trata estos y otros muchos temas similares. ¡También está disponible en Amazon!

40 días para soñar

Esta es otra entrada (muy) personal en la que os voy a dar la chapa sobre Conectadogs.

Los más fieles ya lo habéis percibido: estas últimas semanas ha caído en picado el ritmo de publicaciones. Pero mentiría si os dijese que es por un único motivo: en realidad, son, por lo menos, tres o cuatro. No obstante, si hay que ser sinceros, uno destaca por encima del resto. Se trata del lanzamiento de la campaña del que será mi nuevo trabajo: Conectadogs, un centro de recuperación para perros con los que hemos tirado la toalla dos veces: primero, dejándolos en una protectora; después, creyendo que su adopción es imposible.

Qué no es Conectadogs

Muchos pensadores de la historia han afirmado que nos definimos tanto por presencia como por ausencia de lo que somos. Os diré, pues, lo que no es Conectadogs. Conectadogs no es una protectora —pese a que todo el equipo cree en el gran trabajo que en muchas de estas se realiza—, sino un centro que se plantea ayudar a este tipo de instalaciones en la rehabilitación de perfiles de difícil adopción: perros con miedo, con agresividad, con ansiedad por separación…

Además, el centro no solo pretende rescatar perros, sino también ayudar a personas. A través de un equipo multidisciplinar de psicólogos, técnicos caninos y profesionales de la comunicación y el marketing, planteamos programas de rehabilitación de animales que apoyarán y recibirán apoyo de otros colectivos en riesgo de exclusión y harán frente a grandes problemas que han conquistado nuestros colegios, como el bullying o acoso escolar.

Y sabiendo lo difícil que es hacer que las cosas funcionen, no vamos a dejarlo todo en manos de las donaciones y los voluntarios, sino que planteamos un proyecto empresarial de vertiente social con el que generar trabajo, sueldos y un laboratorio de proyectos animalistas que se convertirá en un modelo pionero en nuestro país.

Por qué soñar

Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo.

Mahatma Gandhi (1869-1948)

Decía Gandhi: «Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo». Nosotros, todo el equipo que hoy conforma Conectadogs, hemos cambiado radicalmente la dirección de nuestras vidas, y quiero creer que también hemos mejorado en el proceso. Ahora, queremos contagiar esas ganas de soñar por un cambio a mejor; queremos que todo el mundo sepa que estamos convencidos de que las grandes cosas, que nuestros mundos, cambian a través de esa pequeña llama que decía Bukowski que debías conservar siempre dentro tuyo, y prenderla, y convertirla en un gran fuego como jamás imaginaste que serías capaz de crear.

Conectadogs (Javier y Lau - perra)

Hoy, para nosotros, ese sueño abandona a este (no tan) pequeño grupo y se traslada a todos los que siguen este blog, a todos los que siguen creyendo en la necesidad de forjar nuevos proyectos sociales y animalistas o, simplemente, a todos aquellos que quieren formar parte de un cambio a mejor.

Cómo hacerlo realidad

Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron las preguntas.

Mario Benedetti (1920-2009)

Supongo que ese es el quid de la cuestión, y es que no existe una única respuesta. Quizá hacerlo realidad sea llegar al presupuesto mínimo que aparece en la página del crowdfunding, en Goteo, o viralizar un tuit, una entrada de blog como la que estás leyendo, o esta otra que te conduce hacia la web del proyecto; o dar a conocer parte de nuestro trabajo en un minuto de metraje en YouTube, o charlar con nuestros padres, con la familia cercana, o entre unas cañas con los amigos, y hacer que las cosas sucedan…

Tenemos 40 días. 40 días para buscar todo el apoyo posible, y convertir este sueño en realidad. Y no quiero terminar mintiendo en esta entrada con la que (creo que) simpatizarán, la mayoría de lectores y lectoras del blog: es un reto enorme, dificilísimo, feroz; una idea que nos ha dejado exhaustos y nos ha obligado a sacar fuerzas de donde no creíamos que las hubiera, pero también es una declaración de intenciones; nuestra, por supuesto, y de cada persona que cree que vale la pena cambiar el mundo de un perro, de un niño, de aquel que más lo necesita, porque, como suele decirse, eso no cambiará el mundo, pero cambiará su mundo. ¿Y sabes qué? En realidad, paso a paso, cambiará todos los mundos, ¿y quién nos va a impedir soñar?


#1 ¿Qué quiere hacer Conectadogs como ONG?

