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Firewatch: 79 días en Wyoming

Pocas son las historias de otros que me empujan a escribir. Estoy convencido de que asistimos a un momento donde el cine está siendo fustigado por la tecnología, por las historias que pueden narrarse en televisión y por los límites de un modelo audiovisual que, poco a poco, ha ido perdiendo fuelle y resistiendo entre títulos reconocibles: Blade Runner 2049, Trainspotting 2, Kong, Alien, It, Saw, y Star Wars, Star Wars y Star Wars. De vez en cuando, siguen apareciendo verdaderas maravillas en la gran pantalla, claro que sí, pero la oferta audiovisual se ha ampliado lo suficiente para que muchas de esas grandes historias se hallen hoy, en Netflix o en HBO, y, más allá todavía, en nuestros ordenadores; de un modo que no imaginábamos los que tuvimos una Nintendo con el Duck Hunt —pobres patos; y qué perro tan cabrón— y que ahora babeamos con propuestas tan complejas como Firewatchsobre el que me he decidido a escribir un año más tarde del debut de Campo Santo. Y eso debería ser suficiente para ver que las cosas han cambiado, porque lo que nos movía hace unos años, no tiene nada que ver con lo que nos mueve ahora, o, por lo menos, no en la misma medida: por eso no vengo a hablar sobre la mirada que Villaneuve —que no Ridley Scott, que también está muy ocupado exprimiendo la saga Alien— hace de los replicantes (y que ni de puta coña merece la nota que tiene en IMDB, Rotten Tomatoes o similares), sino de una historia que te invita a perderte en un parque natural en Wyoming (EEUU), y donde todo se complica, más y más.

Firewatch (mapa; brújula)

Cuando la narración cobra vida propia

Imagínate que algo te ocurre. Algo muy grave que pone tu vida patas arriba. Algo que te hace ver que no puedes seguir así. Sabes que solo quieres escapar, coger aire, distancia; recordar cómo era todo antes. Y, entonces, en el periódico, aparece un anuncio: es una oferta para trabajar como vigilante de incendios forestales en el Parque Nacional de Shoshone, en Wyoming; estamos en 1989, y Yellowstone lo ha cambiado todo. Tu vida también cambia por completo. Tu esposa, enferma de gravedad, vive ahora en Australia: te sientes muy culpable; no puedes más. Subes las escaleras a la torre de vigilancia que será tu hogar durante todo el verano, suena el walkie-talkie. Es Delilah: tu jefa. Día 1.

Así empieza una historia de ocho horas de duración en la que la naturaleza compone el escenario idílico de un relato en el que te ves obligado a zambullirte sin provocaciones; él es Henry, tú eres Henry, hasta lo más profundo. Le conoces perfectamente; te conoces perfectamente, y, ahora sí, con toda una historia detrás, puedes iniciar un viaje cuya principal virtud es la búsqueda de la propia identidad en el otro, que también eres tú. A partir de aquí, cualquier pequeño detalle (o spoiler) podría romper parte del encanto de este relato que se puede devorar en poco más de cuatro horas, calculo, pero que es necesario extender a lo largo de uno o dos días de travesía: descubriendo los juegos de luces, el sonido de la fauna autóctona, recogiendo las latas de cerveza de los senderistas más guarros sin un motivo real, o sumergiéndote en las conversaciones por radio con tu supervisora. Eso son los tres grandes «qués» que convirtieron a un título indie como Firewatch en uno de los juegos del año pasado: naturaleza, introspección de los personajes y, sobre todo, narrativa, porque no es un shooter en primera persona, ni un survival; no es nada de eso, es un libro de esos de «elige tu propia aventura» con más espacio alrededor; y le han puesto mil nombres (walking simulator, aventura interactiva…), mas queda entre medias de todos ellos. Es genial.

#1. El mundo desde una atalaya

Henry: What’s a lichen?

Delilah: Well wouldn’t you lichen to know.

Henry: Oh my god, GOODBYE.

