Noviembre está siendo injusto conmigo

Tengo una decena de entradas por publicar, pero noviembre está siendo injusto conmigo. Sea como sea, no tardaré en recuperar la rutina de blog y, por ahora, os dejo con un par de relatos que he presentado en el Club de Escritura de la Fundación Escritura(s)-Fuentetaja.

El primero es Trece millas, que ha sido destacado por su calidad por el jurado entre más de cuatrocientos participantes.

La historia es manida, con una pareja de atracadores psicópatas y dos camareras muertas en un bar de carretera en la ruta 66 a su paso por Kansas. Pero el texto resulta sugerente por la voluntad de su autor de darle la vuelta a la atmósfera que tanto le debe a la estética popular norteamericana, hasta casi caricaturizarla, como caricaturiza a los personajes, con un narrador muy visible, que llega incluso a deconstruir varias escenas del relato para remarcar la distancia entre la acción y la narración. (Fuente: III Concurso de Historias de Viaje)

El segundo es Terminó por ser nadaque estoy terminando de pulir, pero que ya podéis leer haciendo clic en el título. Es un relato sobre la despoblación, sobre todos esos pueblos aislados que mueren de soledad a lo largo y ancho de España. Certamen al que me animé a participar tras leer el siguiente párrafo que tanto me recuerda a mis abuelos:

Hay dos Españas, pero no son las de Machado. Hay una España urbana y europea, indistinguible en todos sus rasgos de cualquier sociedad urbana europea, y una España interior y despoblada, que he llamado España vacía. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía. Los fantasmas de la segunda están en las casas de la primera. (Fuente: Relatos sobre la despoblación)

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Trece millas

Hace unas semanas, publiqué mi participación en el III Concurso de Historias de Viaje de la Fundación Escritura(s) Fuentetaja. El título del relato: Trece millas, que hace referencia a la escasa distancia que recorre la Ruta 66 en Kansas. Sin embargo, quizá hice un poco de trampas, porque, sin saberlo, estaba escribiendo un fragmento de un libro que he imaginado mucho y que, sobre todo, recoge un capítulo muy especial de mi vida. Un libro de viajes al que aspiro cuando concluya una historia anterior; un libro que imagino repleto de iconos, e imágenes, y símbolos; de literatura de esa que trata de fotografiar una imagen inabarcable; de gente que vive en el pasado, y de otros que hicieron cosas imposibles porque nadie se atrevió a decirles que no podían.

Ahí va un pequeño retazo de cosas que no pasaron así, pero pasaron. ¿El resto? Bueno, el resto ya vendrá.

Trece millas

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