#2 ¿Qué es un centro de recuperación canino y por qué es necesario?

Presentación: De cómo los animales viven y mueren

Ayer, día 22 de noviembre, se mezclaron cientos de sentimientos y emociones: alegría, inquietud, espontaneidad, gratitud, familiaridad, deseo de cambio,… ¡quién sabe qué más!

Fue la primera de muchas, espero, y un punto de partida; uno más. Con muchos nervios al principio, y un alivio aderezado entre tacos a medida que los minutos pasaban (¡no os puedo engañar, soy muy mal hablado!).

Una hora en la que me había propuesto mostrar los problemas de sostenibilidad que nos afectan a todos, y cómo la ética de cada uno se compone de lo que sabemos; de la importancia de saber, y de seguir aprendiendo, y, sobre todo, de la firme creencia de que la imposición nunca será el mejor camino para llegar a quienes no piensan como tú.

Una presentación que, creo, que conseguí que se asemejara al libro: lleno de relatos que se resisten a salir a la luz, de historias tras los muros, del desconocimiento y del peligro que este supone en todo lo que vivimos; en todo lo que comemos, vestimos y en la forma en la que nos divertimos.

De cómo los animales viven y mueren ha sido desde el principio un alegato de cientos de preguntas que necesitan una respuesta, y de, por lo menos, una verdad: que los animales viven y los animales mueren, y que la mayoría de nosotros no sabemos cómo hacen ni una cosa ni la otra, y que para muchos esto no es ético, pero, sobre todo, que tiene una fecha de caducidad muy, muy breve.

Hoy, no tengo más palabras. Pero mañana seguro que volverán.

Gracias.

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De cómo los animales viven y mueren (Javier Ruiz - Diversa Ediciones)Las fotografías corresponden a la presentación en Casa del Libro de De cómo los animales viven y mueren (Diversa Ediciones, 2016), mi primer libro sobre ética y protección animal, consumo sostenible, y mucho más. ¡También está disponible en Amazon!

Abandonar, adoptar, abandonar

Roco es un mastín español de seis años que me acabo de inventar; fue adoptado poco antes de Navidad por una familia de Sabadell en el CAAC de Barcelona y ha sido renunciado (menuda palabra, ¿eh?) en el SPAM de Mataró.

Lo mismo les ha ocurrido a más de 137.000 animales (104.501 perros; 33.330 gatos) que son abandonados cada año en todo el país. A diferencia del nombre del mastín, quien seguro que encaja en un buen porcentaje de esas cifras que poco nos dicen y deberían avergonzarnos, estos números no los invento; los comparte la Fundación Affinity dedicada a concienciar a la gente sobre abandono animal.

Mastín español (fotografía)
Fotografía de un mastín español.

La dimensión de la muestra a partir de la que se ha elaborado el estudio es de 300 entrevistas válidas (127 de sociedades protectoras, 169 de ayuntamientos y 4 de empresas), por lo que es una muestra muy representativa del universo total.

Según la muestra, más de 14.000 perros y gatos son sacrificados cada año. Un 10% del total. El 66% de esos animales no son llevados a un refugio, además, sino tirados a la calle. Del total, un 44% son adoptados; un 20% devueltos, un 10% sacrificados, un 14% no salen de la protectora y un 12% se engloban entre demasiados motivos: animales robados, cedidos, cambiados de protectora o muertos, principalmente.

Los datos son muchos, y abrumadores, fruto de la falta de conciencia y de una legislación deficiente. Así, no es difícil imaginarse a uno mismo acariciando el lomo de Roco, quien ha caído en la perrera con displasia de cadera y más de seis años; probablemente nunca saldrá de la protectora, aunque en Cataluña, no morirá sacrificado mientras esté sano. En otras zonas de España; en una perrera, en otro momento… moriría a partir del día veintiuno, y por mucha pena que nos dé, nadie le sacará de su propio corredor de la muerte.

Motivos de abandono animal (España)

Es un problema estructural y no podemos simplificarlo con dos ideas sueltas. Sin embargo, sí hay dos errores concretos de los que me gustaría hablar hoy: uno está tras las rejas de muchos centros, el otro, fuera.

Fuera de las rejas

El estudio de la Fundación Affinity marca cinco motivos principales por los que se abandona a un perro a su suerte: comportamiento, camadas indeseadas, factores económicos, fin de la temporada de caza y cambio de domicilio.