Firewatch (Camposanto, 2016)

Naturaleza y jugabilidad en un tándem imposible. En una atalaya, con tu supervisora llamando tu atención a lo lejos, un espacio que se prevé limitado al jugador y cientos de objetos que nada tienen que ver con tus tareas: latas vacías de cerveza, libros, el cuerno de un venado, chocolatinas que olvidaron otros guardas… ¡Y quieres verlo todo! ¡Empaparte! Rastrear cada pequeño secreto, cada nota, edificio o palmo del río. Firewatch te sorprende a cada paso, porque, en un escenario de unas pocas hectáreas ficticias, inicias un viaje que te habla de la propia identidad: de quién somos, de qué huimos, de la paternidad, del amor, del olvido, de las relaciones humanas; y también nos enfrenta a todo aquello que normalmente tendemos a obviar: la naturaleza, las pequeñas cosas, los instantes en los que el iris devora el ojo para beber un ocaso de arenisca roja, o en el frío que viaja entre las yemas de tus dedos al palpar esa botella de tequila que ha dormido un día entero bajo el curso de un río; la artificialidad de nuestras vidas. ¿Quería Henry la vida que tenía?; ¿realmente quiere vivir con Delilah algunas de las experiencias que comparten a lo lejos?, ¿está proyectando otra vida en otra mujer?

Firewatch (torre de vigilancia)

#2. Conócete a ti mismo

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar.

Henry David Thoreau (1817-1862)

Los desarrolladores de Firewatch aprovechan un entorno perfecto para hacer evolucionar la psicología del personaje. Henry está a varias millas de distancia de cualquier compañero y, a lo largo de toda esta aventura, la interacción física con otros personajes será mínima. Es más, la aparición de otras figuras, de forma tangible como intangible —en la pantalla, me refiero—,  resultará insignificante. Es esta soledad la que nos permite conocer rápidamente al protagonista en los 79 días que enmarcan la historia. Ese minimalismo de los personajes permite abstraernos hacia la emocionalidad, donde la imperfección de Henry y Delilah, sus propias taras personales y su psicología se dibuja y desdibuja a través de los extraños hechos que se suceden en el parque. Esta conexión solo es posible gracias al escenario, a la invisibilidad de los personajes (tanto a través de la complicidad visual que permite la primera persona como por la falta de elementos comunicativos, que se limitan a un walkie-talkie y aquello que encontramos en varias hectáreas a la redonda) y a la dimensión que confiere un contexto desconocido —para el jugador y para el personaje— en el que estamos obligados a movernos, y, quizá, sobrevivir. Es esta abstracción la que convierte un buen juego en toda una experiencia, la que nos permite viajar por la psicología de los personajes sin verlos siquiera, y, poco a poco, movernos a través de sus emociones más íntimas.

Firewatch (ocaso)

#3. Sobreviviendo a las Rocosas

De pronto, recordé lo que dijo Carlomagno. “¡Que mis ejércitos sean las rocas, los árboles y los pájaros del cielo!”

Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989)

Y no es ninguna tontería eso de sobrevivir en el Parque Nacional de Shoshone. No solo porque los osos pardos se acerquen a limarse las uñas contra árboles de cincuenta pies de altura que usan como mondadientes, sino porque el argumento ofrece más pronto que tarde un hombre del saco que se suma a la naturaleza, lo desconocido y el mismo protagonista, quien antes o después, advertimos que no deja de ser su peor enemigo. Frente a esa gran carga que arrastra Henry (¿encontrará la forma de encauzar su vida de nuevo?) se suma otra pregunta: ¿qué ocurre en Shoshone?; ¿están en peligro?; ¿lo descubrirán siquiera? Aquí, Firewatch juega muy bien con las expectativas del jugador, e incluso con las normas internas del propio género (destrozándolas), donde cada pequeño detalle suele conducir a otra cosa, y esta, a otra… pero no aquí . Quizá una tienda de campaña hecha jirones puede significar o no significar; o una llamada misteriosa de tu jefa, quien ha olvidado colgar el teléfono… Es realismo puro y duro: en el peor sentido de las palabras.

Firewatch (bosque de álamos)

Es esta trama articulada en pequeñas decisiones que te acercan a Wyoming sin prisa la verdadera maravilla tras Firewatch. Su secreto. Son los pequeños detalles: los textos, el pastor alemán o el beagle, esa primera frase, los hijos ahora, o nunca, la música que perfila la escena, y, poco a poco, las montañas, y el verde, y esa luz anaranjada, de amarillos y rojos cuando el sol agoniza. Un planteamiento novedoso que crea expectación y nos introduce en una historia con los elementos justos al principio (texto, un garaje, una senda, el bosque) y explota en una panorámica de postal. Tu trabajo. Tu nuevo hogar. Tu vida.