Hay más, por supuesto, pero, en realidad, con sumarle desconocimiento y salud propia sería suficiente para englobar el resto de motivos: toxoplasmosis, alergias, hospitalización y renuncia por parte de los familiares, falta de tiempo… En fin, podéis ver una lista completa aquí: no vale la pena enumerarlos uno a uno (otra vez).

Una historia de galgos

Desde fuera, el problema se resume en que Roco, el mastín que me he inventado, es adoptado de joven y renunciado por falta de tiempo, espacio o facturas veterinarias; quizá también sufre ansiedad por separación o tiene otros problemas que los adoptantes deberían trabajar con la ayuda de un adiestrador(a) o un etólogo(a).

Sin embargo, en España, el abandono sale muy barato; y cuando se endurece la ley, los galgos aparecen ahorcados en un pino en lugar de renunciados en la protectora. Tras cada temporada de caza; cada vez que los animales ya han envejecido o enfermado por falta de cuidados, cuando alguien se cansa de soltarle huesos a un bicho moribundo o un alma caritativa descubre el maltrato constante y decide denunciar…

Sobre esto puedes leer mi opinión, ampliada, en Vida de perros (I) y Vida de perros (II).

Nos creemos que Roco es un juguete, y que cuando se haga viejo, o se enferme, podemos tirarlo a la puerta de una protectora donde le buscarán una familia mejor; o, simplemente, una familia.

Mi propia lectura de esos porcentajes (y motivos) me dice que, si Roco fuese un perro de verdad, se le abandonaría por inútil, porque no aprende, o porque resulta molesto tanto ladrido, o porque, en realidad, Roco era una hembra, y nadie quiso esterilizar a Roco, y ahora espera siete u ocho cachorros; o Roco vivía con una hembra, y nadie quiso esterilizar a nadie, y lo más fácil es renunciar a todos, y buscar a otros perros hasta que surja un problema similar. Y, entonces, repetir.

Un animal de compañía requiere dinero, cuidados, tiempo y conocimiento, y, en España, siguen faltando campañas que nos digan que un perro de protectora o perrera (cualquier perro, en realidad, y en cualquier momento de su vida) puede tener comportamientos que deben ser modificados para adecuarse a vivir en sociedad; ¡pero sorpresa!, existen etólogos, adiestradores y libros, y cursos de psicología animal.

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Lo que faltan son valientes que se atrevan a decir la verdad a la cara, no solo a afirmar que él nunca lo haría, sino que, cualquiera que haga algo así, es un verdadero hijo de puta por abandonar a un animal indefenso; y que, si no lo ves claro, no lo adoptes.

Pero sobre todo, además de conocimiento y una evaluación correcta de tu tiempo, dinero y posibilidades, falta gente valiente en las protectoras y en las perreras que se plante, que diga: no, no cumples los requisitos para adoptar a este perro; no, no queremos que renuncies a este perro en seis meses o en un año; o no, no creemos que estés preparado para tener perro.

Esto ya ocurre. Pero no en todas los centros, y menos todavía en grandes centros donde yo he adoptado y participado como voluntario. Esto ocurre en las protectoras pequeñas —en las de diez, quince, veinticinco animales— que se apoyan en el resto, y puede parecer una salvajada lo que estoy diciendo, pero es una parte fundamental del problema de abandono animal que sufrimos en España: porque lo convierte en recurrente, porque se implican recursos que se convierten en parte del problema a medio plazo y, sobre todo, porque los perros conocen un hogar para volver a ser abandonados.

Dentro de las rejas

Llego hasta Roco, el mastín inventado, en una protectora de mi provincia. Está en un chelín solo, triste; me informan de que no quiere comer, pero le restan importancia desde el principio. Ese es otro problema. Un voluntario(a) jamás debe ser un mal vendedor de coches; obviar detalles, restar importancia o cargar con un peso mayor al que una familia o una persona espera, puede tener consecuencias desastrosas en esa adopción. (¿No te lo crees? Lee aquel famoso texto de Pérez Reverte.)

Es cierto. Los perros no tienen una actitud natural en un espacio tan antinatural como una protectora; se trata de un comportamiento similar al que sufre una persona cuando entra en prisión, no actuará igual que fuera, por muchas razones: otro ambiente, otro contexto, otras personas, otras normas incluso. Esto también debería decirse a todas las familias, porque, probablemente, rápidamente mejorará, pero también tendremos que trabajar problemas de conducta que no habíamos podido ver.

¿Se evalúa entonces si la persona está concienciada? ¿Si conoce las necesidades de ese animal? ¿Si sabe lo que come un mastín? ¿Cuántas revisiones veterinarias necesitará a lo largo de su vida? ¿Lo que supone un principio de displasia de cadera? ¿Dónde vive? ¿Si ha tenido perro antes?

Un adoptante informado, preguntará muchas de estas cosas; sin embargo, se trata de una situación similar a cuando alquilas tu primer piso: no sabrás qué coño preguntar, y no preguntarás nada. Te centrarás en el presente; en el hoy, en lo felices que están los críos, en lo mucho que necesitas dar un cambio a tu vida, y no recaerás en el hecho de que tendrás que pasearlo cada día, jugar con él, enseñarle a comportarse, cuidarle, responsabilizarte los días de lluvia y de sol, y los días buenos, y también los malos.

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Pastores alemanes con batería de larga duración.

Hay muchas cosas que todos los que amamos a los animales desearíamos que pudiesen llevarse a cabo en las protectoras: subvenciones más elevadas, más formación para los voluntarios, sociabilización con otros perros y personas, horas de adiestramiento, posibilidad de corregir problemas dentro del centro, menos tiempo en los cheniles…

Pero de todo ello, hay algo mucho más fácil de cumplir: el no. 

Decir no a esas cincuenta familias que vienen a pasar revista, a toda prisa, el día antes de Reyes.

Decir no a ese chico de dieciocho años que no cumple el perfil para adoptar al pitbull o al american stanford que ya ha sido renunciado dos veces.

Decir no, porque ese perro volverá a la protectora, a esta o a otra, o acabará abandonado, o muerto en la calle.

Decir no a ese juego recurrente del abandono, la adopción y el abandono.

Decir no, como parte del trabajo de los encargados de una protectora; no limitarse, simplemente, a acceder, a entregar a un animal, a analizar la situación solo en la medida en la que nos conviene (¡esta semana han adoptado a Roco y a otros treinta y siete perros! ) y olvidar cualquier seguimiento por siempre jamás.

Una protectora no es un buen sitio para que vivan los animales: todo el mundo debería saberlo, pero más allá de la inconsciencia de miles y miles de personas que no entienden todavía que sus acciones tienen consecuencias, debemos empezar a analizar también (también) todas aquellas que ocurren dentro de las rejas. ¿No os parece?

Ningún animal merece dos vidas de mala suerte.


Puedes leer mi experiencia sobre la adopción de Foc en De unas vacaciones idílicas y otra adopción.

La viñeta de la historia del galgo la encontré en este enlace.

Enlaces relacionados:

Vida de perros (II)

Cambiar el sistema

¿Cómo lo hacemos entonces? Estoy convencido de que la respuesta exacta no llegará por aquí, pero quizá sí el modo. Hagámoslo juntos. A menudo, las denuncias públicas contra perreras e incluso contra protectoras sitúan el ojo del público allí donde no reside el problema.

Sí, hay perreras que no actúan como deberían, o que no hacen todos los esfuerzos; y en todas las perreras se mata a los animales si estos no encuentran adoptantes que quieran compartir sus vidas con ellos. Sea como sea, están en nuestras manos. Entonces, ¿cómo es posible que la solución no llegue cambiando el modo en el que se hacen las cosas?

Ejemplar de pastor alemán adulto
Debido a la cría irresponsable, muchos ejemplares de pastor alemán tienen serios problemas de displasia en las caderas. Algo similar ocurre con razas como los carlinos (o pugs) en los ojos o en los bulldogs con sus dificultades para respirar. ©Dario Sgroi

Verás, veinte días es el tiempo máximo que la Administración calcula (con fundamento o sin él, aquí ahora no voy a entrar) que puede mantener a cada animal antes de que la cadena de abandonos haga que sea imposible hacinar más perros y gatos en jaulas. Entonces, se les mata con una inyección, o se les gasea (son los dos métodos más utilizados), y luego se les quema en hornos crematorios. Hasta aquí, es lo que se sabe; y si bien todos hemos escuchado historias todavía más horribles, poco sentido tienen sin pruebas. Además, la cara visible ya es bastante mala como para hacer algo, ¿no crees?

En el párrafo anterior, hemos visto el primer grado de relación entre los abandonos y las perreras; si los animales de compañía van a la perrera, pueden morir; es más, suelen morir. Si no se abandonasen animales, entonces, no habría perreras. La causa-consecuencia aquí es simple y, sin embargo, casi cincuenta años de políticas animalistas no han conseguido reducir la tasa de abandonos de una forma notable. Hoy, hay más conciencia que ayer, pero se siguen abandonando perros, gatos y otros animales. ¿Por qué?