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La filosofía de la imagen

Sobre la posibilidad de expresar ideas complejas a través del cine y la televisión se ha escrito mucho. Los medios de masas funcionaron, en un primer momento, como canal en el que transmitir ideas simples hacia otras cada vez más enrevesadas; pero hoy nadie pone en duda que el formato audiovisual es un medio excelente de transmitir ideas y, a nivel de difusión, ha terminado por superar a la propia escritura (libros, diarios, revistas, blogs, etcétera.).

No se trata aquí de discutir cuál es la forma más óptima de captar al gran público, sino de hablar sobre la posibilidad de alcanzar a un público objetivo a través de otras formas de ocio y cultura. Así, las películas (cinematografía) serían el primer paso a través del que transmitir ideas más profundas, y si lo analizamos a fondo no será hasta la década de los noventa (mediados, sino finales) cuando las series de TV empiezan a tratar temas más allá del mero entretenimiento.

Entonces, series como Los Soprano, Twin Peaks Expediente X (entre otras) empiezan a poner sobre la mesa temas más complejos que la diversión y el entretenimiento que veíamos en Friends, Cosas de casa o El príncipe de Bel Air. Más que cualitativo, el salto es técnico y conceptual: antes, la película trataba en profundidad temas que la televisión no podía asumir; ahora, las series tienen espacio y recursos para desglosar temas y situaciones al mismo nivel (técnico o cualitativo) que el cine, y el espectador lo demanda. En ese momento, la serie de televisión rozaba la serie B y, posteriormente, había encontrado su puesto entre las comedias de situación (sitcom).

Cosas de Casa - Carl Winslow y Steve Urkel
Los personajes de Steve Urkel y Carl Winslow. “¿¡He sido yooooo!?“, y esas cosas de los noventa.

En paralelo, se produce otro salto. Los nativos digitales y la generación que los precede empiezan a ver en los juegos la capacidad de mostrar, tratar y hacer más partícipe de lo que sucede en las pantallas al jugador. Poco a poco, la calidad gráfica alcanza niveles extremadamente realistas, y ese salto cuantitativo amplia el campo de análisis: del cine a la televisión; y de la televisión al ordenador y a las videoconsolas.

La victoria de lo audiovisual

Sin embargo, no quiero que esto parezca un ataque a la literatura ni que se entienda que los medios audiovisuales son la evolución lógica de la misma. Evidentemente, muchos seguimos leyendo, y leemos para encontrar en esos libros aspectos, conceptos e ideas que no están en otro lugar (o lo están, pero no se presentan a través de una perspectiva concreta o una profundidad determinada o que buscamos en ese momento); leemos libros, analizamos historias y buscamos relaciones de ideas, conclusiones y comparaciones con otros medios. Lo verdaderamente interesante ahora, es que ese campo se ha ampliado a medida que la cultura popular y las manifestaciones artísticas se han multiplicado en número. Hoy, tenemos los 1001 libros que leer antes que morir, y las 1001 películas que ver, pero no tardarán en aparecer las 1001 series que seguir y, por supuesto, los 1001 videojuegos que terminar.

Los Soprano fue la primera serie que estableció la idea del antihéroe moderna. Presentó problemas éticos de primer orden: el bien y el mal, la tradición, la posmodernidad... ¡entre gánsgters!
Los Soprano fue la primera serie que estableció la posibilidad de un antihéroe como protagonista mientras desarrollaba problemas éticos de primer orden: el bien y el mal, la tradición, la posmodernidad… ¡entre gansgters!

La prueba de ello es que ya no solo encontramos críticos literarios o de cine, sino que los primeros críticos de series de televisión e incluso de videojuegos ya han aparecido. Y no se trata aquí de revistas del sector, sino de obras que tratan en profundidad, analizando y comparando puntos de vista, matices y conceptos que aparecen en estos.

Así, editoriales como Errata Naturae llevan cuatro o cinco años publicando obras sobre series como Breaking Bad, Juego de Tronos, True Detective o The Wire. Sí, aprovechando el tirón, al igual que lo hacen muchísimos autores y críticos que ven, también en España, un punto de partida desde el entretenimiento al planteamiento de problemas tradicionales que acogen las Humanidades. ¿Y los videojuegos? Más de lo mismo. Pero tendremos que esperar una o dos décadas para que las generaciones que se criaron con la pantalla blanca sean superadas, o complementadas, por aquellos que recurren a un videojuego o una serie de TV en busca de una buena historia.

Todo ello, lleva un proceso tras de sí, y la lógica de las películas, las series y los juegos es la misma que la de literatura. Leemos para divertirnos, emocionarnos, conocer y aprender, e incluso para matar el tiempo; y por las mismas razones, recurrimos a otros tipos de material audiovisual. Existe un porcentaje (grande), además, que busca crear y consumir todo tipo de material relacionado (y contrastarlo con disciplinas como la psicología, la filosofía, la literatura…)

Algunos ejemplos sobre este tipo de literatura sobre series de TV que he leído son:

Los Soprano y la filosofía: mato, luego existo (Greener, R. y Vernezze, P., Ariel, 2010)

Breaking Bad: 630 gramos de papel para serieadictos no rehabilitados (VV.AA., Errata Naturae, 2013)

La vida según Sheldon (Toni de la Torre, Timun Mas, 2014)

Hoy, las ideas empiezan a saltar de los libros al medio audiovisual, y esto no es antinómico o contrario entre sí, sino tremendamente provechoso. Porque contar con series de TV como Los Soprano, Sons of Anarchy, Breaking Bad Boardwalk Empire nos abre un abanico enormes de posibilidades de análisis, y nos ayuda mejor a entender el mundo, y la historia, y los problemas reales de otras personas.

En este caso, las cuatro series tienen una basa real, ¿pero y los videojuegos? ¿No veis posible hacer una sobremesa en casa de los suegros hablando sobre FalloutGrand Theft Auto World of Warcraft? ¿y no tienen esos juegos muchísimos aspectos que analizar, recordar o discutir pese a ser otra “mera” forma de entretenimiento? A lo mejor, contestas: “A mi suegro no le gustan los videojuegos“, pero en unos años, el suegro (o la suegra) vas a ser tú. Por una parte, qué jodido, ¿no? Y por la otra, cómo nos lo vamos a pasar “frikeando“… 😉

Finn-Jake de Hora de Aventuras en Fallout.
Los protagonistas de Hora de Aventuras (Finn y Jake) caracterizados como refugiados del apocalipsis nuclear del videojuego Fallout.

En resumidas cuentas, yo soy uno de esos a los que les gusta buscar referencias, comentar y resaltar temas interesantes más allá de la calidad gráfica o la jugabilidad. Y como ves, empiezo a darle bastante relevancia en el blog, por lo que si todavía no tienes una idea clara de lo que te estoy hablando, échale un ojo a alguna de estas entradas:

Diez aventuras gráficas de nueva generación que debes jugar en 2014

Siempre he sido un fanático de las aventuras gráficas. Si alguien me pide que les recomiende cuarenta juegos, jamás tiro por los últimos a los que he viciado (con contadas excepciones), y siempre aparece este género entre frases. No sé qué tiene, pero me ha gustado desde muy pequeño. Supongo que, de algún modo, me parece mucho más inmersivo que el resto, aunque esta sea una inmersión cómplice, y no un artificio verdaderamente logrado.

Mago: ¿Quien te ha dicho que somos magos, hijo?
Simon: Cuando paso el cursor por encima de vosotros pone “magos”.

Simon the Sorcerer

¡Guybrush quiere ser pirata!
A esto me refería… ¡Ten cojones a leer el cartel de la gobernadora sin ayuda de Guybrush!

El problema real a la hora de recomendar una aventura gráfica, hasta hace relativamente poco, era ese muro infranqueable de los gráficos, donde los píxeles eran realmente píxeles, y más que deleitarnos mirándolos, nos habíamos resignado a verlos. Eso, en la última década, es un hándicap notable, y aunque me hartaba de recomendar sagas como King’s Quest, Space Quest o Monkey Island, y otros tantas obras de arte de Sierra o Lucasfilm, ese primer vistazo a The Thing, Loom, Full Throttle, Simon the Sorcerer, Broken Sword, etc., asustaba lo suficiente a los jugadores actuales como para dejar el ScummVM en una carpeta del ordenador, y olvidarse de darles una oportunidad a falta de un entorno tan “mágico” como el actual.

El problema real de las aventuras gráficas era ese muro infranqueable de los gráficos, donde los píxeles eran realmente píxeles.

Y entonces… terminaron los años noventa. Y durante un buen tiempo no se pudo encontrar apenas nada de interés dentro del género. Personalmente, los fui rejugando (los clásicos) y me olvidé de un género que, con añoranza, daba por muerto. Soy bastante abierto en este tema, y no tengo problemas por acercarme a otro tipo de juegos (en especial, MMORPG o ARPG), por lo que me resigné a dedicar algunos ratos (¡MILES DE HORAS! Ejem…) sin poder olvidar de lo divertido que era algo con gráficos BASURA frente a la mayoría de las propuestas modernas.

Volví a las aventuras gráficas con un inesperado Runaway en tres píldoras bien administradas, y también jugué la segunda parte del clásico Hollywood Monsters, un juegazo más lineal de lo esperado. De esta época he oído hablar bien del remake o continuación de Sam&Max, que todavía no he podido jugar, Gray Matter de Jane Jensen, una de las cabezas pensantes detrás del clásico noventero Gabriel Knight y The Whispered World, que ya apuntaba maneras antes de Deponia. 

Aventuras gráficas modernas
Nus hemo’ mudernisao, oye.

De golpe, aparecen unos cuantos juegazos imprescindibles y algunas empresas (en especial, una, cuyos representantes deben estar bebiendo copazos desde la primera temporada de The Walking Dead en adelante) dispuestas a relanzar el género. Ahí va una pequeña lista de las joyas que he jugado este 2014.

The Wolf Among Us (Telltale Games, 2014)

Los personajes de los cuentos y fábulas populares son reales, viven en Nueva York y tú encarnas a Bigby Wolf, The Big Bad Wolf, el sheriff.

The Walking Dead: primera temporada (Telltale Games, 2013)

Cuando un policía local acompaña a Lee Everett a la prisión de Atlanta, una plaga de zombis se desata a nivel mundial.

The Walking Dead: segunda temporada (Telltale Games, 2014)

El jugador encarna, esta vez, a Clementine, la pequeña que Lee salvó en la primera parte de la historia.

La fuga de Deponia / Caos en Deponia / Adiós, Deponia (Daedalic Entertainment, 2012-13)

Rufus sueña con vivir lejos de su pequeño asentamiento del sector Basurero, en las ciudades flotantes fuera de la superficie del planeta Deponia. Cuando una ciudadana de las ciudades aparece, él ve un boleto ganador para escapar de su pintoresco y maloliente hogar.

Otras aventuras gráficas relativamente modernas

Runaway (Dinamic Multimedia, 2001-2010)

Broken Sword 5

Hollywood Monsters 2 (Pendulo Studios, 2011)

A New Beginning (Daedalic Entertainment, 2010)

Y…

  • The Whispered World (Daedalic Entertainment, 2009)
  • Gray Matter (Wizarbox Spiders, 2010)
  • Tales of the Monkey Island (Telltale, 2009)
  • The Secret of Monkey Island / Monkey Island II (LucasArts, 2009)

Por otra parte, no deja de ser un poco triste que la oferta sea tan escasa… aunque, por ello, la mayoría de las propuestas que saltan al mercado son de altísima calidad. Ya te lo decían tus padres: no se puede tener todo, ¿o no?

Además, los antiguos jugadores quizá noten que la dificultad (resolución de puzzles, complejidad de los rompecabezas que el juego propone, etc.) ha decrecido notablemente o que, directamente, acogen un género totalmente cinematográfico, como Telltale Games, desarrolladora que ha creado varios juegazos en poquísimo tiempo, pero cuyo secreto, amén de una estética muy cuidada es, para mí, esa aparente libertad que, en realidad, es una linealidad (casi) total.

Esto… ¡MIRA DETRÁS DE TI, UN MONO CON TRES CABEZAS!

¡OH, DIOS! ¡Es un mono con tres cabezas!
Te lo he dicho.