Existen tres vías que favorecen el abandono: la cría sin control, la identificación y la ley en sí misma. Entre estas tres causas —y esto que voy a afirmar, quizá traiga cola—la menos preocupante es la cría. A lo largo de mi vida, los perros más equilibrados con los que he compartido mi vida han sido mestizos, pero puedo entender la idea de tener de compañero a un pastor alemán, un sabueso americano o un mastín de los Pirineos (tres razas fantásticas).

El problema subyace cuando no existe un control para esa cría. No solo en un sentido primario de compraventa (a quién se vende el cachorro, cuándo, garantías del criador, etcétera), sino también de censo. Es total y absolutamente aborrecible comprar un cachorro de una camada de la que nueve de diez serán enviados a la perrera, sobredimensionando un grave problema, y el décimo tendrá la vida que solo soñarán el resto de sus hermanos. En perros, y sobre todo en gatos, la esterilización juega un papel fundamental aquí, donde las nuevas camadas pueden suponer doscientos (¡200!) o trescientos (¡300!) animales en dos o tres años.

Incluso en un sentido utilitarista es absurdo el gasto de recursos que las nuevas camadas suponen y absolutamente falto de ética que esto se permita. Hoy, debería controlarse públicamente el número de criadores que existen y el número de camadas que se lanzan al mercado, y contraponer y utilizar esos datos para restringir el acceso. Anteponer la ética al dinero; limitar la compraventa e incentivar la adopción. Hoy más que nunca, cuando el 50% de los animales que se han abandonado o renunciado son de raza (Cifre, 2014).

A su vez, el abandono animal tiene otra cara a principios de año. Una cara que te recomiendo que veas en Febrero, el miedo de los galgos (Blánquez, 2013) donde los galgueros abandonan a miles de animales que ya no son útiles para la caza; los más afortunados encuentran un nuevo hogar, los menos afortunados no valen ni el precio de un disparo, y son colgados en el primer pino que el tirador encuentra en el camino.

Pitbull en la perrera de Palma de Mallorca
Una de las fotografías que se realizan a los perros de Son Reus (Palma de Mallorca) para su difusión; muchos son pitbulls y staffordshire terriers, perros de raza cuyo pedigrí tampoco les impide caer en la compra o en la adopción irresponsable.

En el siglo XXI, en el año 2015, esto no puede ocurrir: esto es algo que no debe ocurrir. Si queremos solucionar el problema del abandono y el maltrato animal existe una herramienta: el microchip. Todos los animales, sin excepción, tienen que estar identificados y con los datos actualizados por los propietarios. Así, los verdaderos animales estarían controlados de verdad.

Sí, sé lo que me vas a decir: primero, que es utópico, porque lo mismo le cuesta pegarle un tiro que rajarle la espalda y extraerle el chip de ese animal que ya no les sirve, ¿verdad? Lo mismo cuesta mantener los datos desactualizados, o falsearlos… Te equivocas. Ahí, ahora, es cuando entra en juego la ley. Si usas un animal para la caza o es tu fiel compañero hasta el día que te canses, mantienes sus datos actualizados, y el día que lo abandones, o te encuentren asfixiando al perro con un cabo, o maltratando a un gato, o a un burro, irás a la cárcel.

Aquí entra la legislación. Esta es la tercera premisa, y aquella por la que debemos pelear de verdad. Ha llegado el momento de comprender que no está funcionando: los abandonos no decrecen, los galgos solo bajan muertos del árbol cuando llega una tardía mano amiga, y los animales viven y mueren con miedo a nosotros. Incluso los animales con los que decidimos, mutuamente, compartir nuestra existencia más cercana.

Si una pena económica no es suficiente, deberá imponerse un castigo por lo penal. Si cinco años de cárcel no disuaden al maltratador, tendrán que ser veinticinco. La educación y la conciencia funcionarán a medio y largo plazo, pero hoy necesitamos herramientas prácticas como sociedad.

No se trata solo de prevenir posibles crímenes a otros seres humanos, razón primera por la que el FBI mantiene fichados y controlados a maltratadores de animales, sino porque ellos, como nosotros, son seres que sufren, sienten y padecen. Y lo que es peor, sin razón alguna.


Lista de referencias bibliográficas: